“El diablo viste a la moda 2”: nostalgia y necesidad de reinventarse

Veinte años después de su estreno original, “El diablo viste a la moda 2”, no solo regresan sus personajes icónicos: Miranda, Andy, Emily y Nigel, sino que también pone sobre la mesa una pregunta inevitable: ¿qué sucede cuando aquello que definió una época debe adaptarse a un mundo diferente?

Si la primera entrega retrataba el poder de Runway- la revista de moda inspirada en Vogue y Elle, y creada por la periodista Lauren Weisberger para su novela- y la influencia de quienes marcaban tendencias desde las páginas impresas, esta secuela se enfrenta a una realidad dominada por las redes sociales y la inmediatez digital. La moda ya no se consume de la misma manera y los medios tradicionales luchan por conservar su relevancia.

En este contexto, la historia encuentra uno de sus mayores aciertos al mostrar cómo sus personajes enfrentan los desafíos dentro de una realidad que cambió por completo. Miranda Priestly (Meryl Streep) continúa siendo una figura magnética, elegante y temible, pero ahora debe enfrentarse con algo que parecía imposible: la pérdida de influencia de los medios tradicionales y la creciente dependencia de los intereses comerciales y los auspiciantes. Andy Sachs (Anne Hathaway), lejos de la joven insegura que conocimos en 2006, regresa con una mirada más madura sobre el trabajo, el éxito y las decisiones que marcaron su vida, aunque todavía parece buscar cierta validación profesional de Miranda. Emily (Emily Blunt) y Nigel (Stanley Tucci) aportan humor y dinamismo, demostrando que el paso del tiempo no afectó el carisma que los convirtió en favoritos del público.

Sin embargo, compararla únicamente con la película original sería limitar su alcance. Más que intentar superarla, “El diablo viste a la moda 2” busca dialogar con el presente. Y ahí es justamente donde adquiere una dimensión más interesante porque termina funcionando como una metáfora de la propia industria cinematográfica de Hollywood, donde se apuesta cada vez más por secuelas, remakes y franquicias reconocibles, la película se transformó en uno de los grandes éxitos comerciales de 2026, con más de 650 millones de dólares recaudados a nivel mundial (datos de Box Office Mojo en IMDB Pro), superando ampliamente los 326 millones de dólares que obtuvo la cinta original. A esto se suma un fenómeno llamativo: las marcas de lujo y consumo masivo compitieron por formar parte de la producción y de su estrategia promocional. En 2006, muchas figuras de la moda evitaban vincularse al proyecto por temor a “incomodar” a Anna Wintour, la legendaria editora de Vogue que inspiró al personaje de Miranda. Dos décadas después, la situación es completamente distinta: celebridades de la moda y diseñadores se sumaron a la segunda parte. Incluso Lady Gaga tiene una participación dentro de la secuela y la propia Anna Wintour, formó parte de la campaña promocional. Lo que alguna vez fue percibido como una sátira incómoda sobre las dinámicas de poder dentro de la moda terminó convirtiéndose en una marca cultural dentro de ese universo. Este fenómeno habla tanto de la fortaleza de sus personajes como del estado actual del cine. En tiempos donde las plataformas de streaming modificaron los hábitos de consumo y donde cada vez cuesta más generar nuevos clásicos, la industria parece encontrar refugio en historias conocidas. “El diablo viste a la moda 2” logra algo que muchas continuaciones no consiguen: justificar su regreso. No se limita a explotar la nostalgia, sino que utiliza a sus personajes para reflexionar sobre el presente. Y esto adquiere aún más valor si se tiene en cuenta que sus protagonistas declararon durante años que no tenían interés en volver a interpretar estos roles. Si finalmente regresaron fue porque existía una historia capaz de justificar ese reencuentro.

Quizás no sea mejor que la original, pero tampoco intenta serlo. Su mayor virtud está en comprender que tanto Miranda Priestly como la propia industria cinematográfica enfrentan el mismo desafío: seguir siendo relevantes en un mundo que cambia a una velocidad vertiginosa.

“El diablo viste a la moda 2” es una película sobre la vigencia: de sus personajes, de la moda y la de una industria que todavía busca la forma de reinventarse sin perder su identidad. That’s all.