«Todo sobre mi madre» y la consolidación del estilo Almodóvar

Cuando hablamos de uno de los cineastas más trascendentales de la actualidad, como es Pedro Almodóvar, es interesante detenernos en el contexto histórico, social y cultural desde donde surge este director. Tras casi cuarenta años de régimen autoritario de Francisco Franco, recién con la muerte del dictador España comenzó, progresivamente, un proceso de cambio y modernización. En relación al cine, el país venía de un largo período de censura cinematográfica, donde se prohibía todo contenido político, religioso y sobre todo sexual.

Es en este período donde surge el fenómeno conocido como “El Destape”, donde se incluyen contenidos políticos y religiosos en las películas, pero en lo que más foco hacían estos cineastas, por demanda del público, era en mostrar desnudos femeninos. Pronto y por diversos motivos, la audiencia se cansó de estos films con un enfoque muy comercial y superficial, y comenzaban a surgir directores interesados por un cine más artístico y contracultural. Es en este marco, en la década de los 80’, que surgen autores como Pedro Almodóvar, Fernando Trueba, Iván Zulueta, Bigas Luna, entre otros. La primera película de Almodóvar, «Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón» (1980) se la considera clave de “La Movida Madrileña”, movimiento contracultural que se caracterizó por un estilo más artístico, creativo y experimental, y que se vinculaba con el arte, la fotografía, el cine, la música.

La etapa inicial del cine de Pedro Almodóvar la podemos caracterizar por películas de bajo presupuesto, un estilo caótico, provocativo y donde el cineasta se tomaba más libertades en relación a lo técnico. Ubicamos aquí films como la ya mencionada «Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón» (1980), “Laberinto de Pasiones” (1982) o “Entre Tinieblas” (1983).

Ya en un segundo período, hacia mediados de los 80’ y principios de los 90’, Almodóvar da el salto y se consagra como un artista internacional, ya con una técnica más profesional, y una impronta estilística que se va ir definiendo cada vez más y quedará marcado como su sello personal. Aquí aparecen películas como “Mujeres al borde de un ataque de nervios” (1988), “¡Átame!” (1989), “Tacones lejanos” (1991).

Y, finalmente, pasamos a la etapa que nos compete, y es la de mediados de los 90’ y principios del 2000, donde podemos ubicar un período de cine más emocional, melodramático, y de mayor madurez y prestigio internacional. Nos referimos a películas como “La flor de mi secreto” (1995), “Todo sobre mi madre” (1999), “Hable con Ella” (2002).

La película que desarrollaremos a continuación, “Todo sobre mi madre” (1999), le valió a Almodóvar múltiples premios, incluido el Oscar a mejor película de habla no inglesa, por lo que se la podría considerar, internacionalmente, como el film más prestigioso del artista. Escrita y dirigida por Pedro Almodóvar, el reparto de la película incluye a Cecilia Roth, como protagonista, seguida de Marisa Paredes, Candela Peña, Antonia San Juan, Penélope Cruz y Rosa María Sardà. La sinopsis gira en torno al viaje que emprende Manuela desde Madrid a Barcelona, tras la trágica muerte de su hijo adolescente, en busca del padre del joven, una figura ausente de su pasado y que su hijo había expresado querer conocer. En este recorrido, la protagonista entrará en contacto con un grupo de mujeres particulares: una actriz consagrada, una joven monja embarazada y una trabajadora sexual, con las que entablará lazos afectivos desde sus propios márgenes.

Esta película se la incluye en el denominado nuevo “Cine Queer” surgido en la década de los 90’ principalmente en Estados Unidos, y una de sus características es que rompe con varios estereotipos que se tenían sobre la comunidad actualmente denominada LGBTQ+. Si bien Almodóvar siempre tuvo una preponderancia por personajes gays, lesbianas, trans, en sus films, en “Todo sobre mi Madre” se lo aborda con un tono un poco más serio, y posee un gran bagaje temático como la maternidad, el duelo, la diversidad sexual e identidad de género, el VIH, la sororidad.

Son muchas las escenas icónicas de este film, claramente producto de una fina y sutil dirección, que nos muestran a un Almodóvar más técnico y detallista que nunca hasta ese momento. La escena de Cecilia Roth parada en la vereda bajo el cartel de la obra de teatro con la cara de Marisa Paredes ya es todo un clásico. El uso de los colores intensos con fuertes contrastes, otro sello del autor, está exacerbado aquí y le da a toda la obra una belleza absoluta. Al personaje de Roth siempre la vemos de rojo, vinculado a todos los cambios emocionales que transita durante la película. De hecho, a las cuatro mujeres principales, Manuela, Agrado, Huma Rojo y Rosa las vemos utilizar el color rojo en su vestimenta, coincidiendo en que son personas rotas, que transitan momentos difíciles pero que encuentran en su compañía mutua una salida.

Es difícil encontrar aspectos que no sean positivos en esta obra. La película cuenta con grandes actuaciones de todos sus personajes, una dirección descomunal, una bella fotografía y un ritmo que la vuelve ágil y entretenida. La marca que dejó en la comunidad LGBTQ+ “Todo sobre mi madre” es muy significativa, como la escena de Antonia San Juan, que interpreta a una persona trans llamada Agrado, quien realiza un monólogo improvisado en un teatro tras la suspensión de la obra de Huma, a la que el público había asistido. Agrado termina su discurso diciendo “Una es más auténtica cuanto más se parece a lo que ha soñado de sí misma”, siendo una gran reflexión sobre la identidad y como puede ser esta una construcción personal.

Sin duda, en esta etapa Pedro Almodóvar estaba en un punto muy alto de su carrera, en donde se lo ve perfectamente cómodo a nivel técnico como cineasta, y también con una impronta ya muy marcada y construida de lo que será su estilo propio.