Hay un largo camino para que una película se convierta en canon. Es cierto que la taquilla puede ser el aspecto más importante para que sea considerada de esta forma, pero la cantidad no es lo único en el recibimiento popular. Que, de una idea nueva, sin ser adaptación de un cómic o libro, se forme un nuevo grupo de fanáticos es un elemento más interesante para que se pueda apreciar como canon. “La guerra de las galaxias” (1977) es el principal ejemplo de esto. Pero, a fines de la década del 90, apareció otra película de ciencia ficción que supo retratar y hasta anticiparse a la época: “Matrix” (1999) de las hermanas Lilly y Lana Wachowski.
“Matrix” narra la historia de Thomas Anderson (Keanu Reeves), un programador que es contactado por un grupo clandestino para salvar a la humanidad de la simulación en la que vive. El principal problema del género ciencia ficción es cómo el tema puede quedar desactualizado al poco tiempo. Sin embargo, “Matrix” ha podido mantenerse a través del tiempo. Sus efectos especiales, su imaginario tecnológico y sus hipótesis sobre el futuro pueden tener algunas desactualizaciones, pero no cayeron nunca en ridículo. Lo que hizo que Matrix se mantenga en la cultura popular es que tiene una identidad propia. Escenas como la de la elección de la pastilla, sus outfits oscuros y de cuero y sus movimientos en las secuencias de acción hicieron que sea una película que para muchos puede ser considerada vista a pesar de nunca haberlo hecho.
Los simuladores
“Matrix” es una película de su tiempo, de ese fin de milenio que acechaba e inquietaba a la humanidad. En aquellos años, la computación pasó de ser un artefacto exclusivo de laboratorios y corporaciones a instalarse en los hogares de millones de personas. A esto se sumaron los mundos digitales con la llegada de internet. El cine tomó estas inquietudes de las realidades simuladas y lo llevó a cabo en películas como “Asesino virtual” (1995), “Ciudad en tinieblas” (1998), “eXistenZ: mundo virtual” (1999) y “El piso 13” (1999).
También utilizó conceptos que, lejos de haber quedado vetustos, se volvieron más presentes y cotidianos como el de la inteligencia artificial. En “Matrix”, la IA dominó a la humanidad y hasta tiene a sus propios agentes. Si bien la representación que proponen las hermanas Wachowski es diferente a las discusiones actuales, plantea como interrogante la relación entre la humanidad y la tecnología. Aunque la discusión filosófica está lejos de agotarse, la idea de un mundo construido artificialmente sigue relacionándose con el poder y el control.
El salvador
Otro elemento importante de “Matrix” es la figura de Neo, el protagonista interpretado por Keanu Reeves. De día es un empleado corporativo, mientras de que de noche es un hacker que pasa horas inserto en el sistema. Alrededor de él se construye una figura mesiánica: es el elegido para liberar a la humanidad de la simulación en la que vive. Neo se forma junto a un equipo comandado por Morfeo (Laurence Fishburne) como una especie de profeta que anuncia su llegada, y de Trinity (Carrie-Anne Moss), la mujer que más confía en él, aunque no termina de consolidarse como una relación romántica. Con elementos religiosos y mitológicos, “Matrix” construye a su héroe. No es algo que resulte ajeno en la ciencia ficción, pues ese mismo año se estrenó “Star Wars – Episodio 1: La amenaza fantasma” (1999) con un Anakin Skywalker concebido sin padre y destinado a traer equilibrio a la Fuerza. El arquetipo del salvador no es ajeno al mundo de la ciencia ficción, ya que unos años antes había ocurrido “Terminator 2: el juicio final” (1991) con la figura de John Connor. Que dos de las películas más populares de 1999 lo utilicen demuestra la ansiedad y el miedo colectivo de la época, como si el mundo estuviera necesitado de un salvador.
De oriente al mundo
A nivel cinematográfico, “Matrix” no es una construcción aislada, sino que tiene varias influencias. Desde lo narrativo, toma lo que está planteado en “Terminator” (1984) de James Cameron, sobre la guerra contra las máquinas y la resistencia humana desde una posición de derrota, pero no como un ataque recibido, sino como algo que ya está inserto en las mentes de los humanos.
Pero también hay elementos técnicos que las hermanas Wachowski tomaron para construir este universo. La simulación no ocurre únicamente desde el guion, sino también en los planos. El bullet time, esas balas que se ralentizan y rodean a Neo que realiza un movimiento imposible para el cuerpo humano, es una muestra de esa simulación en la que vive el personaje y demuestran que allí no funcionan las leyes de la física del mundo real. Estas peleas también tomaron las coreografías del cine de acción de Hong Kong pero, esta vez, adaptadas al sistema hollywoodense y con nuevos efectos digitales. Para diseñar estas peleas contrataron a Yuen Woo-Ping, director de cine y coreógrafo de artes marciales que trabajó en numerosas películas de cine de acción en Oriente. De hecho, las artes marciales son fundamentales en el entrenamiento que realiza Neo para convertirse en el salvador.
De fin de siglo y actual
Si uno se encuentra con “Matrix” un cuarto de siglo después de su estreno, puede comprender la importancia histórica que tuvo en su momento. Cuando la historia parece volverse cansina, allí aparece el entretenimiento y el dinamismo de las peleas que la vuelven entretenida y visualmente poderosa. El avance tecnológico logra que algunas temáticas de aquel entonces se sientan contemporáneas. “Matrix” tiene esa energía para que uno pueda interesarse lo suficiente por continuar explorando el resto de la saga.