Con la amarilla en el bolsillo

El tour europeo sumó otra de las carreras estratégicas a las que nos tiene acostumbrados. George Russell lideró de principio a fin el Gran Premio de Austria de F1 en lo que, sin embargo, no fue una actuación dominante.

Las primeras vueltas del domingo prometían emoción: varios despistes del líder del campeonato, Kimi Antonelli, lo obligaron a tener que remontar desde el 5° puesto. El británico de Mercedes se defendió de Charles Leclerc en la largada, como consecuencia, Lewis Hamilton se puso segundo al pasar a su compañero. Por otro lado, Max Verstappen, de gran salida y grandísimo ritmo, se metió rápidamente en la pelea.

Siempre Hamilton contra Verstappen

La carrera se estabilizó cuando Max logró sacarse de encima a un Leclerc que no se encontraba con el auto mientras Kimi empezaba a imprimir su velocidad. Más adelante, Russell gestionaba su ritmo. Todo el foco de la carrera se movió al siete veces campeón del mundo, que estaba sufriendo la degradación intensa de los neumáticos en la segunda posición y que, al mirar por el retrovisor, se encontraba con su némesis eterno, el neerlandés de Red Bull. Lo cierto es que siempre que estos dos astros se cruzan en pista demuestran estar por encima de los demás, y a la altura únicamente de sí mismos: cualquier fanático del deporte sabrá explicar que la emoción que transmite verlos pelear sobre el asfalto es irreplicable.

Y una vez más, se encontraron peleando por puntos importantes: Lewis segundo, Max tercero, Russell cerca. Vuelta tras vuelta, el heptacampeón perdía terreno, hasta que en el giro once, el neerlandés se tiró firme por el interior de la curva tres. Sin embargo, la contrarrecta le alcanzaría a Hamilton para contraatacar. Los pilotos llegaron lado a lado a la curva seis y el paralelo se mantuvo hasta la siete, cuando el número 3 se vio forzado a levantar porque el 44 lo dejó sin pista.

Un par de vueltas después se volvieron a cruzar, pero esta vez el de Red Bull actuó como en aquel año de su primer campeonato. La curva tres volvió a presenciar un divebomb de Max, la contrarrecta un contraataque de Lewis, pero esta vez fue Verstappen quien no dejó espacio en la seis, para quedarse con la posición. La batalla se vio interrumpida por las estrategias, una apuesta fallida de Ferrari dejó fuera de disputa al heptacampeón.

Mandar sin dominar

El número 63 ganó la carrera sin titubear. Kimi Antonelli fue el más rápido en pista las últimas veinte vueltas, pero los errores del principio le cobraron factura y se tuvo que conformar con el tercer puesto. Red Bull tardó en reaccionar a la parada de Mercedes y, en consecuencia, a Max no le alcanzaron los giros para batallar con el ganador, que nunca fue el más veloz en el circuito.

Sin embargo, el desempeño del domingo no es lo que le quita brillo a esta victoria británica sino lo sucedido el sábado: Russell obtuvo la pole position cometiendo una infracción de banderas amarillas que no fue sancionada.

La señal que indica bajar el ritmo y levantar fue desplegada cuando Verstappen se estrelló en la última curva del circuito. Ambos pilotos de la escudería alemana no habían pasado aún por el tercer sector, por lo tanto, es imposible que hayan cumplido la norma y, al mismo tiempo, obtenido la primera posición.

La Federación Internacional de Automovilismo (FIA) vuelve a ser irregular con sus sanciones: en Barcelona perjudicaron a Franco Colapinto, quien sí había levantado, y este sábado beneficiaron a Russell, que realizó la pole con banderas amarillas y luego ganó la carrera. Otra irregularidad en la gestión del autodenominado presidente vitalicio, Ben Sulayem.

Austria ofreció un destello de una de las mejores rivalidades de la historia del deporte. También la constante promesa de acción en pista que nunca llegó. Russell retomó el segundo puesto en el campeonato, que seguirá en Silverstone el 5 de julio.