Las plataformas no solo compiten por el contenido que recopilan sus catálogos sino, además, por el tipo de producciones propias que son capaces de ofrecer. La pionera Netflix apuesta a las producciones propias de ficción tanto como documental, pero son estos últimos los que demuestran una tendencia en la calidad de sus narrativas y formas. Por otra parte, queda claro que el consumo es la única unidad de medida tenida en cuenta para producir contenido, comprobable cuando se renuevan temporadas para series agotadas como «La casa de papel» y se cancelan otras como «Mindhunter», que aún tenía mucho por desarrollar. En este sentido, el género true crime es parte de ambas cuestiones: por un lado tiene un público cautivo con las historias imposibles pero reales contadas en clave de suspenso o policial, según el caso, y por otra parte se encuentran dentro del espectro más afilado de Netflix, los documentales.

En el comienzo del 2021 el algoritmo recomendó con énfasis a diversos usuarios «Escena del Crimen: desaparición en el Hotel Cecil» («Crime Scene: The Vanishing at the Cecil Hotel»), una miniserie de cuatro capítulos que desanda la oscura historia de un hotel en Los Angeles a partir del caso de la desaparición y muerte de Elisa Lam.

Esta joven canadiense tenía como característica el uso activo de las redes sociales de ese momento (2013), donde compartía detalles sobre sus actividades, pensamientos y sensaciones. Este documental, así como también el caso, tiene una predominante presencia de las aristas virtuales del asunto, no solo se nutre de los posteos de Elisa Lam para pasarlas como voz en off de las burdas dramatizaciones de una chica inocente en su dormitorio rosa y naive sino que, además, se apoya en el costado que hoy llamaríamos como «la viralización del caso», y es que hubo un video publicado de las cámaras de seguridad de un ascensor del hotel que son las últimas imágenes de la joven viva y en el que se la observa con actitudes y movimientos sumamente extraños y escalofriantes según la historia que uno pueda imaginar para encontrar una explicación, y esto hicieron muchos youtubers al asumir un papel auto percibido de detectives de la red.

La serie dirigida por Joe Berlinger («Paradise Lost: The Child Murders at Robin Hood Hills») juega con su lugar de documental para presentar como verdaderas todas las líneas presentadas y generar una confusión que en ningún momento es subsanada, por ejemplo, en la decisión de dar espacio y desarrollo a la participación de los youtubers sin asumir jamás la responsabilidad de señalar los costos o daños de su intromisión vaga, inexperta e imprecisa. En el pacto tácito entre el documental y el espectador se presume que aquello que nos ofrece el true crime tiene una mayor proporción de verdad y rigurosidad contra los aportes menos ciertos o no comprobados. En este sentido, la narración se caracteriza por su desarrollo fabulador y deshonesto, que invierte las proporciones y colma de datos incorrectos o dudosos que nunca se encarga de dilucidar.

Pareciera que la premisa se podría haber desarrollado en poco más de una hora y que, por algún motivo (de imposición de la plataforma o de pretensiones propias, vaya uno a saber), se estiró por medio de la reiteración hasta cumplir con el formato de miniserie. «Escena del Crimen: Desaparición en el Hotel Cecil» no termina de tomar solidez ni como la historia de Elisa Lam ni tampoco como la historia del oscuro Hotel Cecil.

Apenas termina esta miniserie, la plataforma sugiere continuar con otra del mismo formato y género que se titula «Night Stalker: The Hunt for a Serial Killer», esta vez sobre la historia de dos policías que recuerdan en detalle la época en la que investigaron y estuvieron tras los pasos de Richard Ramírez, un asesino serial de los más brutales y sádicos que aterrorizó a Los Angeles durante largos meses. Es justo decir que trata sobre los policías más que sobre el asesino, y es que se sostiene en la historia de una pareja dispareja. Conocemos entonces a Gil Carrillo, quien en ese momento (mediados de los 80′) era un policía de patrulla que se incorporó como flamante detective de homicidios en el momento justo en el que suceden algunos crímenes sin conexión aparente. Carillo interpreta los hechos y propone la idea de que es el mismo hombre el que estaba atacando, pero nadie lo escuchó hasta que Frank Salerno, un reconocido y prestigioso investigador, decidió prestarle atención y hacerlo su compañero para trabajar juntos.

Los episodios siguen milimétricamente cada crimen y cada paso de la investigación de la forma más completa que puede, cuenta con testimonios de tres partes clave: los detectives, sobrevivientes o familias de las víctimas y la prensa (los villanos tácitos del costado mediático). Además, la miniserie presta especial atención a los detalles que le dan identidad propia, que lo hacen distinto a otros documentales del género: recreaciones digitales que aportan movimiento, música, imágenes invertidas de Los Angeles, texto en pantalla y colores, entre otros.