Este jueves llega a salas de cine locales «El Susurro», una coproducción entre Argentina y Uruguay dirigida por Gustavo Hernández. La película fue parte de la Competencia Oficial del Festival de Sitges, pasó por Fuera de Campo en Mar del Plata y ganó múltiples premios en el Buenos Aires Rojo Sangre (BARS), incluido el de Mejor Largometraje.
¿De qué se trata?
Una dupla de hermanos protagoniza el relato. Lucía (Ana Clara Guanco) y el pequeño Adrián (Marcelo Michinaux) llegan a una casa perdida en medio del bosque escapando de su padre, Víctor (Luciano Cáceres). Pero allí también los espera un nuevo peligro. Entre lo que los persigue y lo que les espera, la película dispersa sus elementos de tensión entre la paranoia, la violencia y algo sobrenatural.
Sería una tontería empezar a revelar más detalles de la trama, porque uno de los valores de esta película está en la forma en que se desenvuelve. Pone por delante un retrato familiar complejo en el que, claramente, Lucía se propone proteger a su hermanito a toda costa y, de a poco, explica los aspectos fantásticos que están rondando desde el principio.
Un terror decididamente nuestro
«El Susurro» hace un mix de tonos de forma muy virtuosa: tiene ternura, sobresaltos, sangre y momentos conmovedores. Se toma el tiempo que necesita para generar climas que empujan los posteriores golpes de efecto.
A grosso modo, aunque puntualmente podríamos poner de ejemplo la misma edición del BARS en la que participó, podemos ver varias películas argentinas de terror contemporáneas doblegadas ante directrices narrativas, éticas y estéticas extranjeras. Algunas pretenden que casas del Conurbano pasen por suburbios norteamericanos, otras están directamente habladas en inglés y contando historias lejanas a nuestra idiosincrasia.
También están aquellas películas que quieren cumplir con todos los tótems del subgénero elegido por encima de sus propias posibilidades de producción y narración. Si quitamos del medio los modos de producción artesanal y las condiciones económicas usualmente autogestivas, ¿qué las diferencia conceptualmente de las producciones de plataformas que despojan de identidad cultural sus películas y series, con una errónea idea de que así se universaliza? Aunque parten de puntos distintos, los resultados suelen ser amorfos y distantes, a lo sumo entretenidos.
En ese contexto conceptual, Gustavo Hernández se embarca a construir caminos y mitos propios dentro de otros universales y esto la hace, además, una película singular y orgullosa de sus rasgos rioplatenses. No casualmente detrás de su realización están las mismas compañías productoras que hicieron «Cuando acecha la maldad», otra exponente de un terror decididamente «nuestro». «El Susurro» es, entonces, una película para sentir propia.
Estudié cine y actualmente crítica de artes. Especializada en guion. Ferviente amante y divulgadora del cine argentino. Empezar de cero es cada hoja en blanco lista para escribir nuevas historias.