Año 1994, se reformaba la Constitución Nacional y yo era un manojo de nervios con patas. Un piojo como cualquiera, tenía mis ideales y fanatismos. Entre estos últimos estaban Los Piojos. Recorrí varios puntos para verlos tocar en vivo: fui al patinódromo en Mar del Plata, me llegué hasta Buenos Aires una y mil veces para los recitales tanto en la cancha de Boca como en River, y también en La Plata, por mencionar algunos pocos ejemplos.
Ya no tengo esa edad, pero el pasado 13 de septiembre me acordé mucho de “Ay ay ay”, el segundo de los discos de la banda, lanzado casualmente en 1994. Repetí varias veces ese título al ver la marcha del jueves último y las respuestas que vinieron desde el otro lado.
“Iban por la calle como en procesión”
La gran mayoría de los medios no profundizaron en estimar la cantidad de manifestantes en los distintos puntos del país donde se congregaron los grupos de personas que están en contra del gobierno nacional. Soy categórico en esta afirmación porque si uno encuentra solo algunos puntos de diferencia, no pediría directamente por la cabeza de la Presidente, tal como muchos expresaron. No voy a indagar en las palabras dichas, porque muchas de estas dejan todo que desear. Vamos a tratar de quedarnos del lado de los que simplemente no están de acuerdo con las políticas implementadas, o bien se manifiestan pidiendo ser escuchados. Y tienen que ser escuchados.
Supongamos que el total de asistentes a las marchas en todo el país llegó al millón de ciudadanos. Es un número exagerado incluso para los medios que alentaron la protesta. Pero no viene al caso, por esta vez voy a redondear para arriba, y voy a incluir a los que tibiamente abollaron la cacerola desde el balcón de su casa o tocaron la bocina del auto.
Aceptando esta cantidad, el número conseguido equipara a los votos sin apoyo a ningún candidato de las elecciones presidenciales del 23 de octubre de 2011. Para ser más exacto ahora sí, los datos finales del escrutinio son 225.741 nulos (0,98%) y 803.362 en blanco (3,50%). Entonces, si seguimos con esta visión positivista y a todos los que manifestaron los voy a agrupar en electores que no votarían al kirchnerismo (no digo Cristina Fernández porque no puede ser reelecta), el total es de 4,48% del electorado, más del doble de votos de los que recibió Elisa Carrió, una de las candidatas. Si volvemos atrás un año y suponemos que todas estas personas votaron a la actual Presidente y eran simpatizantes del actual gobierno pero se sienten defraudados por las políticas aplicadas y hubiesen cambiado su voto y dado por completo al partido más cercano en los resultados finales, el Frente para la Victoria habría conseguido poco menos del 50% e igualmente saldrían victoriosos en primera vuelta. Por lo tanto, por las vías constitucionales y como debe ser en un país democrático, el actual será el gobierno hasta el 2015.
“Siento libertad y siento poder”
El motivo oficial de la marcha era la libertad y la Constitución Nacional. Tal vez sean, de todas las razones por las que se protestó, de las que menos podrían encontrarse justificativos. El solo hecho de poder manifestarse en la plaza, en la calle, en el balcón o con la bocina del auto demuestra que estamos en un país donde hay libertad de expresión. Podemos ir a cualquier puesto de revistas y encontrar publicaciones de cualquier tipo: revistas que defienden los derechos de consumir drogas, magazines para quienes eligen libremente su orientación sexual, diarios partidistas a favor y en contra de los gobernantes, y la lista seguiría. En cuanto a leyes, no hace falta enumerarlas. Por otros temas, como pueden ser la criminalidad o robos (decir inseguridad no es correcto, el término en los últimos tiempos está mal utilizado), la aplicación de restricciones (no digo prohibiciones) o la falta total de diálogo, son asuntos que el Estado no debe desconocer o ignorar, y mucho menos minimizar, porque eso es lo que hizo con una protesta tan legítima como un piquete de unos pocos, a los cuales en ocasiones anteriores sí atendieron. Así sea una o miles de personas, son nuestros gobernantes y deben escuchar el reclamo. Está en la Constitución Nacional. Pero manifestarse antes de que no sea respetado lo que se reclama es como que mucho sentido no tiene.
“Colgando del tren como racimos”
A modo de conclusión, lo preocupante del hecho ocurrido el jueves, es que ese grupo de gente (estimemos un millón, como antes) no tienen una figura, una agrupación que los represente, que haga que se escuche su voz desde las vías constitucionales, como corresponde. Y también, como corresponde, exista un Estado que escuche y responda a quienes piensan distinto, porque estoy seguro que la mayoría de los que marcharon el jueves 13 de septiembre no están “dando vueltas sin pensar”.

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