Tomar decisiones en la adolescencia es un territorio donde la intuición y el riesgo se mezclan con la búsqueda de identidad. Lejos del prejuicio de que se trata de puros impulsos irracionales, esta etapa vital implica un cerebro en plena exploración, sensible a la recompensa y al deseo de pertenecer. Como señala la investigadora Eva Telzer, «los adolescentes no son incapaces de regular su comportamiento, simplemente a veces eligen no hacerlo, porque el valor de una experiencia puede superar al de la contención». «Brides», el primer largometraje de la dramaturga Nadia Fall, se sitúa justo en ese umbral: el instante en que una decisión riesgosa puede cambiar el curso de una vida.
Inspirada en casos reales de chicas británicas que, en 2015, abandonaron su país para unirse al Estado Islámico en Siria, Fall construye una road movie de tono íntimo y emocional, más interesada en el viaje interior y la relación entre sus protagonistas que en el destino final. Fall explica, luego del estreno mundial en Sundance, qué las llevó a ella y su guionista Suhayla El-Bushra a retratar este mundo: «Nos dimos cuenta de que esas jóvenes eran demonizadas, convertidas en monstruos por los medios, y nadie se detenía a mirar su experiencia desde su punto de vista. Sentimos que eso era necesario». Desde esa empatía nace una película que evita el morbo político para enfocarse en la vulnerabilidad y la intensidad de la amistad adolescente.
Inspirada en la que para Fall es «la mejor road movie de todos los tiempos» («Thelma & Louise») junto con otras películas que retratan el mundo femenino y juvenil como «Never Rarely Sometimes Always», esta ópera prima se suma a ese universo de películas que siguen una huida que se convierte en metáfora de libertad y resistencia, combinando el realismo documental con una sensibilidad poética.
«Es un canto de amor a las chicas adolescentes -dice Fall-. No se trata de lo que ocurre del otro lado de la frontera sino del viaje y de la posibilidad de elegir otro camino». Y, a partir de la construcción fragmentada y sensible del cotidiano que estas adolescentes viven en su pueblo costero de Gales, la tentación de elegir otro camino se vuelve palpable.
Doe (Ebada Hassan) y Muna (Safiyya Ingar) son dos adolescentes de 15 años que se enfrentan cotidianamente a la islamofobia y la ignorancia de sus compañeros y vecinos, mientras que atraviesan situaciones dolorosas y complejas dentro de sus propios hogares. Ante eso, la promesa de un mundo en el cual sean respetadas por ser quienes son se vuelve una promesa de futuro.
El film logra que cada riesgo parezca una forma de afirmación. En ese tránsito hacia lo desconocido, las protagonistas descubren que arriesgarse también puede ser un acto de cuidado, una manera de poner el cuerpo por la otra. Como sugiere la investigadora Eva Telzer, algunos riesgos no buscan el beneficio propio sino el gesto solidario de quien se atreve a ayudar, aunque eso implique perder algo. Esa noción del riesgo como forma de empatía, tan propia de la adolescencia, recorre toda la película. Fall, con su experiencia previa en contextos educativos y de salud mental, filma con respeto y cercanía, evitando simplificaciones. «Como adolescentes -reflexiona- estamos programados para tomar riesgos y decidir impulsivamente. No hay una sola razón detrás de esas decisiones; hay una necesidad de ser vistas, de ser parte de algo».
En un contexto global donde los discursos de la ultraderecha y la radicalización siguen apelando al miedo y la división, Brides propone un gesto contrario: el ejercicio de la empatía como práctica social. «Así como cuidamos nuestro cuerpo -dice Fall- deberíamos ejercitar la empatía, y si lo hacemos junto a desconocidos en una sala de cine, mejor aún».
En última instancia, «Brides» es una historia sobre la amistad como salvavidas. En medio de la confusión, la presión social y las promesas de pertenencia, lo que sostiene a las protagonistas es la mirada de la otra: esa complicidad silenciosa que, incluso en el error, se convierte en una forma de amor. Nadia Fall transforma un episodio trágico en un relato de comprensión y ternura, despojándolo de sus fronteras religiosas o políticas para revelar algo profundamente humano: el deseo de ser vistas, de ser entendidas, de no estar solas. Porque al final, más que un viaje hacia la radicalización, «Brides» es un viaje hacia el otro y hacia una amistad que, por un instante, parece capaz de salvarlo todo.