Halloween, aparte de ofender a algún que otro ortodoxo religioso, sirve de excusa para ver puro cine de terror durante casi un mes (a pesar de que la celebración es de un sólo día, la excusa es válida). Una época para revisitar clásicos, verlos por primera vez, o adentrarse en películas de terror nuevas. Una de ellas es “Over Your Dead Body” de este mismo año, aunque con un pequeño detalle: es una remake de una película noruega del año 2021, llamada “The Trip” y dirigida por Tommy Wirkola.
Asesíname, asesíname
La película inicia su relato con Dan (Jason Segel) y Lisa (Samara Weaving), un matrimonio que decide aislarse en una vieja casa de fin de semana. La excusa del viaje es intentar reconciliarse y dejar de lado sus frustraciones profesionales (él, un director estancado; ella, una actriz en ciernes) para reparar un vínculo roto por las peleas, la falta de intimidad y de diálogo. Sin embargo, cuando se hace evidente que la distancia es insalvable, la trama toma dos giros clave: revela la intención de Dan de asesinar a Lisa, y establece el tono cómico de la película.
Tras un torpe primer intento de su marido, Lisa contraataca con éxito. Coqueteando con la dinámica de «Sr. y Sra. Smith», la película esquiva el thriller convencional y destila sus reglas en una escena delirante donde ambos por fin se dicen lo que piensan a los golpes, tanto físicos como psicológicos. Es en esos momentos sangrientos donde asoma el corazón de la historia: la necesidad de una situación extrema para reponer una relación y por fin sentarse a dialogar. Recién cuando agotan sus intentos de asesinato mutuo —hasta con la ayuda del no-mejor amigo de Dan—, ingresan los verdaderos villanos: tres prófugos de la cárcel (Timothy Olyphant, Keith Jardine y Juliette Lewis) que toman la casa como refugio para su escape, obligándolos a pausar su guerra civil por una fuerza mayor.
Jorma Taccone, muy ligado a Andy Samberg con quien ya había realizado «Popstar: Never Stop Never Stopping» donde tiene al actor ex Saturday Night Live como protagonista, le añade su toque cómico a toda la trama. De hecho, es fundamental la utilización de los flashbacks como recurso narrativo, donde se establecen como remates cada decisión de los personajes y no como meramente un recuerdo. Resulta interesante notar que visualmente sigue teniendo el mismo corazón que la película original. El director de fotografía es Matthew Weston, quien también filmó «The Trip» y tiene un historial de colaboración extenso con Tommy Wirkola, director de la obra original.
Salando las heridas
Más allá de la cantidad de gore y sangre desparramadas, es determinante el tono que decide tomar Taccone. Si bien las escenas violentas tienen una búsqueda de impresionar al espectador, al no tomar el camino clásico de incomodar con el sufrimiento ajeno, terminan siendo un divertimento que busca la comedia con el ingenio de los ataques, o la forma en la que cada personaje es violentado. El director lleva al límite la comedia con una escena de intento de violación, pero nuevamente acá es esencial la codificación, y, a pesar de que muchos espectadores resulten ofendidos, no hay una búsqueda más que reír de la situación y dentro del contexto, no de situaciones reales. Algo que resulta extremadamente difícil de lograr, pero no menos visto en la historia del cine y hasta del teatro griego: las máscaras del drama y la comedia no eran más que dos formas de ver lo mismo. La construcción de un código es sumamente importante, ya que, si no, resultaría en un cúmulo de escenas violentas sin ningún tipo de conexión o sentido. Esas vísceras pegajosas logran su cometido.
Resulta crucial una frase que esboza en un diálogo el padre de Dan a su hijo, un ex-militar al que dejó en un asilo de ancianos: “te deseo una guerra”. Hasta el momento sólo parecía una frase al azar de un soldado que vive solamente de sus recuerdos, pero es ahí donde padre e hijo coinciden: la guerra es lo que le terminó dando sentido a sus vidas. De hecho, el padre es quien rescata al matrimonio en una de las muchas situaciones aparentemente irreversibles en las que se encontraban; en una misión suicida pero siendo la única forma en la que su propia vida cobraba valor.
Amor salvaje
Luego de toda la guerra vivida en una sola noche, el matrimonio logra su objetivo: reconciliarse, a pesar de haber intentado asesinarse entre sí. Deciden vender la traumática anécdota como un guión para una película, y, si hay algo que los conectaba y por lo que aún no se habían sincerado hasta ese momento, era el narcisismo. Necesitaban la atención de la gente —y la de ellos mismos— para alimentar sus egos, algo que finalmente obtienen. Es interesante considerarla dentro de un corpus del cine de terror de los últimos años que explora las relaciones “tóxicas” desde otro punto de vista. Ahí podemos incluir desde «Fresh» de Mimi Cave, «Obsesión» de Curry Barker (sin comedia pero con una tesis fuerte sobre las relaciones) y hasta «Compañera perfecta» de Drew Hancock.
Finalmente, es menester preguntarse si era necesario un remake de una película con 5 años de diferencia que, a pesar de los ligeros cambios, en esencia sigue siendo la misma premisa (coronado por el chiste de que la película que venden va directo a streaming, casi como descarte). Y que, por más que celebremos que la filmografía sangrienta y el rol de scream queen de Samara Weaving se siga ampliando, o la inserción muy acertada de Jason Segel en comedias de terror, hubiese sido más interesante una idea original.