En la naturaleza, las reglas de la reproducción tienen excepciones, a veces tan extremas que obligan a replantear todo lo que creemos saber. Una de ellas involucra a una bacteria microscópica que, a lo largo de millones de años, desarrolló estrategias para manipular y eliminar machos o hasta transformar su sexo. Su nombre es Wolbachia.
Todo comenzó con la observación del científico Richard Stouthamer, quien estudiaba una población de avispas y notó que todas eran hembras. Esta situación era extraña, ya que no se trataba de una casualidad ni de una característica habitual de la especie. Estas avispas se reproducían solas, clonándose a sí mismas sin necesidad de machos. Intrigado, Stouthamer decidió intervenir. Administró antibióticos a las avispas y el resultado fue la aparición de los machos. La explicación, esta bacteria estaba eliminándolos.
Este hallazgo no fue un caso aislado
El investigador Thierry Rigaud descubrió un fenómeno distinto, pero igual de raro, en cochinillas. En ellas la bacteria no eliminaba a los machos sino que modificaba su desarrollo e intervenía en la producción hormonal de los embriones. Es decir, los transformaba en hembras. En este suceso la bacteria alteraba directamente el sexo del organismo.
La lista de comportamientos extremos de la bacteria sigue afectando, por ejemplo, en ciertas especies, como la mariposa azul, la Wolbachia elimina directamente todos los embriones masculinos. En otros casos, esta misma induce la reproducción sin machos o manipula la descendencia para que haya una proporción mayor de hembras.
¿Por qué una bacteria desarrollaría estrategias fatales? La respuesta está en su forma de reproducción. La Wolbachia solo puede transmitirse a través de los huevos de las hembras, los espermatozoides son demasiado pequeños para contenerla. En términos evolutivos, los machos no le resultan útiles. A lo largo de millones de años, esta bacteria perfeccionó mecanismos para asegurarse de que haya más hembras disponibles, eliminando machos, transformándolos o volviéndolos innecesarios.
Lo más impactante no es solo su capacidad de manipulación sino el alcance que posee. Se estima que la Wolbachia infecta aproximadamente al 40% de los artrópodos. Para dimensionarlo, los artrópodos representan cerca del 80% de las especies animales del planeta, lo que implica que esta bacteria podría estar influyendo en una porción enorme de la vida terrestre.
La Wolbachia revela hasta qué punto los microorganismos pueden moldear la biología de organismos complejos. Su existencia cuestiona la idea de que los individuos controlan completamente su propia reproducción y abre la puerta a una visión más amplia de la vida, donde lo microscópico tiene un rol decisivo.
Este fenómeno está desarrollado en profundidad en el libro «Yo contengo multitudes» e invita a repensar la relación entre organismos y microbios. En rincones invisibles pueden esconderse algunas de las bacterias evolutivas más peligrosas del planeta.