El cine de Austria

Como parte de la previa del partido entre Argentina y Austria en la fase de grupos de la Copa Mundial de Fútbol, ponemos el foco en el cine del país rival: de los cortometrajes mudos eróticos a «la capital mundial de cine que hace sentir mal».

Periodo austrohúngaro

Si nos ubicamos en los inicios del cine de este país, vamos a encontrar que, además de los típicos noticieros, la primera compañía cinematográfica conformada en Austria data del año 1906 con la cualidad de dedicarse exclusivamente a los cortometrajes eróticos. Saturn-Film fue fundada por Johann Schwarzer, un fotógrafo y químico que dio a conocer de manera pública su sello, llegando a promocionarse, incluso, en revistas especializadas de cine.

Todas las películas rodadas en Austria entre finales del Siglo XIX y principios del XX solo fueron realizadas por productoras extranjeras (principalmente de Francia). Entonces, los cortometrajes eróticos son parte de los primeros momentos de una historia oficial y propia, algo oculta a lo largo del tiempo. La productora tuvo cinco años de existencia, se hicieron 52 cortometrajes de un máximo de 10 minutos, de los que solo sobrevivieron 26 después de que en 1911 la policía local confiscó y destruyó el catálogo. Sus características implicaban planos fijos y escenas de desnudez.

Johann Schwarzer luego se enlistó como teniente de reserva durante la Primera Guerra Mundial y murió en combate el 10 de octubre de 1914.

Dos guerras, propaganda y cine ligero

A partir de 1914, el país atravesó, nada menos, que dos guerras mundiales en un lugar central, lo que representa momentos complejos para el cine en cuanto a lo económico, pero también en relación a la forma y el contenido de lo que se contaba.

Por un lado, en el mismo momento que se declaró la Primera Guerra Mundial, se formó un espacio de prensa integrado por tres productoras, principalmente, que tuvieron a cargo los archivos de guerra y produjeron noticieros con una base de propaganda. Estas películas se producían con un pequeño equipo y tenían que pasar por un proceso muy estricto de supervisión militar.

Luego, en 1938, se produjo la anexión de Austria a la Alemania nazi (desde 1936 ya se había prohibido a los judíos trabajar en cine) y allí la Sascha-Film -principal productora- fue absorbida por el gobierno y empezó a llamarse Wien-Film para operar bajo el control de la Cámara de Cine del régimen. Hay fuentes que hablan de trabajo forzado dentro de sus instalaciones.

En este momento se generó mucha producción nacionalista o de entretenimiento ligero. Willi Forst es un nombre relevante de la Wien-Film por la realización de numerosas comedias musicales. Se destaca su trilogía vienesa conformada por los títulos «Operette», «Sangre vienesa» y «Chicas vienesas». Otros artistas austríacos ya habían emigrado y se destacarían a partir de su llegada a Estados Unidos, por ejemplo Billy Wilder («Sunset Boulevard», 1950).

En la posguerra crecieron en popularidad los relatos denominados «Heimatfilme»: películas de patria y hogar que, luego de la devastación, se caracterizan por suprimir el pasado inmediato y realzar la belleza de los paisajes alpinos y narrar comedias y pasiones morales simples enfocadas en «lo bueno» y «lo malo».

Un cambio de financiamiento

La reforma institucional fundamental llegó con la Ley Federal de Financiación del Cine de Austria, promulgada en 1980, que introdujo subvenciones nacionales sistemáticas para la producción, distribución y promoción cinematográfica con el fin de reforzar la viabilidad cultural y económica. El periodo posterior crece en autores que suelen ser agrupados dentro del panorama de cine de autor europeo pero que, internamente, se clasifican como «Nueva Ola Austríaca», caracterizadas por un realismo crudo que pone el foco en aspectos trágicos y oscuros de la vida cotidiana.

Michael Haneke en un nombre fundamental para el cine más reciente, con películas como «Funny Games» (1997) y «La pianista» (2001). Junto a otros directores y directoras de su generación, suscriben a una búsqueda de no complacer al espectador sino de sacudirlo, quizás, con una mirada algo pesimista del mundo.

Sobre esto retomamos una publicación de Dennis Lim, curador de cine y escritor que vive en New York, que dice: «Fiel a su estilo, la cualidad más destacada de la nueva ola del cine austriaco es su disposición a enfrentarse a lo abyecto y enfatizar lo negativo. En los últimos años, este pequeño país se ha convertido en algo así como la capital mundial del cine que hace sentir mal».