Era domingo a la noche en la Ciudad de Buenos Aires, pero eso no impidió salir a disfrutar de una obra a pura emoción y altamente prometedora. Se trata de «La Princesa Rusa», dirigida por Julieta Abriola, quien logró abrazarnos desde el comienzo del espectáculo y durante más de una hora sin cesar.

Mucho se puede decir de esta maravilla de la literatura interpretada por seis artistas que brindaron por un ratito su corazón mientras actuaban.

Lo primero y primordial es cómo estos seis personajes logran dejar una huella de amor en cada uno de los espectadores. Ellos con sus miedos, sus soledades, sus dudas, sus conflictos internos y sus ganas de salir de ahí, de ser más libres, más inmensos, como el mar que, calmo pero presente, custodia celosamente el hostal de María, su dueña, que alberga no solo a los visitantes sino, también, hace sentir parte al espectador que, quiérase o no, terminará por completar la historia, acompañado por la penetrante pero calma sonoridad que cada tanto viene a traernos recuerdos para dejarnos livianos el alma.

Luego es para destacar la escenografía, puesta en escena, luces y sonidos que hacen una obra perfecta. Esas luces, que transportan a momentos muy definidos de mañana, atardecer y noche sobre el mar. Es todo un viaje.

Sobre la obra

Francisco visita por su cumpleaños a María, su madre, en el hostal frente al mar donde ella vive, refugio de escritores que buscan tranquilidad. Trae consigo una nueva vida y encuentra todo lo que alguna vez fue y pudo haber sido. Durante ese fin de semana de calor junto al sonido constante del mar, los deseos del pasado, el presente y el futuro se entremezclan y, como una ola que rompe, dejan sobre la orilla fragmentos que aún no logramos comprender.

Una obra sobre la necesidad de escribir y de que nos lean. Sobre lo que nos atraviesa el cuerpo y no entendemos. Sobre el deseo y su imposibilidad.

Sobre la directora de la obra

En un estado puro de emoción y compromiso, nos acercamos para entrevistar a la gestora de esta caricia al alma que solo el arte puede dar. Esto nos respondía Julieta Abriola.

Es fácil sentirse interpelado por cada personaje, ¿verdad?

“Sí, la verdad que sí. A mí me pasa que toda la obra en sí me conmueve. Me pasa que el mundo en general de lo que habla me toca más allá de que pueda identificarme. Me mueve lo que les pasa a ellos con su deseo. Es el lugar en el que llegan acá y abren algo de lo que les pasa que lo traían ‘apretado’ de la ciudad (o de su interior). El hostal es un lugar que se habilita para que ellos se puedan ‘abrir’.»

Dado el vínculo que ustedes tienen entre sí: ¿abrieron sus miedos y soledades?

“Sí, sí. Eso sí, eso seguro (se ríe). Mismo entre los personajes. Son como esos vínculos que uno puede reconocer en su propia familia o pareja.”

¿Se dio o armaste estas “seis lanzas” (estos seis personajes) que van directo al espectador?

De cualquier forma, ¿te imaginaste la repercusión emocional?

“No, la verdad que no. Solo me conmovía la obra y me daba cuenta en los ensayos que ‘algo pasaba’ en la obra. Con la escenógrafa, con los músicos, como si todos entraran en sintonía con la obra y a la vez. Todos generaron una sinergia parecida. Mismo con el vestuario también. Y tenía la duda si me pasaría solo a mí o también al que viene. Sí le dejo algo abierto -al espectador- para que ‘le pase’, pero no es buscado.”

Respecto a la musicalidad, con esas notas de guitarra tan particulares, ¿las buscaste?

“Bueno, Maxi Rodas es un músico de una sensibilidad enorme y trabaja mucho respirando lo que se vibra en el proceso de creación, que lo hacemos juntos. Él respira lo que los cuerpos están haciendo y, a partir de ahí, compone y profundiza lo que vive.”

Hablando de componer: dejás abierto el juego para que el espectador termine de completar la obra junto a los actores en esos silencios que tan claramente marcan.

“Tal cual. Para que reboten. Dejo que el espectador pueda entrar por donde quiera. Me gusta ahuecar. Dejar esos agujeros en la trama. Que nada sea tan cerrado. Pero ahí el espectador ‘descansa’ sobre algo terminado. Y yo lo que intento es que lo que se cuenta sea lo que cada espectador transita. Siento que nace una obra en cada público. Que el público respire.”

Quien desee pasar por la experiencia de la emoción y del sentir, puede encontrar la obra en Teatro del Pueblo, Lavalle 3636, las entradas por Alternativateatral o la página del teatro. Además, les podés seguir en Instagram: @laprincesarusa.obra.