Prevención del suicidio: impacto en la salud mental

La prevención del suicidio requiere atención durante todo el año y no puede reducirse a una fecha específica. El psicólogo y especialista en psicoanálisis, Marco Ánex, explicó cuáles son las señales de alarma, cómo actuar ante una situación de riesgo, qué hacer frente a un duelo por suicidio y de qué manera los factores sociales, económicos y migratorios pueden impactar en la salud mental.

Hablar de suicidio continúa siendo difícil en muchas sociedades y culturas. La muerte suele ocupar un lugar incómodo y, en consecuencia, el suicidio permanece en buena medida como un tema tabú. Sin embargo, abordar la problemática de manera responsable, informar y fortalecer las redes comunitarias son herramientas fundamentales para la prevención.

Para Marco Ánex, la prevención del suicidio no debería concentrarse solamente en un día o en un mes determinado sino sostenerse durante todo el año y en diferentes ámbitos de la vida cotidiana.

El papel de la comunidad y las redes de contención

La forma en que cada sociedad habla de la muerte tiene un componente cultural importante. En este contexto, las redes personales y comunitarias adquieren un papel central para acompañar a las personas que atraviesan situaciones de sufrimiento.

Cuando los vínculos están debilitados o una persona se encuentra aislada, puede disminuir la contención disponible frente a una crisis. Por eso, escuchar, acompañar y tomar en serio determinadas manifestaciones puede ser determinante.

La situación adquiere especial relevancia en contextos de crisis económica, social o política, donde las personas pueden experimentar desplazamientos, pérdida de vínculos, dificultades laborales o incertidumbre respecto del futuro.

Argentina: salud mental, acceso al sistema público y contexto social

Ánex señaló que en Argentina se difundieron datos que muestran una tasa de suicidios superior a la de homicidios, situación que consideró preocupante. Al analizar el contexto, vinculó parte de las dificultades actuales con los efectos que dejó la cuarentena y con el aumento de las demandas relacionadas con la salud mental.

El aislamiento produjo consecuencias psicológicas, pero también interrumpió el acceso al trabajo para muchas personas. A esto se sumaron, posteriormente, dificultades para acceder a determinados servicios de salud mental.

Según explicó el especialista, mientras algunos profesionales se trasladaron hacia el sector privado, quienes no cuentan con recursos económicos suficientes pueden encontrar mayores obstáculos para acceder a una atención profesional. De esta manera, diferentes situaciones terminan encadenándose y pueden profundizar los problemas de salud mental.

¿Cuáles son las señales de alarma frente al riesgo de suicidio?

Una de las principales recomendaciones es tomar en serio cualquier manifestación relacionada con el deseo de morir o con pensamientos suicidas.

En Argentina, el pensamiento suicida es considerado una situación de urgencia. Si una persona manifiesta que quiere morir o reconoce que está atravesando pensamientos suicidas, debe acudir a una emergencia o guardia y expresar explícitamente lo que está ocurriendo.

A partir de allí, los profesionales realizan una evaluación para determinar si se trata de una situación vinculada principalmente con el contexto, si existe una psicopatología de fondo o si confluyen ambos factores.

Entre las señales que pueden requerir especial atención aparecen el aislamiento, cambios repentinos en la conducta o personalidad y un aumento significativo en el consumo de sustancias. También es importante observar especialmente a personas mayores que atraviesan problemas económicos, situaciones de soledad o aislamiento.

Ánex advirtió, además, que no existe un único perfil de persona con riesgo suicida. La tristeza y el aislamiento pueden estar presentes, pero también pueden aparecer cuadros en los que esas señales no resulten evidentes para quienes rodean a la persona.

Por eso, una expresión directa de pensamiento suicida nunca debería ser desestimada como una exageración, una broma o un intento de llamar la atención.

Antecedentes y manifestaciones de pensamiento suicida

Cuando una persona tiene antecedentes de intento o pensamiento suicida, o existen antecedentes familiares relacionados con el suicidio, cualquier nueva manifestación de este tipo requiere atención.

La recomendación es derivar inmediatamente a profesionales. Se trata de un abordaje complejo que puede requerir un acompañamiento prolongado, evaluación social y, en determinadas situaciones, tratamiento farmacológico.

El especialista remarcó que algunas situaciones están relacionadas principalmente con problemas sociales, mientras que otras tienen un componente psicopatológico. En numerosos casos, ambos elementos pueden combinarse.

