Finalmente, tras las idas y vueltas de los últimos días, el Senado brasileño decidió la suerte de la presidente Dilma Rousseff. Tras una votación que arrojó 55 votos afirmativos contra 22 negativos sobre un plenario de 81 senadores, Rousseff será reemplazada durante 180 días por quien era su vicepresidente, Michel Temer. El inicio del juicio político ya había sido aprobado en abril por más de los dos tercios necesarios de la Cámara de Diputados (367 de 513 legisladores).
La mandataria está acusada de haber cometido un «delito de responsabilidad» al maquillar las cuentas públicas para ocultar el déficit presupuestario. La manipulación de resultados contables del Gobierno y la apertura de créditos extraordinarios sin solicitar permiso al Congreso violan la Ley de Responsabilidad Fiscal.
Rousseff acusó a Temer de orquestar un golpe en su contra y argumentó que las acusaciones que pesan sobre ella son las mismas prácticas que efectuaron gobernantes que la precedieron y que hoy son opositores. Otro hecho que afectó su imagen y contribuyó a su desgaste es el denominado «Petrolao»,  un gigantesco megafraude descubierto hace dos años en la estatal Petrobras, que implica a muchos dirigentes del partido de los Trabajadores (PT) y de agrupaciones aliadas pese que Dilma no es objeto de ninguna investigación o acusación por corrupción.
Con el alejamiento de Rousseff termina un lapso de 13 años de gobierno del PT y deja el cargo con un 10% de popularidad, en medio de una grave recesión económica y un escándalo de corrupción que ha afectado a buena parte de la élite del poder en Brasilia. Para preparar su defensa, la suspendida Presidente se recluirá en el Palacio de la Alborada, la residencia oficial. De esta forma intentará evitar su destitución. Para el mes de septiembre tendrá lugar la sesión donde se realizará la votación que decidirá el futuro político definitivo de Dilma.
Durante su discurso en la Cámara Alta, José Serra, del Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), remarcó que «el impeachment no es la solución de los problemas de Brasil. Que nadie tenga ilusión, es el comienzo del comienzo».

«Esto es un golpe»

Tras recibir la notificación de la suspensión, Dilma Rousseff pronunció un discurso ante sus seguidores en el Palacio del Planalto. Rodeada de su gabinete, funcionarios y dirigentes de organizaciones sociales, la Presidente llamó a movilizarse contra lo que calificó «un golpe en su contra». Además, la mandataria sostuvo que «a los que se oponen al golpe, sean del partido que sean, les hago un llamado: manténganse movilizados, unidos y en paz».
«Fui electa presidente por 54 millones de brasileños, lo que está en juego es el respeto a la voluntad del pueblo y la Constitución, las conquistas de los últimos 13 años, la valorización del salario mínimo, el futuro del país, la oportunidad de seguir avanzando», amplió. Al referirse al proceso de juicio político, Rousseff sostuvo que es «fraudulento, un verdadero golpe, un proceso injusto contra una persona honesta e inocente» y afirmó que la oposición «conspiró para tomar por la fuerza lo que no conquistó en las urnas. Forzaron un ambiente propicio para el golpe».
«No existe injusticia más devastadora que condenar a un inocente. Hice lo que la ley me autorizaba. Fueron actos legales, correctos y necesarios, actos de gobierno, al igual que lo hicieron los anteriores presidentes. No era delito antes y tampoco ahora. Jamás en una democracia un gobierno puede ser interrumpido a causa de actos legítimos», argumentó la mandataria sobre las acusaciones en su contra.
Asimismo, Rousseff señaló que «este es un momento decisivo para la democracia» de su país a causa de «la venganza» perpetrada por el expresidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, quien promovió el impeachment luego de que «se le negaran beneficios» por ser aliado político. «Traición e injusticia son las dos más terribles palabra que recaen en una persona. Y este es un momento en que las fuerzas de la injusticia y la traición están sueltas por ahí», expresó la Presidente.
Finalmente, Rousseff manifestó que tiene la fuerza necesaria para defenderse y afirmó que «el pueblo sabrá decir no al golpe. Manténganse movilizados, unidos y en paz. La lucha contra el golpe será larga, pero vamos a vencer».

Pidiendo confianza

En sus primeras palabras como mandatario y tras tomar juramento a los ministros de su gabinete, Michel Temer sostuvo que es necesario «tener confianza en la democracia brasileña» y en «la recuperación de la economía nacional, en los potenciales del país y en sus instituciones sociales y políticas». Para lograr ese objetivo Temer convocó a los «partidos políticos, liderazgos, entidades organizadas, al pueblo brasileño, para sacar al país de esta gran crisis».
En lo que hace a anuncios, el Presidente aseguró que no recortará los planes sociales del gobierno de Dilma Rousseff. «Ninguna reforma alterará los derechos adquiridos». También señaló que la política económica a seguir permitirá hacer crecer la economía y alentar las inversiones para disminuir la inflación y el desempleo.
Por otra parte, señaló que trabajará para que Brasil sea un país federal «de verdad» y «no artificial, como sucede en la actualidad». Al respecto sostuvo que tiene un objetivo claro para lograr las transformaciones del país: sostenibilidad, inversión privada y creación de empleos.