«Wyatt Earp»: el resto son solo extraños

El western es, quizá, el género más cinematográfico de la historia del cine. Un mito, una leyenda o algún hecho aislado pueden marcar el puntapié para plasmar en pantalla múltiples conflictos o enfrentamientos en el lejano o llamado salvaje Oeste. Las películas de “cowboys” tuvieron su época dorada entre la década de 1930 y fines de los 60, apadrinadas por cineastas clásicos como John Ford, Anthony Mann, Howard Hawks y Raoul Walsh, por mencionar algunos. En la década de 1960 fue un género súper explorado y explotado en Europa bajo el ala de Sergio Leone o Sergio Corbucci, referentes del llamado “Spaghetti Western”, con estrellas como Clint Eastwood o Franco Nero.

Hubo un renacer en 1992, cuando Clint Eastwood se consagró con su western crepuscular, esa obra maestra absoluta de nombre “Los imperdonables” (1992), y entonces el género pareció reafirmar su jerarquía por segunda vez, luego de la consagración en 1990 de “Danza con lobos”, dirigida y protagonizada por Kevin Costner, quien también protagoniza “Wyatt Earp” (1994), de Lawrence Kasdan. La primera incursión de Kasdan en el género fue con “Silverado”, en 1985, película en cuyo reparto también se encontraba Costner, compartiendo escena con Scott Glenn, Kevin Kline y Danny Glover. Este western, de carácter más amable y menos sombrío que “Wyatt Earp”, cosechó un fiel grupo de fanáticos del género y se valoró su intento de revitalizar un género que, en la década de los 80, se encontraba bastante relegado, con excepción de “El jinete pálido” —Eastwood dando cátedra de buen cine—.

“Wyatt Earp” propone una versión sombría, oscura y melancólica de la vida del legendario sheriff. Se toma su tiempo para contar la historia de Wyatt desde su adolescencia hasta sus últimos años, comenzando con una breve introducción a lo que sería el tiroteo más famoso de la historia del lejano Oeste: el ocurrido en el O.K. Corral entre los hermanos Earp y Doc Holliday contra un grupo de malvivientes que asolaban el pueblo de Tombstone. El mismo conflicto fue representado en la película homónima, estrenada en 1993 y dirigida por George P. Cosmatos. Un díptico interesante si queremos ver dos versiones bastante diferentes de un mismo conflicto.

La visión de Kasdan se reserva momentos de violencia extrema. Incluso cuenta con una duración de más de tres horas, durante las cuales explora los conflictos morales y personales que llevaron a Wyatt Earp a convertirse en la figura de autoridad que fue, aunque sin omitir situaciones de carácter bastante discutible. Más que nada por su frialdad, la forma de impartir justicia y su trato hacia las esposas de sus hermanos. Si bien el relato se basa en el legendario pistolero, también profundiza en el impacto de sus relaciones sentimentales y en la figura de autoridad de su padre, no por eso menos importante: Gene Hackman en la piel de Nicholas Earp, padre de Wyatt.

Otra cosa para señalar es que Kasdan no dedica demasiado tiempo a desarrollar la evolución de la amistad entre Wyatt Earp y Doc Holliday —un jugador, pistolero y antiguo dentista que pasó a la historia, más que nada, por su inseparable amistad con Wyatt—. En cambio, asume ese vínculo y lo desarrolla como una relación de lealtad pura, fraternal, convirtiéndolo en uno de los ejes emocionales más importantes de la película. Holliday es interpretado magistralmente por Dennis Quaid, aunque es imposible no destacar la interpretación de Val Kilmer, quien también personifica al personaje en la ya mencionada película “Tombstone”.

“Wyatt Earp” posiblemente no sea de los primeros títulos en aparecer en las listas de los mejores westerns de la historia. Incluso, cuando se trata de abordar la figura del legendario sheriff y el famoso tiroteo en el O.K. Corral, es difícil competir con películas como la maravillosa “Pasión de los fuertes” (1946), de John Ford, o con otros títulos emblemáticos que ayudaron a construir la mitología del género. La película de Kasdan quedó, de alguna manera, relegada frente a esos grandes clásicos e incluso frente a otras aproximaciones a la misma historia. Sin embargo, el paso del tiempo permite mirarla desde otro lugar. Su tono melancólico, la construcción de un protagonista mucho menos heroico de lo habitual, su extraordinario reparto y la decisión de tomarse más de tres horas para recorrer buena parte de la vida de Wyatt Earp son valores suficientes para considerarla una película que merece ser revisitada y, por qué no, reivindicada.

En la actualidad, lo que más se destaca de “Wyatt Earp”, por más que haya sido algo cuestionado en su momento, es la audacia de Kasdan a la hora de desarrollar la historia en términos de duración. Algunos personajes están mejor logrados que otros, pero eso no le resta mérito a la construcción de un relato en general sólido, respaldado además por una de las mejores actuaciones de Kevin Costner, muy comprometido con su papel y con el género en sí mismo. Costner es, quizá, uno de los últimos grandes referentes del western moderno, aun cuando no haya podido cosechar el éxito esperado con su última y ambiciosa apuesta, “Horizon: Una saga americana” (2024).

El western ya no ocupa el lugar privilegiado que alguna vez tuvo dentro de la industria, pero sigue siendo un género al que el cine regresa de vez en cuando. Si hay algún director en la actualidad capaz de despertar una enorme atención cuando decide acercarse a él, ese es Quentin Tarantino, quien cosechó un enorme éxito con “Django sin cadenas” (2012), tuvo una recepción más moderada —e injusta, — con “Los ocho más odiados” (2015) e incluso lo homenajeó en esa maravilla que es “Había una vez en Hollywood” (2019). Quizá sea justamente esa capacidad de sobrevivir al paso del tiempo, transformarse y volver a encontrar nuevas miradas lo que demuestra que el western, aunque lejos de sus años dorados, nunca terminó de desaparecer.

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