Qué hacer cuando una persona manifiesta pensamientos suicidas

Acompañar a alguien en una situación de riesgo no es sencillo y puede generar miedo o rechazo. Sin embargo, existen estrategias concretas. Si una persona se encuentra en una situación de riesgo, lo recomendable es que no permanezca sola hasta que pueda realizarse una intervención profesional. Esto significa acompañarla personalmente a una guardia o conseguir que otra persona pueda hacerlo. La razón es evitar que durante el traslado ocurra una conducta que ponga en riesgo su vida.

Una vez en la guardia, es importante expresar claramente que existe pensamiento suicida o explicar qué está sucediendo. A partir de allí, los profesionales evalúan la situación y determinan las estrategias necesarias, incluyendo los recursos sociales disponibles.

Ánex también recomendó tener identificada la ubicación del hospital más cercano. Esta información puede resultar especialmente importante para las personas migrantes, que muchas veces desconocen cuál es el centro de salud al que pueden acudir. Además, mencionó el 135 como línea telefónica de atención para personas con pensamientos suicidas.

El duelo después de un suicidio

Cuando la prevención no logra evitar una muerte por suicidio, comienza un proceso de duelo que puede presentar características particulares. No existe una única manera de atravesarlo: la experiencia puede ser diferente si se trata de un amigo, un familiar, un hijo, un padre, una madre o un tío.

Uno de los sentimientos que puede aparecer con fuerza al comienzo es la culpa. El trabajo terapéutico permite abordar ese sentimiento y comprender de dónde surge. También pueden aparecer preguntas cuando no existe una explicación clara sobre lo ocurrido. En algunos casos, parte del proceso consiste en construir una explicación; en otros, en aceptar que no siempre existe una respuesta definitiva.

Por eso, se trata de un proceso personal que puede requerir tiempo y acompañamiento profesional.

Suicidio en la infancia: señales diferentes a las de los adultos

El suicidio también puede presentarse durante la infancia, aunque no sea tan frecuente. La evaluación clínica resulta fundamental porque las señales pueden ser diferentes a las que aparecen en los adultos.

Los niños todavía están aprendiendo a poner en palabras sus emociones y pensamientos. En ocasiones, pueden expresar tristeza o enojo a través de sensaciones corporales antes que mediante una explicación verbal.

Por eso, los cambios de comportamiento requieren atención. Un aumento de los accidentes, por ejemplo, no significa necesariamente que exista una intención suicida, pero puede indicar que algo está ocurriendo y merece ser evaluado.

También es necesario prestar atención cuando un niño atraviesa un cambio importante, se muestra particularmente triste o deja de comer. Ante modificaciones significativas de conducta, la recomendación es realizar primero una consulta pediátrica y, a partir de esa evaluación, determinar si es necesario recurrir a psicología u otras especialidades. Si aparecen dibujos o expresiones explícitas relacionados con querer morir o con el suicidio, la consulta profesional debe ser inmediata.

Al mismo tiempo, Ánex aclaró que no todos los dibujos relacionados con violencia representan una intención suicida o homicida. Los niños pueden utilizar el dibujo para expresar conflictos, agresividad o emociones o, simplemente, reproducir contenidos que vieron en videojuegos, películas o historias de superhéroes.

Adolescencia, bullying y xenofobia

El bullying constituye otro factor que requiere atención, especialmente durante la infancia y la adolescencia.

Su abordaje no corresponde únicamente a las familias. También necesita una respuesta institucional desde las escuelas. Algunas instituciones cuentan con recursos y estrategias específicas, mientras que otras pueden encontrarse sobrepasadas ante la magnitud de las situaciones que deben atender. En el caso de las infancias migrantes, Ánex señaló como motivo de preocupación el bullying asociado a la xenofobia.

Frente a estas situaciones, recomendó que las familias intervengan activamente: acercarse a la escuela, comunicar lo ocurrido por escrito e insistir para que la institución intervenga.

La prevención, de este modo, también implica trabajar sobre las condiciones sociales y culturales que pueden generar situaciones de violencia, discriminación y aislamiento.

Migración y salud mental: cuando la vulnerabilidad social aumenta el estrés

La migración puede estar atravesada por importantes demandas psicológicas, particularmente cuando las personas migran solas o deben reconstruir sus redes de apoyo en otro país.

En su experiencia profesional con pacientes que presentaron ideación y planificación suicida, Ánex explicó que el abordaje estuvo vinculado en numerosos casos con el sistema público de salud. Cuando la ideación es considerada de gravedad o existe una planificación con riesgo de vida, puede ser necesaria una internación y una evaluación interdisciplinaria.

En el caso de las personas migrantes, los factores sociales pueden adquirir un peso significativo.

