La historia recupera el espíritu de las películas de explotación, el exploitation cinema, aquellas producciones de muy bajo presupuesto que en las décadas del sesenta y setenta buscaban atraer al público mediante la violencia explicita, sexo, horror monstruos y situaciones extremas. Para entender “Planet Terror” es necesario ubicarla dentro “Grindhouse”, el proyecto que realizó junto a Quentin Tarantino. Estrenado en Estados Unidos en marzo de 2007, reunía en un solo programa a la película de Rodríguez y “Death Proof” de Tarantino, y entre ambas películas se intercalaban avances falsos de películas inexistentes, realizados por cineastas como el propio Rodríguez (“Machete” se convirtió en película y hasta tuvo una secuela), Eli Roth (finalmente dirigió “Thanksgiving” en 2023), Rob Zombie y Edgar Wright.
Rodríguez, que además de director está a cargo del guion, el montaje, la fotografía y la banda sonora, ubica la acción en su Texas natal. Una misteriosa sustancia química empieza a propagarse en la población, y quienes entran en contacto comienzan a convertirse en criaturas deformes y violentas. Entre el grupo de sobrevivientes que intentan escapar de la epidemia y enfrentar a los zombis se encuentran Cherry Daring (Rose McGowan), una bailarina de caño en un centro nocturno que sueña con ser comediante, y El Wray (Freddy Rodríguez), un misterioso ex combatiente y experto en armas que mantiene una relación amorosa con ella.
La puesta en escena recurre a espacios reconocibles del cine de terror: el hospital donde concurren los primeros infectados, la instalación militar donde es liberado el gas, las rutas oscuras y el restaurant The Bone Shak, donde van a juntarse los personajes que resisten al contagio. Hay mucho del cine de John Carpenter, que Rodríguez toma prestado y homenajea en forma explícita, la de la pequeña épica de un grupo de gente que sin relación alguna va a hacer frente a zombis y militares, hasta el héroe representado por Freddy Rodríguez es un camionero como el personaje de Kurt Russell en “Rescate en el Barrio Chino” (1986).
El gore ocupa un lugar central de la identidad visual de la película, este subgénero del cine de terror muestra de manera explícita las heridas, mutilaciones, la destrucción de los tejidos humanos y la exposición de la carne humana. Rodríguez lleva esta lógica hasta el exceso, los cuerpos se descomponen en tiempos absurdos y las lesiones no siguen ningún criterio realista. El gas liberado provoca deformaciones monstruosas en los rostros y cuerpos, tomando un color verde viscoso. Las primeras víctimas que llegan al hospital revisadas por en el hospital por el doctor Block (interpretado por Josh Brolin) presentan lesiones, heridas infecciosas y sanguinolentas, y todas son mostradas en primer plano.
Aunque suelen emplearse en ocasiones como sinónimos, el splatter se diferencia del gore ya que pone el énfasis en la violencia física representada como espectáculo: cortes, desmembramientos, sangre que salpica, cuerpos que estallan. Rodríguez lo lleva hacia al absurdo. Abundan los primeros planos de cabezas, brazos, manos y dedos cercenados que arrojan litros de sangre en forma exagerada. En una escena vemos al oficial del policía interpretado por el legendario Tom Savini con dos dedos menos y buscando su anillo de casamiento. Cherry sufre la amputación de su pierna derecha, El Wray le coloca en principio la pata de una mesa como prótesis y luego le inserta una ametralladora con lo cual decapita y descuartiza decenas de zombis. El empoderamiento que Rodríguez le da al personaje interpretado por Rose McGowan, una de las iniciadoras del movimiento #MeToo en Hollywood, fue parte de una venganza encubierta hacia el productor de la película, Harvey Wienstein, que había abusado de ella en 1997.
La muerte del oficial interpretado por Quentin Tarantino es una de las escenas más grotescas y es la perfecta combinación del gore, splatter y el humor negro que sobrevuela toda la película: cuando obliga a Cherry a bailar y amenaza con violarla, ella utiliza su pierna de madera rota para herirlo en el ojo, luego se le cae, literalmente, el pene a pedazos, y por último es despedazado por la pierna ametralladora de Cherry. Cerca del final las aspas del helicóptero en el que huyen de la base militar cortan las cabezas de los infectados, y la sangre salpica de tal forma que utilizan los limpiaparabrisas para despejarla.
Las imágenes de “Planet Terror” son inseparables de su proyecto estético. La película simula ser una copia gastada por sucesivas proyecciones: aparecen rayaduras, manchas, variaciones de exposición y un montaje con deliberados saltos de continuidad que interrumpen la narración. Como el corte con el cartel “Missing Reel”, rollo perdido, que se produce en el medio del encuentro íntimo de Cherry y El Wray, cuando la película se reanuda vemos el restaurante The Bone Shack en llamas, lo que provoca que el público experimente la sensación de haberse perdido una parte fundamental de la película. La fotografía muestra los contrastes fuertes y los colores saturados, los rojos brillantes de la sangre, los verdes asociados a la infección y las tonalidades cálidas de los espacios contribuyen a una imagen intencionalmente artificial. Lo mismo sucede con la iluminación, que no pretende ser en ningún momento natural, sino reforzar el carácter grotesco y fantástico de las situaciones que viven los personajes.
El cine que contiene gore y el splatter suelen asociarse con espectáculos de violencia explicita, sangre y mutilaciones, pero puede aparecer un subtexto relacionado a tensiones políticas, críticas al poder y los temores de la sociedad propios de la época. Con una referencia ineludible en el cine de George Romero, con su máximo exponente en “El amanecer de los muertos” (1978), su feroz sátira sobre la sociedad racista, sexista y consumista de los Estados Unidos, la película de Rodríguez es también, a su manera y no tan sutilmente, una película política. La contaminación que convierte a las personas en zombis no es una maldición sobrenatural ni un monstruo que proviene del espacio exterior, sino que es producto de un arma viral ultrasecreta, relacionada con un agente químico desarrollado por militares estadounidenses y con operaciones vinculadas a Irak. En el contexto del estreno en 2007, la guerra del Golfo de 2003 y la controversia sobre el arsenal de armas químicas en territorio iraquí todavía estaban en boca de la opinión pública estadounidense, y la película recupera ese clima de desconfianza hacia las instituciones militares (representadas por un desalmado Bruce Willis) y las explicaciones oficiales.
“Planet Terror” es una película desmesurada, grotesca, salvaje y profundamente cinéfila, que encuentra en el exceso una forma de libertad creativa y en el mal gusto de algunas escenas una inesperada virtud estética. La película ideal para una función doble de trasnoche en el New Beverly Cinema de Tarantino.