Se suele decir que Hollywood se está quedando sin ideas y, a veces, parece ser cierto. En los últimos años, los reboots y remakes llenaron horas de la pantalla grande y los servicios de streaming. Y en esa vorágine volvieron Carrie Bradshaw (Sarah Jessica Parker) y sus aventuras en New York.
Estrenada en 2021, «And Just Like That…» retomaba la vida de la escritora, justo donde había quedado después de las películas. Porque sí, esta serie no fue el primer intento de prolongar aquello que había sido tan exitoso.
La serie original, «Sexo en la ciudad», emitida de 1998 a 2004, fue un verdadero fenómeno. La primera gran antiheroína de la televisión, interpretada por Parker, que con sus tacos y tutús recorría la ciudad con sus amigas, las icónicas Samantha (Kim Cattrall), Miranda (Cynthia Nixon) y Charlotte (Kristin Davis), teniendo encuentros sexuales, a veces amorosos y muchas otras no tanto.
Carrie fue el ícono de varias generaciones: no era el prototipo de mujer que estábamos acostumbrados a ver. Ella vivía su vida, llena de hedonismo y placeres, no cumplía con los mandatos de género habituales, muchas veces era una gran amiga, y otras no tanto. Era una treintañera libre, que buscaba su lugar, y así la aprendimos a querer.
La serie tuvo un final feliz. Pero no fue suficiente: le siguieron dos películas (2008 y 2010) que dieron una conclusión al romance de la protagonista con Mr. Big (Chris Noth), su casamiento y una opulenta vida. Porque si algo nos mostró esta serie, es que los lujos existían. Ninguno de los dos largometrajes tuvo grandes críticas, aunque sí éxito comercial. Y quizás ello haya llevado a pensar que había un interés del público en seguir viendo la vida de estas mujeres.
Es en este contexto que llegó «And Just Like That…». Con el anuncio del regreso, los problemas personales (la pelea de Cattrall y Parker, un drama sin aparente resolución) ya dejaban entrever dudas sobre lo que podría resultar de este proyecto. Lo mismo ocurría con Michael Patrick King, director y guionista: ¿qué podría este señor contarnos ahora, si ya en los últimos años de la serie se había quedado corto? Bueno, el resultado fue, por no decir más, confuso.
En primer lugar, debemos recordar que en 2021 la falta de diversidad era motivo de denuncia pública, y la serie original no había tenido mucha. Así que, en este regreso, intentaron paliarlo yéndose al otro extremo. Pero los modos de incluirlo eran errados o no parecían tener demasiado sentido. La falta de Samantha produjo la necesidad de nuevas amigas que colaboraron con suplir la diversidad, pero que tuvieron tramas incoherentes y, sobre todo, no generaron interés en la audiencia.
Después, aparece uno de los más grandes problemas: es muy difícil empatizar con estas mujeres riquísimas, que tienen chofer propio, trabajan porque están aburridas y sus grandes «dramas» son las peleas de su perro o la contratación del coach universitario de sus hijas. Siempre fue consumista la serie, sí, pero se volvió intolerable en el mundo actual.
Por otro lado, el derrotero de los personajes originales adquirió rumbos inconsistentes. Y ese, quizás, haya sido el problema. Carrie y sus amigas fueron un role model para muchas: ser mujer era mucho más que casarse o convertirse en madre. Era posible serlo y tener una vida sexual plena o elegir hacer foco en la carrera. Y, si bien en la serie todas terminaban encontrando el amor (repito: King le terminó haciendo muy poco bien a la serie creada por Darren Starr), lo que primaba era otra cosa: era la amistad.
Pero eso dejó de importar
«And Just Like That…» no pudo o no supo recuperar el espíritu de «Sexo en la ciudad», donde alcanza con la pertenencia a una familia elegida. De los personajes originales quedó la cáscara, lo superficial, pero perdieron la esencia.
Miranda pasó de ser una abogada exitosa y segura de sí a un personaje llevado hacia situaciones que buscaban mostrar su vulnerabilidad y nuevos rumbos. Sin embargo, el resultado terminó siendo un chiste con vivencias cada vez más ridículas, que hacen que su deriva sea la más penosa. La trama de Charlotte es la de una ama de casa desesperada, más triste que cómica. Y, al quedarse viuda, Carrie parece volver a empezar todo otra vez, porque lo único que parecería importar es tener un hombre cerca.
En el episodio final, Carrie vuelve a aprender algo que ya sabía desde mucho antes de su final feliz con Big: «La relación más emocionante, desafiante e importante de todas es la que tienes contigo misma». Quizás nos quede la relación que tuvimos con la serie: fuésemos más o menos fans, estos personajes nos permitieron ver mujeres deseantes y tridimensionales en pantalla.
Carrie merecía un final más digno, pero el paso del tiempo es implacable para todos, incluso, para los personajes. La vamos a extrañar (la cultura del hate watching merece un párrafo aparte), pero poder decir adiós es crecer.
Artículo elaborado para puntocero por Laura Díaz.
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