El Robbie que quiero yo

Veinte años pasaron desde el último recital de Robbie Williams en Argentina, y el público del Movistar Arena lo sabía. El promedio de edad del público parecía rondar los cuarenta y tantos: algunos ya lo habían visto, otros nunca lo habían hecho. Pero todos estaban esperando comprobar si el popstar británico seguía siendo un experto en entretener.

El show está guiado por una premisa clara: es un homenaje al entretenimiento. Y también por una pregunta que incluso se explícita: ¿sigue Robbie siendo relevante? Lo que sí queda claro es que Williams entiende que el escenario no es solo un lugar donde cantar.

Es innegable que esta gira guarda una relación estrecha con «Better Man» (2024), la película que reconstruye su historia personal y profesional. El film, incluso, es utilizado para ilustrar algunas canciones, ligando así esta gira con la narrativa de redención que el cantante viene construyendo alrededor de sí mismo.

El espectáculo se sostiene, por supuesto, en los grandes éxitos de su carrera. «Let Me Entertain You», «Rock DJ», «Strong», «Supreme», «Better Man», «Come Undone», «Kids» y «She’s the One» son festejadas y disfrutadas, por una audiencia que las conoce muy bien.

El repertorio es apenas una parte

Es fundamental el vínculo con el público, es una parte más del show. El diálogo es constante: cuenta historias, hace chistes, juega con sus propios recuerdos y parece disfrutar de ser escuchado tanto como de escuchar. Es un reencuentro con alguien que no viste hace mucho tiempo y ahora querés mostrarle una versión renovada. Distinta, pero mejorada.

Es particular, incluso, la presentación de la banda que lo acompaña, donde cada integrante tiene su momento y la presentación se transforma en una suerte de karaoke colectivo. Cada músico interpreta fragmentos de canciones conocidas, y el viernes 2 de octubre tuvo, además, un guiño argentino: entre los temas apareció «De música ligera» de Soda Stereo.

Si hay un punto en el que el espectáculo pierde algo de fuerza es en el uso de las pantallas, como suele suceder en muchos recitales en la actualidad. Las imágenes no siempre parecen tener una función concreta. La excepción son sus fotografías más personales, pero en general lo audiovisual no aporta demasiado.

El cierre con «Feel» y «Angels”, quizás los momentos más celebrados, llega con la promesa de que no vuelva a pasar tanto tiempo. Porque más allá de la demagogia habitual de que Argentina posee al mejor público del mundo, con Robbie es cierto que hay una relación particular. Nos une el humor y la capacidad de reírnos de nosotros mismos.

Quienes estábamos ahí, de un modo u otro, crecimos con sus canciones, y hay algo reconfortante de ver bien a quien te hizo feliz. A fin de cuentas, él nos entretiene a cambio de que lo acompañemos a ser un hombre mejor.

Deja una respuesta