En el marco de la Competencia Argentina de la 36° edición del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata. Daniela Seggiaro presenta «Husek», su segundo largometraje de ficción.

La arquitecta Anita (interpretada con solidez por Vero Gerez) llega a una pequeña comunidad wichi en Chaco para comenzar el desarrollo de un plan gubernamental de viviendas, de la que ella forma parte. Rápidamente entra en contacto con el joven Leonel, quien hace las veces de transporte hasta la recóndita zona donde se llevará a cabo el emprendimiento habitacional y urbano.

En paralelo, los compañeros del proyecto intentarán conseguir, como sea posible, las firmas de los habitantes para permitir el desarraigo y la construcción de las casas, que nunca pidieron y no quieren recibir, porque el único objetivo es disponer con libertad de las tierras que les pertenecen. De esta manera, se plantea un conflicto que no parece que vaya a resolverse de ninguna forma posible.

«Husek» es un retrato minucioso de la problemática que se repite en múltiples regiones de nuestro país, en el Gran Chaco tanto como en la Patagonia, y que hasta podría trazar un paralelismo en la Ciudad de Buenos Aires con la creciente construcción de torres en diversas áreas, los silenciados incendios de casas en la zona sur de la capital y la permanente gentrificación de los barrios porteños.

Además, el film escrito y dirigido por Daniela Seggiaro cuenta con la participación directa en el guion de Osvaldo Villagra, perteneciente a la comunidad wichi, y esto se nota: la historia refleja con un registro documental las formas de vida en el norte argentino y las batallas que deben dar desde hace siglos contra la llegada de conquistadores, con la carga simbólica e histórica que tiene la expresión.

Al mismo tiempo, es inevitable recurrir y trazar un paralelismo con «Ínsula» en el retrato de una mirada ignorante y superficial sobre las formas de vida a las que la globalización no «abrazó». Ambas producciones cuestionan asuntos similares, aunque «Husek» tal vez peca en el remarcado una y otra vez de la consciencia y responsabilidades de Ana, además de un tinte sobrenatural o místico más cercano a los perjudicados en la película que a la óptica occidental, de la que como públicos somos parte.

«‘Husek’ fue urdida con hilos de una larga conversación que se orilla entre el idioma castellano y el wichi lhämtes. La película transita por territorios de espacios marcados, de diálogos rotos, de heridas profundas que la apatía occidental va dejando en el paisaje y en la vida de las personas que los habitan. Entre la trama ficcional de ‘Husek’ se cuelan la incertidumbre de Ana y las resistencias de la gente wichi, de su niyat Valentino (Juan Rivero) y de su nieto, Leonel (Leonel Gutiérrez)», manifiesta la realizadora.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.