Jonathan Demme es recordado por la tensión perturbadora de Hannibal Lecter en el “El silencio de los inocentes” (1991) y por el peso dramático de “Filadelfia” (1993). Pero mucho antes de consagrarse en Hollywood, construyó una carrera marcada por la versatilidad y una mirada profundamente personal sobre sus personajes. Su primer acercamiento a la industria comenzó de la mano de Roger Corman: primero trabajó en publicidad, luego como guionista y productor de películas de bajo presupuesto. En 1974 debutó como director con “La cárcel caliente”, una obra de explotación ambientada en una cárcel de mujeres.
Ese recorrido por el cine de bajo presupuesto fue una escuela para Demme. Su estilo se caracteriza por combinar géneros, humor, música y personajes que muchas veces buscan escapar de aquello que los limita. En “Algo salvaje” (1986), combina la comedia disparatada de carretera con elementos del thriller psicológico y construye una película que cambia de tono sin avisar.
El mismo día de su estreno en cines, el crítico Paul Attanasio resumía en The Washington Post, el comienzo de la historia con mucho dinamismo: Charlie Driggs (Jeff Daniels) es un joven ejecutivo muy formal, con una vida ordenada, pero con pequeños gestos de rebeldía. Audrey, alias “Lulu” (Melanie Griffith), una mujer alborotadora con una peluca de cabello negro al estilo de Louise Brooks, lo sorprende en uno de esos momentos y percibe un espíritu aventurero debajo de su traje y corbata. Lo engaña para que suba a su destartalado Ford, y así comienza una aventura salvaje por la carretera.
Lo que parece ser una suceso divertido y descontrolado cambia con la llegada del ex novio de Audrey, Ray Sinclair, interpretado por un joven Ray Liotta. A partir de ese momento, la obra deja la comedia romántica y se transforma en un thriller más oscuro. El cambio puede resultar desconcertante, pero es también una de las características interesantes de Demme ya que obliga al espectador a mantenerse atento de lo que ve.
Durante la primera mitad, Audrey, “Lulu”, aparece con una actitud abierta, dominadora y activa. No espera ser conquistada, sino que toma la iniciativa y moldea a Charlie a su gusto. Ella es quien conduce, decide, propone y empuja al protagonista fuera de su rutina. Charlie, en cambio, representa al hombre correcto, formal y satisfecho con una vida organizada, aunque debajo de eso exista un deseo de romper con todo.
A medida que la trama avanza, descubrimos que “Lulu” también es un disfraz porque con la aparición de Ray, la peluca negra desaparece y Audrey vuelve a su cabello rubio natural y a su verdadero nombre. Lo mismo sucede cuando visitan a su madre, Peaches (Dana Preu) donde conocemos otra versión de ella misma. En ese punto, abandona la fachada de femme fatale e irónicamente se convierte en la mujer que necesita ser rescatada pero que quiere liberarse de su pasado.
Melanie Griffith, dos años antes de alcanzar el estrellato con “Secretaria ejecutiva” (1988), brinda una de las actuaciones más interesantes de su carrera. Su interpretación le permite moverse entre distintas personalidades sin perder la identidad de Audrey. Jeff Daniels, por su parte, le da un toque simpático a ese hombre tranquilo y acostumbrado a controlar todo mientras que Ray Liotta se destaca en su debut cinematográfico como un personaje aterrador que impone su presencia y cambia el rumbo de la película dando un tono más oscuro.
El contraste entre los tres protagonistas es el corazón de la película: Audrey quiere escapar de su pasado, Charlie necesita escapar de su presente y Ray representa aquello de lo que Audrey no puede escapar.
La música también ocupa un lugar fundamental, con una banda sonora en la que participan John Cale y Laurie Anderson, una canción de apertura de David Byrne y apariciones de artistas como Sister Carol y la banda The Feelies. Demme explicó su importancia: “Usamos mucho el reggae porque parte del tema de Something Wild era como Jeff Daniels, literalmente, despierta y ve las cosas por primera vez en mucho tiempo, ya que había sido un yuppie tan cerrado y obtuso. Para mí, mostrarle a Estados Unidos un tipo de música exótica —el reggae— ayudó a vender la idea de esta nueva perspectiva”.
Cameos especiales de los directores John Sayles como un policía y John Waters como un vendedor de autos usados forman parte del universo particular que el cineasta construye alrededor del film.
“Algo salvaje” fue nominada a tres Globos de Oro: Jeff Daniels como mejor actor en comedia o musical, Melanie Griffith como mejor actriz en esa categoría y Ray Liotta como mejor actor de reparto. Demme toma un relato que podría haber sido convencional y predecible y lo transforma en una aventura que cambia de género, tono y perspectiva.