De la revolución a la revelación

Es común que el cine de espías se adapte de novelas. Los policiales que agotan bateas de libros son una buena fuente para todos los giros de argumento requeridos para este género. John le Carré es uno de los autores más adaptados, mientras que James Bond es el personaje insignia de este tipo de películas. Un autor que consiguió fama en la década del 80 fue el ex-espía Tom Clancy que creó a Jack Ryan, un agente de la CIA. En 1990 llegó “La caza al octubre rojo”, la adaptación de su primera novela homónima del personaje, a cargo de John McTiernan.

La decisión

La película narra el plan de Marko Ramius (Sean Connery), capitán del submarino soviético Octubre Rojo, de navegar hasta la costa estadounidense para desertar. Por su parte, el analista de la CIA Jack Ryan (Alec Baldwin) sospecha de la maniobra de Ramius y se convierte en el negociador.

En los primeros minutos del film, Ramius elimina a un oficial y comparte su plan con unos pocos oficiales de su confianza. Su decisión ya está tomada, no es algo que esté en duda. Este comienzo deja en claro que el protagonista es el capitán y no Jack Ryan. Hay varias razones de su deserción, aunque nunca termina de quedar en claro cuál es la decisiva. Desde la muerte de su esposa que lo llevó al hartazgo del sistema soviético hasta su intención de impedir que la tecnología de propulsión silenciosa del submarino sea utilizada para comenzar la Tercera Guerra Mundial. Ramius está herido emocionalmente, pero la película nunca decide cuál fue la que terminó de inclinarlo en su decisión. Es que esa falta de motivos claros también repercute en el resto de la tripulación: excepto por el oficial asesinado, no hay manifestaciones en contra. No hay una repercusión en la conciencia de los marinos, que aceptan tal decisión sin sufrir de una crisis de conciencia ideológica por entregarle el submarino a Estados Unidos, ni tampoco manifiestan su apoyo al capitán por la muerte de su esposa. Resulta por lo menos llamativo que en un sistema de gobierno que ya llevaba más de setenta años, más allá de su agotamiento, un solo tripulante se haya rebelado y, en consecuencia, eliminado rápidamente.

El agente

Mientras tanto, en Washington se presenta a Jack Ryan como personaje. Es un historiador, autor de un libro sobre un oficial de la Primera Guerra Mundial, que se convirtió en agente de inteligencia. No es un hombre de acción. No actúa en solitario, sino que debe someterse a un entramado burocrático que va desde la CIA hasta la Armada. Difiere de James Bond, el agente de inteligencia más famoso de la ficción, que está más cerca de ser un superhéroe, aunque sus poderes residen en su carisma e ingenio.

Ryan no tiene información precisa de la deserción de Ramius. Es algo que deduce a partir de su conocimiento previo del oficial soviético y del rumbo que va tomando el submarino. El Almirante James Greer (James Earl Jones) es el único que lo escucha en su hipótesis y, juntos, deben convencer al aparato militar estadounidense que Ramius está renunciando y que el submarino no será utilizado como arma para un ataque soviético.

Sobredosis de información

Luego de la presentación de los protagonistas y su accionar, “La caza al octubre rojo” ingresa en un entramado de tecnicismos navales y de inteligencia, más puestos con el objetivo que el guion tenga una verosimilitud, que de ser una información importante para el espectador. Más allá de algunas escenas, es una película de interiores de submarinos, donde también interviene el Dallas perteneciente a Estados Unidos y que deberá interceptar al Octubre Rojo. La fotografía de Jan de Bont muestra a los submarinos oscuros, estrechos, y nunca se termina de dimensionar su tamaño. Por el contrario, en las escenas de exteriores (las plataformas marinas, los viajes en helicópteros), se percibe la humedad tanto de la lluvia como del océano. Es de día, pero no hay sol, como si esos personajes estuvieran al bordo del ahogo ya sea afuera o adentro del submarino.

Los personajes

Al ser una película donde gran parte de la acción se desarrolla en interiores y buena parte de la trama se debe a trámites burocráticos, gran parte de la tarea sostener al espectador recae en el elenco. Además de los protagonistas Alec Baldwin y Sean Connery como el héroe y el villano, hay un elenco de secundarios donde cada uno aporta lo suyo: James Earl Jones como el almirante James Greer; Sam Neill como el capitán Borodin, mano derecha de Ramius; Scott Glenn como Mancuso, capitán del Dallas; Tim Curry como el doctor Petrov, el médico a bordo; Stellan Skarsgård como el capitán Tupolev, que debe perseguir a Ramius; Courtney B. Vance como Jones, el operador de sonar. La elección de un elenco de figuras colabora a disimular la escasa profundidad que tienen sus personajes.

Una película republicana

Desson Howe, en su crítica en The Washington Post, acertó al señalar que la película recorre círculos narrativos mientras se espera por el gran estallido. La expectativa no cambia, es siempre la misma desde el comienzo y solo se espera por maniobras navales y autorizaciones burocráticas para que Ryan llegue al submarino.

Howe calificó a “La caza al octubre rojo” como «el sueño húmedo de un joven republicano de la era Reagan”. Está en lo cierto con sus razones para considerarla así: la subestimación de los soviéticos como colectivo, sin discutir la decisión de Ramius de desertar y llevar el submarino a Estados Unidos. Es cierto que la película está enmarcada en 1984 y se estrenó en 1990, cuando el Muro de Berlín había caído el año anterior y la Unión Soviética atravesaba una crisis interna que terminaría en su disolución en 1991, es distinto a construir una tripulación sin voz propia y ninguna objeción colectiva en algo tan importante como dimitir del sistema que los formó en todas sus ramas: política, ideológica, militar, económica y cultural. Por otro lado, la inteligencia soviética casi no interviene para evitar la deserción de Ramius y el traslado del submarino a la costa de su rival. Toda la acción de la película recae en el accionar estadounidense.

Del mismo bando

La rivalidad construida entre Ryan y Ramius despierta una ansiedad para ese encuentro que se posterga entre informes, reuniones y maniobras submarinas. Ese cara a cara llega sobre el final para que ambos descubran lo que el espectador ya sabía: que estaban del mismo lado y no eran antagonistas. No es una decepción este encuentro que hasta incluye un tiroteo previo con otro personaje, pero desde ese momento, la acción recaerá exclusivamente en la llegada del submarino (que está bajo ataque) a la costa.

Conclusión

“La caza al octubre rojo” tiene sus límites para que ser desarrollada como película de acción. Se desarrolla en un escenario donde prácticamente no hay lugar para escapar ni tampoco hay mucho espacio para un tiroteo. Sin embargo, McTiernan logra que la tensión surja de lo silencioso del submarino y de las informaciones que intercambian personajes sin tener un cara a cara. Una maniobra naval tiene tanta importancia como un disparo. En tanto que en los personajes no importa tanto las motivaciones que tengan, sino el recorrido que deben hacer.

Es un thriller interesante para conocer cómo podían operar ambos países en los años finales de la Guerra Fría (aunque sabiendo desde qué lado se escribió) y para presentar a Jack Ryan, un nuevo espía más dedicado a la inteligencia que a la acción misma.

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