Súper terror

Hay muchos subgéneros dentro del cine de terror. Desde el slasher de los asesinos seriales hasta el paranormal de fantasmas y espíritus, todos tienen sus características que los diferencian, pero también pueden converger. Hay un subgénero que nació en 1963 cuando Herschell Gordon Lewis filmó “Blood Feast” (1963) y mostró lo que quedaba fuera de cuadro: chorros de sangre, mutilaciones de miembros, salto de vísceras. Esto dio origen al gore, donde la herida no busca tener una verosimilitud, sino la originalidad en cómo está hecha. A mediados de la década del 70, la suma de la sangre como exceso y el tono humorístico dio origen al splatter. Si bien tienen sus diferencias en cuanto a cómo se celebra el cuerpo, ambos coinciden en su espectacularización.

Del rock al cine

En 2003, el músico Rob Zombie, cantante de la banda de heavy metal White Zombie, y un fanático del cine de terror, estrenó “La casa de los 1000 cuerpos”, su ópera prima. Narra la historia de dos parejas de jóvenes que recorren Estados Unidos en busca de atracciones extravagantes. Así llegan al “Museo de monstruos y dementes del Capitán Spaulding”, administrado por un tenebroso payaso (Sid Haig), en el que, a través de un recorrido por el tren fantasma, exhibe a célebres asesinos seriales. Pero no es lo único, ya que también les narra la leyenda del asesino local Doctor Satán. Los jóvenes, con un nuevo objetivo, deciden salir en busca de la leyenda y, en el camino, levantan en su auto a una chica que estaba haciendo dedo. Los problemas del vehículo los deja varados frente a la casa de la familia Firefly, en donde pedirán ayuda. Al mismo tiempo, se anuncia que hay unas chicas desaparecidas. Cada una de estas líneas argumentales pudo haber sido una película nueva, pero Zombie zambulle al espectador para que no sepa desde dónde viene el terror real. Cada una de estas tramas que pueden sostener una película por sí sola, parece ser una lista del museo: la leyenda de un asesino, chicas secuestradas, una familia terrorífica.

“La casa de los 1000 cuerpos” es una película autoconsciente del género al que pertenece. Como en “Scream: vigila quién llama” (1997) de Wes Craven, los personajes hablan del cine de terror con constantes citas. Pero su referencia más notoria es a “El loco de la motosierra” (1974) de Tobe Hooper, con esa familia horrorosa que recibe a los jóvenes y los invita a cenar en una casa donde la violencia funciona como organizadora de lo cotidiano. Zombie quiere que el espectador sea saturado de terror. Así como acumuló tramas, en la casa de los Firefly hay máscaras, muñecos, calaveras. La saturación se termina convirtiendo en una insignia de la película.

El director también realiza una acumulación desde lo técnico. Utiliza varias herramientas: montaje frenético, cambios de color abruptos, imágenes de archivo, imágenes granuladas, cámara en mano, planos picados, pantalla dividida. Más cercano al videoclip, pero sin dejar de coquetear con el documental, el espectador solo puede estar expectante hasta la mitad de la película, cuando se abandona la tensión y el terror físico se hace explícito.

Así se mata

Además de la acumulación de tramas, ocurre lo mismo con los cuerpos. Hay un cadáver mutilado y fusionado con un pescado, el desollamiento de un cuero cabelludo y hasta un torso con inscripciones con sangre. Hay todo tipo de métodos para matar: tiros, puñaladas, hachas, experimentos. La familia Firefly no se rige por una única metodología. El objetivo es experimentar con el cuerpo y el asesinato es solo una forma de mediación. Hasta hay una tortura (tanto psicológica como física) a una chica que es encerrada en un ataúd. “La casa de los 1000 cuerpos” no busca que las muertes sean rápidas, sino que sean espectaculares. La violencia, la humillación y el sadismo son los principios de esta familia que no son fantasmas ni monstruos, son seres humanos que hacen del terror su forma de vida.

Todo esto convive con una escenografía que asfixia. Máscaras, trajes, huesos, calaveras, telarañas, forman parte del encuadre que no está libre en ningún momento. La casa de los Firefly parece ser un teatro donde el cuerpo será el protagonista del espectáculo.

Hay un elemento que toma Zombie del género slasher que es la final girl, esa última sobreviviente que se enfrenta al asesino. Denise (Erin Daniels) logra escapar del laberinto subterráneo del Dr. Satan aunque se sube al auto del Dr. Spaulding y todo parece indicar que será su final. Porque para Zombie, del terror de esa feria y esa familia no se puede escapar ya que ellos son los verdaderos protagonistas que ordenan el relato. Para dejar en claro que es un fanático del género, pone en duda que ese sea el final, dejando abierta la posibilidad de una secuela, como tienen las grandes películas de terror que terminaron convertidas en franquicia.

Conclusión

“La casa de los 1000 cuerpos” es una película desigual, que satura tanto desde lo narrativo como desde lo técnico, pero con la voluntad y el cariño de su escritor y director que entiende al terror como un espectáculo para disfrutar. Si bien no es una obra maestra del género, es un lindo homenaje por parte de un fanático del terror que deja en claro que le gusta lo que hace.

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