Comenzó la edición online del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata y en su primer día pudimos ver «Isabella», la nueva película de Matías Piñeiro. Este largometraje se encuentra dentro de la Competencia Internacional y es la quinta entrega de una serie de películas que desarrolla el director desde hace diez años sobre los roles femeninos en las comedias de William Shakespeare.

Un paisaje púrpura apastelado nos introduce al ritual de las doce piedras, donde una persona con una incertidumbre muy fuerte resuelve su suerte tirándolas al agua. Cada piedra es una oportunidad de dudar, si logra arrojarlas todas esa decisión debe ser ejecutada. Mariel (María Villar, siempre María Villar) es una mujer que dice que quiere ser actriz, ensaya y audiciona a la Isabella de «Medida por medida» de Shakespeare. En el proceso se encuentra, ¿fortuitamente? con Luciana (Agustina Muñoz con un carácter imponente incluso en la simpleza), Luciana ya fue elegida para ser Isabella pero se bajó de la obra y no llegó a interpretarla. Ahora ayuda a Mariel a ensayar.

La lógica temporal se ordena en distintos momentos de Mariel: antes de su embarazo, durante y después podríamos señalar vagamente, también entre Córdoba y Buenos Aires. A medida que avanza la película lo que se ordena es qué hechos marcaron cada estadío, siempre alrededor de Mariel y los rasgos de Isabella en ella, pero también en su vínculo con Luciana y cómo en una dinámica que se presenta como colaborativa se manejan tensiones muy existenciales para Mariel respecto de su destino cercano. Hay también una retroalimentación intertextual que se da entre los elementos que la diégesis desdobla entre las cosas que suceden en la vida de Mariel respecto de lo que sucede en la obra «Medida por medida». En un punto inicial todo está más mezclado y hacia el final hay una claridad dilucidada de cómo las líneas se relacionan entre sí.

Toda esta maravilla sucede dentro de unos espacios espectacularmente fotografiados por Fernando Lockett, tanto que en algunos momentos las intensidades y colores de la luz se modifican según el lugar donde se ubiquen los personajes y a medida que se desplazan. Una verdadera locura que hace extrañar la experiencia inmersiva de una pantalla grande en una sala oscurecida por completo.