Justicia por Agostina Vega

Todo comenzó la noche del sábado 23 de mayo. Según se reconstruyó en la investigación, Agostina Vega, de tan solo 14 años, salió de su casa en el barrio General Mosconi, en la provincia de Córdoba, cerca de las 22:30 horas y tomó un remís a pocos metros de su vivienda con destino al barrio Cofico, ubicado a tan solo 7 kilómetros de su casa. Antes de irse, le había dicho a su familia que iba a buscar una empanada a la rotisería de su abuelo.

El viaje terminó en la esquina de Juan del Campillo y Fragueiro. Allí la esperaba Claudio Barrelier, un hombre de 33 años, conocido de la familia. Agostina no fue a ninguna rotisería. De acuerdo con el relato del remisero, Ariel, fue él quien pagó el traslado de la adolescente al llegar al lugar.

El hombre se comportaba de manera extraña y no hizo contacto visual con el chofer. Agostina, sin embargo, iba contenta durante el viaje y hablando con sus amigas por teléfono, porque creía que el verdadero motivo de ese encuentro, según las conversaciones que había mantenido con este hombre, era conseguirle un gran regalo a su mamá, expareja de Barrelier.

La investigación siguió avanzando e, incluso, se activó la Alerta Sofía, el protocolo que busca proteger de manera urgente a niños, niñas y adolescentes desaparecidos y en riesgo de vida. Las cámaras de seguridad del lugar registraron a Agostina ingresando a una vivienda ubicada sobre Juan del Campillo al 800, domicilio de Barrelier. Sin embargo, él negó que se tratara de la adolescente. Su relato repetía una y otra vez que la persona que aparecía en las imágenes era su hija y que allí vivía con ella y su pareja. Esa grabación se convirtió rápidamente en una de las pruebas más importantes del expediente.

Durante los primeros días de la investigación, el acusado sostuvo distintas versiones. Primero aseguró que la joven que aparecía en los videos era su hija de 11 años y no Agostina. Más tarde, afirmó que la adolescente le había pedido ayuda para encontrarse con un amigo y que luego la había visto subir a un auto rojo, ya que él no podía llevarla. Con el correr de los días, esa hipótesis perdió fuerza y terminó prácticamente descartada por los investigadores.

Mientras tanto, familiares, amigos y vecinos comenzaron una intensa búsqueda. La causa tomó mayor dimensión cuando se realizaron allanamientos en la vivienda del sospechoso y los investigadores lograron acceder a distintos elementos de su vida privada. Este hombre ya contaba con antecedentes penales relacionados con la privación ilegítima de la libertad. La investigación también reveló un dato clave: el teléfono celular de la adolescente permaneció durante aproximadamente tres horas en la casa de Barrelier antes de dejar de emitir señal.

Lo más inquietante del caso fue que nunca apareció un video de Agostina saliendo del domicilio de Barrelier. No existe ningún registro que la muestre abandonando esa vivienda.

Con el avance de las pericias y los análisis de cámaras, la fiscalía ordenó nuevos procedimientos y rastrillajes en distintos puntos de Córdoba. Una de las pistas condujo a un descampado ubicado en barrio Ampliación Ferreyra, al sur de la capital provincial. Allí trabajaron más de 200 efectivos, drones, helicópteros y perros rastreadores.

Finalmente, el sábado 30 de mayo, una semana después de su desaparición, los equipos de búsqueda encontraron rastros que permitieron hallar el cuerpo de Agostina en ese sector. El hallazgo confirmó el peor desenlace posible para una causa que durante toda la semana mantuvo en vilo a Córdoba y al resto del país.

Las pericias determinaron que la muerte ocurrió durante la madrugada del domingo, antes de que la madre de Agostina pudiera realizar la denuncia. La presentación fue hecha el domingo a primera hora, mientras que la Alerta Sofía fue activada recién el martes.

Ahora la investigación se concentra en determinar cómo ocurrió el crimen, si hubo más personas involucradas y cuál fue el móvil. Mientras tanto, la familia de Agostina exige respuestas y justicia por la adolescente de 14 años cuya desaparición y muerte volvieron a poner en evidencia la gravedad de la violencia contra niñas, niños y adolescentes.

Agostina tenía apenas 14 años, una familia que la esperaba en casa y toda una vida por delante. Su caso no puede convertirse en una estadística más ni quedar reducido a un expediente judicial. Hoy el pedido es uno solo, que se conozca toda la verdad y que cada responsable responda ante la Justicia. Porque una adolescente que salió de su casa y nunca volvió no puede ser una noticia más. Verdad, memoria y justicia para Agostina Vega.