Yo no soy la persona que usted cree

«La piscina» (2003) trata sobre el proceso de creación y la película en sí trajo consigo un nuevo desafío para el director: hacerla en inglés. En una entrevista comenta que la escribió en francés y que, al traducir el guion, se encontró con que las sutilezas del idioma se perdían y tuvo que evolucionar en su escritura.

Las mujeres en las películas de Ozon ocupan un lugar central: a veces son musas, otras participan del drama y, en otras, vemos cómo interactúan entre sí, como en una danza. Es lo que vemos aquí entre sus protagonistas, interpretadas por Charlotte Rampling y Ludivine Sagnier, quienes ya habían trabajado con el director y con quienes ha afirmado haber tenido buenas experiencias. Incluso ha escrito sus proyectos teniéndolas en cuenta.

En este film acompañamos a Sarah Morton (Rampling), una escritora inglesa de novelas policiales que está en la búsqueda de su próximo libro. En una reunión con su editor, este le propone prestarle su casa en el sur de Francia para despertar su inspiración y ella acepta. La propiedad está en el campo y sus personajes se mueven al compás del sol y de la tranquilidad que el lugar propone.

«En realidad, estoy hablando de mí mismo, de mi propio método creativo. Quería mostrar cómo trabajo, ya que los periodistas siempre me preguntan: «¿De dónde sacas la inspiración para hacer una película cada año?» Quería demostrar que no me cuesta nada dar con ideas: tengo la cabeza llena de historias. El problema para mí es el deseo», comenta Ozon en una entrevista.

El deseo es otro de los grandes temas presentes en el film, sobre todo al entrar Julie (Sagnier) en escena. Es aquí donde el director se destaca por intentar, como hombre, describir y presentar el papel femenino desde esta idea. La creación y el deseo se encuentran en un pequeño pueblo del sur de Francia, donde una enorme piscina en el centro de la propiedad pone en jaque a dos personajes femeninos.

«Cada persona puede ver en ella el símbolo que desee. Ya he filmado masas de agua en varias ocasiones —sobre todo el océano, que he utilizado para representar la falta de inhibición o una sensación de angustia—. En esta película, utilizo la piscina por su textura de plastilina y también por su aspecto cerrado y confinante. A diferencia del océano, una piscina es algo que se puede manipular», reflexiona el director en otra entrevista.

En el agua, en el centro de la casa, vemos a la hija del editor irrumpir en la vida de Sarah y en su escritura. ¿Cómo puede ella escribir con la presencia de una rubia que ocupa todo con su sexualidad? ¿Cómo puede el intelecto de la escritora brillar ante la juventud y la desnudez de la mujer joven?

Sarah se acomoda en una habitación del segundo piso y, a pesar de querer pasar desapercibida para Julie, se convierte en testigo de sus noches desenfrenadas. Lejos de avergonzarse, Julie la invita, sin querer, a ser parte. Sarah la mira de reojo cuando está con otros hombres y acepta ser voyeur de su sexualidad.

El proceso creativo y el deseo se pueden unir en la obsesión por el objeto, ya sea creado o deseado, y es interesante observar cómo estas dos protagonistas intentan conectar de distintas formas con la casa y con lo que han ido a hacer ahí: Sarah, a escribir; Julie, a pasar su verano despreciando a su padre y a su huésped.

Pero finalmente Julie inspira a Sarah y la obsesión se convierte en protección, aunque sea ficticia, mientras lo vivido se empieza a difuminar, porque el deseo también confunde y hace que los pensamientos duden de sí mismos. En la búsqueda de las palabras, literalmente de un libro, la imaginación inunda el espacio, que peculiarmente se organiza alrededor de una piscina.

El director usa aquí sus recursos de la mejor manera posible, porque la historia no necesita más que una casa y sus alrededores, dos personajes centrales y los hombres que rodean a Julie para desarrollarse. El espacio contenido y los planos medios son más que suficientes para mostrar exactamente lo que Ozon quiere que veamos. El condimento que une todo es el maravilloso trabajo de iluminación y la selección musical.

La película se convierte en un thriller con la llegada de uno de los amantes de Julie, pero ¿el espectador está contemplando la realidad o la ilusión de la escritora? Sarah no duda un segundo en ayudarla, aunque hasta entonces la joven suponía un obstáculo para su objetivo. El vínculo femenino ocupa más espacio que el deseo.

Y hacia el final del film, el espectador se ve obligado a preguntarse si lo que vio es real o imaginado, si Julie es Julie y cuánto de aquello que presenciamos es creación de Sarah. Todo se desarma y vuelve a armar con el libro terminado y, en vez de obtener más respuestas, obtenemos más preguntas e incluso dudamos de la hora y media que se acaba de proyectar en pantalla.

Ozon se ha ganado el título de autor controvertido por los temas que trata en sus films: el duelo, el poder de lo femenino, el amor prohibido, el deseo y la creación. En sus guiones e historias se aproxima a estos temas desde distintos géneros para mostrar su perspectiva. Los lugares claustrofóbicos también son parte de su sello.

Al revisar una de las críticas que recibió la película a los pocos días de su lanzamiento, encontramos que se celebra la capacidad del director para filmar con sutileza y crear atmósferas. Quien escribe suscribe esta mirada: es precisamente esto lo que lo hace brillar y destacar hoy, más de 20 años después.

Con «La piscina», Ozon volvió a llamar la atención en compañía de Charlotte Rampling, quien volvería a participar en varias de sus películas posteriores. Continuó su trabajo con «En la casa», «Frantz» y su último proyecto, en el que se animó a adaptar la novela de Camus «El extranjero». En 2026, y mirando hacia atrás, a lo largo de su obra el director no ha hecho más que perfeccionar y afinar su mirada sobre las miserias y los misterios humanos.

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