«¡Ayuda!»: sobreviviendo

Una buena señal de un director con una trayectoria es que regrese a un nivel de entusiasmo por hacer aquello que en un inicio representaba un placer. En el caso de Sam Raimi, pasó de hacer películas con sus amigos a realizar una trilogía de uno de los superhéroes más populares, tras un periodo por diferentes estudios haciendo películas de género, incluso, una incursión en el western con «Rápida y mortal».

Su mirada sobre el mundo también parece inquebrantable, en «La fiesta del crimen» (1985) ponía de relieve, dentro de una comedia negra de terror, una crítica social llevada a una hipérbole. Mucho tiempo después, en lo que fue hasta ahora su último acercamiento al terror más puro con «Arrástrame al infierno» (2009), clavó una aguja transversal como diatriba en la idea de ascenso social mediante el pisoteo sobre los más débiles por parte de una empleada bancaria con ínfulas de crecimiento personal. En esta película careció el humor y brilló un terror gráfico sin anestesia.

Una reverberación quedó girando sobre un eje, porque «¡Ayuda!» es otra historia ubicada desde el punto de vista de una trabajadora de oficina con anhelos y ambiciones de ascenso dentro de una compañía. Frente a una promesa para ocupar un cargo importante dentro de un concejo, Linda Liddle (la maravillosa Rachel McAdams) ve finalmente en el horizonte la posibilidad de una vida mejor. Quien se lo prometió fallece y el que queda a cargo de la firma es su hijo, en un muestreo de época, el heredero tiene todos los casilleros marcados del millonario joven desprovisto de cualquier rasgo humano.

Mientras tanto, el que le roba el puesto a Linda es el mismo que se aprovecha de sus aptitudes, como si fuera poco, es un viejo amigo del nuevo dueño. Un viaje a Tailandia en el que la incluye solo por cuestiones oportunistas -porque saben que es alguien valioso dentro de la empresa-, termina en un accidente donde solo sobreviven en una isla el flamante CEO y ella. Los papeles se invierten, porque un costado de Linda presenta un placer por los realities de supervivencia, es así que el accidente se convierte en una oportunidad para poner en práctica la teoría amasada durante un largo tiempo, pero también para ejercer un poder sobre aquel que la sometió.

Raimi no escatima en el gore ni en las situaciones de violencia mezclada con humor y pequeño toque de justicia, en una búsqueda de empatía con la protagonista. La construcción de una época cruel en la que dominan los ignorantes con poder es un fresco actual y también significa, en términos narrativos, un punto de partida para provocar una transformación en una protagonista, el caso de esta empleada sumisa que tiene la chance de dominar y dar vuelta las condiciones preestablecidas hasta ese momento, el punto de quiebre que la deposita en un ecosistema natural desconocido para ella.

Este regreso a un terror propio y menos ajeno, en comparación a los últimos trabajos, lo devuelve a Raimi a una zona más controlada y más creativa de su cine, en términos narrativos tanto como formales. Si bien está su tradicional cámara subjetiva a toda velocidad de «Diábolico», también se presentan las arquitecturas visuales propias de un maestro del género. Volvió Sam Raimi, volvió la alegría al cine mainstream del tan vapuleado presupuesto medio.

«¡Ayuda!» de Sam Raimi contó con las actuaciones de Rachel McAdams, Dylan O’Brien, Edyll Ismaill y Dennis Haysbert. Puede verse en la plataforma Disney+.