Nos encontramos, por tercera vez, para hablar de “Big Mouth”, la serie animada de Netflix que nos fanatizó por su forma de retratar el descontrol de la pubertad. En la primera parte en 2017, Nick Kroll y Andrew Goldberg ubicaron sus inquietudes sobre el escenario y en la segunda entrega de 2018 explotó todo su potencial de forma superadora. Ahora, el tercer round (y luego de un episodio especial de San Valentín “regular”) baja un poco la vara pero igual nos encanta y encontramos un montón de detalles geniales para resaltar.

Las chicas también se enojan

El arranque está a la altura de los mejores episodios de la segunda temporada y plantea todas las inquietudes que movilizan los siguientes 9 episodios. Como en el pasado era visibilizar que “las chicas también se calientan”, ahora se propone hacer visibles las problemáticas complejas que nos urge debatir en la actualidad: acoso sexual, cultura de la violación, sexismo, cosificación.

Además, cita las contradicciones de las luchas modernas en los confusos adolescentes y referencia movimientos como Free the Nipple, La marcha de las Putas, el rol de los varones autoproclamados “aliados feministas” y mucho más.

Espectro de la sexualidad

Entre muchos números musicales, referencias y esta vez con el delirio alegórico sobrepasando el extremo, se cuela también otro de los intereses de “Big Mouth” y es hablar de “la cornucopia sexual del mundo moderno”, la abundancia en el espectro de la sexualidad y las dificultades o necesidades de salir de los mil y un “armarios” que existen hoy día. Con un número musical (quizás el mejor de la temporada), intenta conceptualizar y educar como lo supo hacer en el “El show del Planned Parenthood”, y decide dedicarse a explorar la bisexualidad según los géneros, a la vez que debatir y hacerle frente a los crueles juicios sociales.

Pese al gran arranque, decrece capítulo a capítulo y nos quedamos en el final con un escenario de grandes cambios para casi todos los personajes. ¿Qué vendrá en una potencial cuarta temporada? Se vieron indicios de menopausia, depresión y nuevos monstruos hormonales, pero “Big Mouth” es tan impredecible como la descontrolada adolescencia.

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