Una banda ofrece tratamientos que quita las facultades mentales sin dejar rastros y que le otorga la responsabilidad de ese deterioro cognitivo a un virus raro que está dando vueltas. Quienes piden este servicio son familiares y parejas con una pretensión de tener un control absoluto y perverso de los terceros en cuestión.
A pesar del horror de la idea, existen códigos y reglas que los delincuentes deben cumplir para sostener esta dinámica clandestina. El quiebre de cierta rutina se da cuando el personaje de Cecilia Marani empieza a elevar su disconformidad por una retribución económica que considera insuficiente en cuanto a la proporción de su trabajo, el cual le representa un riesgo. La madre de su compañero de «trabajo» es la que maneja el negocio, por lo tanto, es la que funciona de mediadora entre los clientes y los que llevan a cabo el trabajo para filtrar casos sospechosos.
«Los bobos» es una extensión de «Estertor», el opus anterior de la pareja Sofía Jallinsky y Juan Basovih-Marinaro, porque se profundiza aún más esa combinación letal entre la tonalidad de las películas de Todd Solonz y las ideas formales de John Cassavetes que aparece desde la ópera prima de ambos.
El humor negro es la punta de lanza para atravesar la podredumbre de un contexto inundado de personajes miserables, desde aquellos que ejercen un mal hasta los que padecen algún tipo de humillación. La cámara que asfixia con primeros planos desde encuadres levemente picados evoca al director de «Torrentes de amor». De la misma manera que en las películas anteriores, el dinero emerge a modo de conflicto dentro de los micro mundos de poder que se plantean, porque el retrato de una crueldad no está puesto sobre el lente de una realidad urgente sino que la miseria está aquí en hombres y mujeres con un mínimo atisbo de control sobre otros. El cuarteto integrado por Sebastián Romero Monachesi, Liliana Weimer, Verónica Gerez y la mencionada Marani es la piedra angular con sus interpretaciones para alcanzar la cualidad tonal en su punto justo, la arista actoral es otra de las características más destacadas de estos directores.
Otras conexiones posibles que se desprenden en la película permiten advertir que el humor negro, nutrido de un carácter perturbador, puede ser una manera novedosa de pensar un pasado oscuro que todavía se percibe como reciente. La dictadura cívico militar no tuvo una representación en el espectro de la comedia ni mucho menos se atrevió el cine nacional a llegar al límite de una incomodidad extrema. Aunque no se trate de manera lineal sobre ese periodo, es inevitable pensar en que el tratamiento con la máquina de electroshock que le aplican a los «pacientes» existe una correlación con las torturas y tormentos empleados por los genocidas.
«Los bobos» es un decreto de necesidad y urgencia para un cine argentino atacado por muchos frentes en estos últimos años, pero la imposibilidad de crear historias en un tono más oscuro e irritante sobre temas sensibles está arrastrada desde hace muchas décadas, es un deseo ferviente que la aparición de esta dupla directora sea un comienzo para tapar ese bache.
«Los bobos» de Sofía Jallinsky y Juan Basovih-Marinaro contó con las actuaciones de Sebastián Romero Monachesi, Cecilia Marani, Liliana Weimer, Verónica Gerez y Fiona Gollob.