Como parte de la previa del partido entre Argentina y España por la final de la Copa Mundial de Fútbol, ponemos el foco en el cine del país rival. En este caso, nos encontramos con una historia vasta y diversa, cuyos distintos momentos políticos marcaron sus formas de contarse a sí mismos.
Los orígenes y la crisis de identidad
A finales del Siglo XIX, España vivió una etapa de crisis política y social. En 1898 perdió sus últimas colonias de ultramar (Cuba, Puerto Rico y Filipinas), hecho conocido como el «Desastre del 98», que alimentó un intenso debate sobre la identidad nacional y la modernización del país.
En torno a lo cinematográfico, meses después de las exhibiciones de los hermanos Lumière en París, el cinematógrafo llegó a Madrid y Barcelona. En sus inicios, el cine español registró lo que muchos otros países: registro de eventos, fiestas y paisajes.
Pero, además, podemos destacar el nombre de Segundo de Chomón: uno de los grandes pioneros del cine mundial, desarrolló innovaciones en efectos especiales, coloreado fotograma a fotograma y animación. Trabajó para Pathé en Francia y suele ser comparado con Georges Méliès por su creatividad técnica en la etapa del cine mudo.
La Segunda República, Buñuel y la «españolada»
La proclamación de la Segunda República en 1931 se caracterizó por ser un periodo de fuertes polarizaciones, momentos de reformas y otros de conservadurismo, una huelga general revolucionaria, un Golpe de Estado y el estallido de la Guerra Civil.
Paralelamente, se dio la llegada de películas extranjeras con sonido, algo que generó una reducción importante en la cantidad de producciones locales, únicamente a cuatro títulos.
Un evento importante es el regreso temporal de Luis Buñuel tras realizar con Salvador Dalí «Un perro andaluz» en Francia. En ese momento, filmó el documental «Las Hurdes: Tierra sin pan», una obra fundamental del cine documental y del surrealismo. Basada en un estudio antropológico, esta película fue prohibida durante años por ofrecer una imagen extremadamente dura de la pobreza española.
Gradualmente, volvió a crecer en cantidad de películas anuales, hasta que el estallido de la Guerra Civil cambió todo una vez más. Uno de los mayores éxitos de ese momento fue «Morena Clara» de Florián Rey (1936) con la actriz Imperio Argentina, de origen bonaerense.
Este momento también fue atravesado por «La españolada», un subgénero caracterizado por la exaltación del folclore y los estereotipos de la identidad nacional. Más adelante, durante el franquismo, este género se utilizó como una forma de propaganda.
Franquismo, propaganda y censura
La Guerra Civil Española (1936–1939) destruyó gran parte de la industria cinematográfica. Tras la victoria franquista comenzó una dictadura que duraría hasta 1975, caracterizada por una estricta censura y un fuerte control estatal sobre la cultura.
Se caracterizó por la creación de organismos oficiales de censura y propaganda: Departamento Nacional de Cinematografía y los NO-DO (Noticiarios y Documentales), proyectados obligatoriamente en los cines entre 1943 y 1981. En ellos había una expresión cultural definida para bajar a la sociedad como, por ejemplo, mostrar la rutina de la «mujer ideal», que consistía en desarrollar las tareas domésticas a la perfección.
A partir de los años 50, el régimen franquista inició una apertura económica y un mayor contacto con Europa. Aunque la censura continuó, algunos cineastas encontraron formas de criticar la realidad mediante metáforas, subtextos y simbolismos. Luis Buñuel, Carlos Saura, Víctor Erice y Basilio Martín Patino son algunos exponentes y películas como «La caza», «El espíritu de la colmena» y «Canciones para después de una guerra» se convirtieron en referentes.
El destape y la movida
Tras la muerte de Francisco Franco en 1975, comenzó la transición hacia la democracia. Para el cine significó un destape y liberación de la representación de la sexualidad y diversas temáticas antes censuradas.
La incorporación de España a la Comunidad Económica Europea en 1986 coincidió con un fuerte proceso de modernización cultural y económica. La capital se convirtió en el centro de la llamada «Movida Madrileña», un movimiento artístico que celebraba la libertad creativa tras décadas de dictadura.
Pedro Almodóvar explota en ese momento y para siempre como una figura clave del cine español. «Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón» (1980) o «Laberinto de pasiones» (1982) son las representativas de estos inicios, pero hasta la actualidad sigue filmando y desafiando las formas hegemónicas de ver el mundo. Sin ir más lejos, su película «Madres paralelas» generó un gran revuelo por abordar temáticas de identidad y hacer referencia hacia el franquismo, una herida que aún sigue abierta para la sociedad española.
Para Argentina hay un fuerte vínculo a través de sus coproducciones que generan cruces entre directores y actores, además de artistas exiliados que se desarrollaron y viven en España.
Nombres como Alejandro Amenábar, Álex de la Iglesia, Carla Simón o Rodrigo Sorogoyen, entre muchos otros, representan la diversidad de un cine español que transita desde los géneros más comerciales hasta las expresiones más íntimas e independientes, pero siempre en una búsqueda de seguir encontrando formas para narrar su identidad.
Estudié cine y actualmente crítica de artes. Especializada en guion. Ferviente amante y divulgadora del cine argentino. Empezar de cero es cada hoja en blanco lista para escribir nuevas historias.