Seis hombres y seis mujeres ciegas se han quedado a la deriva en una isla. Fueron llevados por un sacerdote del asilo donde se alojaban, pero el religioso ha desaparecido y ninguno sabe dónde está. Pronto descubren que ha muerto y se encuentra entre ellos. La desesperación y el miedo se apoderan de los no videntes y cada sonido o movimiento se convierte en una amenaza.

¿Qué hacer cuando quedamos a la deriva, esperando ser rescatados y nadie llega? ¿Se puede mantener la calma? ¿De dónde sacar las fuerzas para sobrevivir y seguir adelante? Los personajes rezan, dialogan, gritan y, ya sumergidos en el pánico, intentan consolarse y mantener las esperanzas. Reflexionan sobre Dios, la vida y la muerte. ¿Dios habrá muerto?

Esta situación queda plasmada en “Los Ciegos”, escrita por Maurice Maeterlinck en 1890, y se estrenó un año después en París, en el Théatre d’Art. Desde entonces viajó por los teatros de todo el mundo. En esta oportunidad se la puede ver en Buenos Aires en Hasta Trilce, un pintoresco teatro ubicado en el barrio de Almagro.

En esta puesta en escena los personajes visten túnicas marrones, se encuentran rodeados de árboles y hojas secas, alumbrados por una tenue luz que recrea un ambiente intimista.

La ausencia de la vista es lo que desencadena el conflicto que los hace sentir vulnerables y frágiles, pero también cobra importancia el resto de los sentidos como el tacto, el olfato y el oído, que gracias a estos sacan conclusiones, a veces erróneas, relacionadas con el tiempo y el espacio.

Lo novedoso de esta adaptación es la sensualidad que aparece en algunas escenas: un grupo de mujeres, guiadas por la angustia y el desconsuelo, desnudan sus pechos, se besan y acarician apasionadamente entre ellas. Si nos detenemos en esos instantes y nos olvidamos del texto, podemos apreciar un cuadro de Pedro Pablo Rubens que toma vida.

Podés ver esta novedosa representación, dirigida por Nayi Awada y Tomás Bradley, en Maza 177, Teatro Hasta Trilce, los viernes a las 21 horas. No te la pierdas.

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