Albacete, ciudad de unos ciento cincuenta mil habitantes situada al suroeste de España, acoge cada año (del 7 al 17 de septiembre) la Feria, una de las celebraciones más importantes del país. La Feria de Albacete, declarada en 2009 como evento de Interés Turístico Internacional, supone un extraordinario foco de atención al final del verano europeo. Se trata de un acontecimiento inevitablemente unido a la región de Castilla-La Mancha y se halla vinculado emocionalmente desde hace siglos a su carácter como pueblo, su historia, cultura, gastronomía y demás señas de identidad. La Feria de Albacete late cada vez más fuerte, año tras año, en la encrucijada de caminos que es su ciudad, enclavada en la llanura manchega, en tierra de quijotes y sanchos, entre Madrid y el Mar Mediterráneo.
La Feria hunde sus raíces en el Siglo XVIII, cuando el rey Felipe V de Borbón concedió a esta ciudad el privilegio de celebrar una «feria franca». Sus orígenes nos remontan a un evento conocido como «la cuerda», fundamentalmente ganadero, de intercambio, compra y venta de ovejas, caballos, corderos y demás animales, amén de todo tipo de aperos de labranza, dado el carácter agrícola de la zona. Un signo que a día de hoy se conserva en una considerable superficie de la provincia, si bien la Feria como tal ha evolucionado hacia unas formas que nada tienen que ver ya con aquello. Hoy la Feria de Albacete es un referente cultural y de ocio que se puede comparar con festividades tan emblemáticas en España como lo son la Feria de Abril de Sevilla, los Sanfermines de Pamplona o las Fallas de Valencia. De hecho, según una reciente encuesta realizada por el canal de televisión nacional Telecinco, la Feria de Albacete fue la festividad mejor valorada por los internautas españoles. Los motivos son su larga duración –no es habitual que una fiesta de este tipo dure once días-, el carácter abierto de sus espacios de celebración y la inmensa oferta cultural, gastronómica y de ocio.
Hablamos de una Feria muy grande en una ciudad relativamente pequeña. Se da la circunstancia de que Albacete dispone de un recinto ferial construido hace siglos y que solamente es utilizado para albergar este evento. Cada 7 de septiembre la ciudad se engalana y sus vecinos salen a la calle para celebrar su llegada con una multitudinaria cabalgata de carrozas y charangas musicales que recorren las principales arterias albaceteñas para desembocar en el recinto, una particular edificación cuya planta recuerda la forma de una sartén y en cuyo interior, los días de Feria, se vende todo tipo de artículos: desde cuchillería artesanal típica de la zona hasta juguetes o ropa, sin olvidar una importantísima oferta gastronómica y de ocio nocturno. Con la apertura de la Puerta de Hierros, la entrada principal a este espacio, se da el pistoletazo de salida a once días de fiesta ininterrumpida para todas las edades y para todos los bolsillos. Así, la Feria ofrece la posibilidad de dar un plácido paseo con la familia a media tarde, de asistir a conciertos y exposiciones, de salir de copas hasta altas horas de la madrugada –con el mojito como bebida estrella- o de tomar unos churros con chocolate al amanecer. El paseo de la Feria, que conduce a la entrada al recinto así como sus aledaños, es lugar para atracciones de todo tipo, entre las que destacan la montaña rusa, la noria, el tiovivo, el pasaje del terror o las tómbolas. Junto al paseo de la Feria se levanta la plaza de toros de Albacete, uno de los edificios taurinos de mayor solera de España, que durante estos días acoge importantes corridas de toros, en las que participan las principales figuras de la Tauromaquia.
Pero la Feria no solamente se vive en su recinto. Los pasacalles con la Banda Municipal de Música, la ofrenda floral a la patrona de Albacete (la Virgen de los Llanos), la programación especial del Teatro Circo –uno de los más importantes de España- o las actividades infantiles, entre otras muchas iniciativas, suponen una completa programación que no deja fuera ni a los vecinos ni a los numerosos visitantes que cada año acuden llegados desde todos los puntos de España. Es por ello que este supone un importante foco de rentabilidad comercial y hotelera para la ciudad y la provincia. No en vano, según el Ayuntamiento de Albacete, en la edición de 2013 la Feria fue visitada por más de 2 millones de personas, una cifra más que significativa si tenemos en cuenta que se trata de una ciudad de poco más de ciento cincuenta mil habitantes. Cabe destacar que, por regla general, este evento se desarrolla en muy buenas condiciones de seguridad y limpieza. Es por todo ello recomendable acudir a la Feria de Albacete al menos una vez en la vida y dejarse llevar por su vertiginoso ritmo, por sus luces, por sus días espléndidos y sus noches interminables. La Feria de Albacete es una fiesta abierta y singular, irresistible. Una fiesta a la que todos estamos invitados.
Artículo elaborado especialmente para puntocero por Lourdes Fajardo Aguado.

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