Nos encontramos en un bar tranquilo del barrio de Almagro: nos pedimos un té de hierbas cada uno y dimos comienzo a una interesante charla informal, de casi treinta minutos, que me permitieron conocer un poco más acerca a Fabio Di Tomaso quien, con sus 35 años, relata lo mucho que le costó llegar a realizar su primer papel en televisión.
Nació en Quebec (Canadá), el 9 de abril de 1977. Cuando tenía un año y medio sus padres decidieron mudarse a nuestro país, vivió hasta los 4 años en Beccar y luego se mudaron a Boulogne. Nunca más regresó a su lugar de origen, pero cree que algún día volverá a visitarlo, ya que parte de su familia todavía vive allí.
A los 14 años se dio cuenta de que quería ser actor, pero comenta que no fue fácil informárselo a sus padres, sobre todo porque en ese momento ellos se encontraban separados. Juntó coraje y se lo comunicó a su mamá, quien le dijo “bueno, habla con tu papá”. Fabio asegura que “fue medio complicado porque uno no viene de un contexto artístico”, pero dado que ya no había vuelta atrás, su padre aceptó la decisión.
Sin embargo, antes de llegar a aparecer en la pantalla chica, asegura que hizo de todo: fue colectivero, ayudante en una carpintería, franquero en una remisería, cuidador de parques, incluso durante su adolescencia, se dedicó a la música y la percusión, y así tocó la batería en diferentes bandas,  pero lo suyo no era la música, sino la actuación.
Fabio logró su primer papel en 2003, en “Resistiré”, la telenovela de Telefé, al personificar a un joven gay llamado Javier. A partir de este momento, fue creciendo en su carrera actoral:  le siguieron “Padre Coraje”; la primera y segunda temporada de “Floricienta”, donde cumplió el famoso rol del Conde de Kricoragán, Máximo Augusto Calderón de la Hoya; “Juanita la soltera” e incluso participó en la obra teatral “Aniquilados”, dirigida por Leonor Manso, en 2007. En cuanto a su experiencia en teatro, considera que es algo “más sensorial, más de barro, más artesanal, me genera muchas más contradicciones, lo disfruto pero es una cuestión más kármica: me siento más cómodo en la tele que en el teatro”.
Hoy, nuevamente en Telefé, personifica a Leo en “Dulce Amor”, la exitosa ficción que promedia los 20 puntos de rating diarios. Cree que “últimamente se venían achicando la cantidad de personajes en las tiras, pero en Dulce Amor, pasa lo contrario: somos una cantidad importante y eso le da un dinamismo, hace que las historias puedan ir y venir, que estén conectadas, además tiene cosas divertidas, desopilantes, con humor”.
Fabio asegura que se siente “un ariano en potencia” por considerarse muy temperamental,  pero que “después de los 30 años uno se empezó a apaciguar”. Comenta que actualmente no está de novio, es muy “casero”, tranquilo, entrena aikido dos o tres veces por semana y en los últimos años pudo armonizar la relación con sus padres y sus hermanos. Se lo ve como una persona sencilla, con sus valores bien definidos, perseverante y sensible.
En cuanto al próximo año, asegura que tiene proyectos para la televisión y el teatro, pero “todavía no hay nada cerrado, me gustan las dos propuestas, así que espero que se concreten”. Mientras tanto, sus admiradoras lo seguiremos todas las noches por la pantalla de Telefé, para ver qué pasará con Leo y su exnovia del sur, Noelia (Mercedes Oviedo), quien le oculta que el hijo que espera es suyo.