Una persona puede dejar su país buscando mejores oportunidades y escapar de una situación de pobreza, llegar a Argentina con expectativas y encontrarse posteriormente con dificultades para conseguir empleo, sostener económicamente a sus hijos o regularizar su documentación.

La acumulación de problemas puede incrementar el nivel de estrés: no conseguir trabajo, no poder afrontar determinados gastos, tener hijos a cargo o atravesar demoras en la documentación pueden convertirse en factores de vulnerabilidad.

En ese contexto, una persona puede llegar a expresar que ya no puede afrontar la situación y comenzar a desarrollar pensamientos suicidas.

Factores sociales y factores psicopatológicos

No todas las situaciones suicidas tienen el mismo origen. El especialista diferenció entre factores sociales y factores psicopatológicos, aunque ambos pueden presentarse simultáneamente.

Como ejemplo de una situación con un componente psicopatológico, explicó que existen personas que durante años pueden experimentar alucinaciones auditivas o escuchar voces que las denigran. El sufrimiento sostenido puede llegar a un punto en el que la persona considere que no puede soportarlo más.

En determinados casos, estas situaciones pueden requerir internación, observación y seguimiento profesional hasta que disminuya el riesgo y sea posible continuar con un tratamiento adecuado.

Por eso, la evaluación clínica resulta fundamental: existen diferentes escenarios y no todos requieren la misma intervención.

Confidencialidad y riesgo de vida

La confidencialidad forma parte del vínculo entre un profesional de la salud y su paciente. Sin embargo, Ánex explicó que existen circunstancias excepcionales vinculadas con el riesgo de vida.

Cuando existe un riesgo concreto para la vida de la propia persona o de otra, el profesional puede romper la confidencialidad para intervenir frente a esa situación.

El objetivo es activar los recursos necesarios para proteger a la persona y permitir que reciba la atención correspondiente.

Ánex también buscó despejar uno de los temores que pueden aparecer frente a la consulta: no toda persona que atraviesa una crisis termina internada.

Las intervenciones son específicas y requieren la evaluación de distintos profesionales. Según su experiencia, fueron pocos los casos que terminaron en internación y, cuando ocurrió, estuvo relacionado con situaciones psicopatológicas de fondo.

Una intervención a distancia también puede salvar una vida

El papel de la comunidad puede ser decisivo incluso cuando quien detecta la situación se encuentra lejos.

Ánex relató experiencias en las que recibió mensajes o publicaciones de personas que manifestaban pensamientos suicidas. En una de esas situaciones, la persona se encontraba a distancia y además había consumo de sustancias.

Ante la imposibilidad de intervenir personalmente, recurrió al servicio de emergencias de la jurisdicción correspondiente, informó la dirección y comunicó que la persona estaba manifestando pensamientos suicidas. La intervención se realizó y la persona fue internada. El caso muestra la importancia de no desentenderse de una manifestación de riesgo solamente porque ocurre a través de WhatsApp, Instagram u otra plataforma digital.

El alcohol puede aumentar el riesgo

El consumo de alcohol también fue señalado como un elemento al que hay que prestar atención. Una persona que atraviesa tristeza puede recurrir al alcohol buscando aliviar el sufrimiento. Sin embargo, el alcohol puede producir desinhibición y aumentar el riesgo cuando existen pensamientos suicidas.

Por eso, frente a una persona en esta situación, la recomendación no es recurrir al alcohol como una forma de distraerla o hacer que «se le pasen las penas». El abordaje debe dirigirse directamente hacia la atención y la protección de la persona.

Prevenir también significa escuchar, no juzgar y derivar

Para Ánex, la prevención del suicidio no depende únicamente de grandes intervenciones profesionales. La comunidad puede desempeñar un papel fundamental en los primeros momentos. Su recomendación se resume en tres acciones: escuchar, no juzgar y activar la búsqueda de atención profesional. Los profesionales cuentan posteriormente con herramientas para evaluar cada situación, determinar el nivel de riesgo y definir las intervenciones necesarias.

La comunidad, en cambio, puede ser ese primer espacio capaz de detectar una señal, tomarla en serio y ayudar a que la persona llegue hasta quienes pueden intervenir.

En el caso de las personas migrantes, fortalecer esa red adquiere una importancia particular debido a las dificultades que pueden surgir al reconstruir vínculos, conocer el sistema de salud y atravesar situaciones económicas, laborales o documentarias complejas.

La prevención del suicidio, en definitiva, requiere información, escucha y acceso oportuno a profesionales. No se trata solamente de una campaña de un día o de un mes: es una tarea permanente que involucra a las familias, las instituciones, los equipos de salud y a toda la comunidad.

Deja una respuesta