Con «La Mujer de la Fila», Benjamín Ávila vuelve a formar dupla con Natalia Oreiro en el rol protagónico, esta vez, para dar cuerpo a la historia de Andrea Casamento y contar su vida con algunas licencias. El film explota con la detención violenta de su hijo mayor, sin que se conozcan a ciencia cierta, en un principio, los motivos que dieron lugar a tal decisión judicial.
Es así que la protagonista se introduce en el mundo de la cárcel y de los/las familiares de los detenidos, con las largas esperas, los temores, el desconocimiento total sobre el funcionamiento de todo el sistema carcelario y el trato poco amable y contenedor de los empleados a cargo. Tal vez esta pintura se constituya en el punto más alto del film.
El realizador inserta una escena con un maravilloso testimonio grupal de las madres, esposas y parejas reales de los detenidos, a las que sabiamente mezcla con las protagonistas de ficción, intentando difuminar quién es quién, y hermanando unas a otras en un claro intento de despojar lo más posible todo intento de edulcorada ficción.
Ávila filma esa realidad que no siempre queremos ver: el contexto carcelario es descripto con un compromiso y precisión notables.
Además, «La Mujer de la Fila» se realizó sin el apoyo del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), lo que nos lleva a pensar en el tipo de productos que este organismo, que ya perdió su esencia, elige para subsidiar, y los que decididamente opta por pasar por alto.
Por su parte, Natalia Oreiro desaparece literalmente de su imagen y se funde intensa y contundentemente en la piel de Andrea.
Otro importante eslabón está dado por la aparición de la actriz chilena Amparo Noguera en el rol de «La 22», otra familiar de detenido que intenta suavizar el duro rigor carcelario a través del acompañamiento, enseñanza y afecto que prodiga a la protagonista.