El concepto del «cine dentro del cine» es un destino al que parecen llegar muchos directores en un punto avanzado de sus carreras, algunos hacen un abordaje biográfico transparente, otros se escudan en la ficción para representar un recorte de su vida que puede resultar anecdótico y que puede derivar, de acuerdo al tono, en una comedia o en un drama.
El caso de Rodrigo Sorogoyen es curioso, porque es un realizador joven. Tan solo con 44 años, se anima a reflexionar en modo metadiscursivo al pensar una historia sobre un director de cine glorificado de regreso a España tras pasar un largo período en New York. Al igual que en «As bestas», el inicio es una larga escena de 18 minutos en un bar, en este caso el director Esteban Martínez (Javier Bardem) se reúne trece años después con su hija Emilia (Vicky Luengo), una actriz semiprofesional, para ofrecerle un papel en su nueva película, cuya trama gira en torno a la ocupación española en la África subsahariana.
La vuelta a un territorio conocido lo pone, al mismo tiempo, en una zona postergada que es la paternidad. Las dudas de Emilia se intensifican una vez comenzado el rodaje, en ella todavía resuenan hechos que son descriptos como violentos y que involucran a su padre en diferentes procesos de películas anteriores. Sorogoyen cae en el confort de los estereotipos al presentar a un director de mal temperamento obligado a recurrir al maltrato para superar las adversidades en un set, porque es el único camino posible hacia la genialidad.
Pocos desvíos de ese personaje visto muchas veces se presentan en el personaje compuesto por Bardem, cuyos mejores momentos se dan en las conversaciones y peleas posteriores con Emilia. Sobre ella cae el peso de ser «la hija de». Más allá de los esfuerzos de su padre por avivar con fuerza que el papel se lo ganó por mérito propio, no hay chances para ella de escapar al prejuicio generalizado.
La porosidad de los lugares y los sentimientos comunes se hace mella en este relato metadiscursivo. Estancando en los bordes de las profundidades, nunca se explora la zona ulterior de los vínculos como se promete en la larga secuencia inicial porque, si bien se deja entrever ese perfil negativo que Emilia expone sobre su padre todo lo que se espera que suceda en el set, acontece sin matices. Sorogoyen apela a una estrategia similar a la del inicio, la cual está cargada de diálogos que marcan un ritmo y un aumento gradual de la incomodidad, en este caso es la escena de la película dentro de la película en la que unos personajes solo deben decir unos diálogos simples mientras comen, algo de aparente sencillez resolutiva que se transforma en un infierno por culpa de Esteban, principalmente.
«El ser querido» deja su pie firme en el pedal de la intensidad, solo baja al llano durante un pequeño momento de distención colectiva cuando suena «La noche eterna» de Él Mató a un Policía Motorizado durante un viaje en combi que hace el equipo de filmación. Esta canción sirve para ilustrar la diferencia generacional, pero también pasional entre todos y Esteban. Es tan solo un momento y tan solo un cruce de miradas entre él y su hija y, en esa reducción, podría haber estado la película.
«El ser querido» fue escrita y dirigida por Rodrigo Sorogoyen y contó con las actuaciones de Javier Bardem, Victoria Luengo, Raúl Arévalo, Marina Foïs, Miguel Garcés, Raúl Prieto y Malena Villa.