Terminó tranquila la semana pasada con una demostración de inutilidad política por parte de todo nuestro arco gobernante… y esta con un broche de oro digno del primer mundo, con un intento de magnicidio.

Noticias de la Gorra

Mientras que los apóstoles de Cristina Fernández se congregaban en distintos puntos de la Ciudad de Buenos Aires para manifestarse contra la supuesta persecución judicial a su líder espiritual que baña de amor los corazones más pobres desde su departamento en Recoleta, el jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, que estudió política leyendo la revista Patoruzú, consideró que lo mejor para evitar que se acumule gente en Recoleta era vallar la zona.

Lo único que logró es que todos los sectores se unan en un solo punto de la capital, ¿y qué es lo que mejor sabe hacer el político dialoguisto cuando el pueblo no entiende sus ideas? Correcto. Reprimir.

Fue así que se armó un lindo tole tole ente manifestantes y policías, que dejaron imágenes dantescas como la de Juan Grabois pensando que estaba en la Plaza de Tiananmen durante la revolución china, mientras le impedía el paso a un camión hidrante. Qué bronca que le tienen los zurdos al agua, es increíble.

Otra imagen que nos regaló esta jornada fue la de Máximo Kirchner queriendo ir a la casa de su madre mientras era cagado a palazos y bardeado por la policía. Está mal, pero no tan mal.

Finalmente, para calmar las aguas, a última hora del sábado salió Cristina, se paró en el techo de una camioneta y soñando con su 17 de Octubre se dirigió a las masas pidiéndole que bajen un cambio. La devaluación también llego a las «jornadas históricas».

El que estuvo tranquilo con sus declaraciones fue el ministro de Seguridad porteño, Marcelo D’Alessandro, que sostuvo: «No me va a temblar el pulso para usar la fuerza pública y recuperar la paz social», porque todos sabemos que no hay nada que pacifique más a un pueblo que ser cagados a palos. Habría que pasarle unos videos del 2001.

Todo este caldo de cultivo virulento cocinado a fuego lento por nuestra dirigencia política y fertilizado por los grandes multimedios partidarios dio como resultado lo que iba a pasar tarde o temprano: un muñeco le puso un fierro en la cabeza a la vicepresidenta y gatilló dos veces pero la bala no salió.

Ahora se viene la catarata de suspicacias «Made in Argentina», desde que es un loquito suelto influenciado por los medios, pasando por un auto atentado para desviar la mirada mientras hacen un ajuste económico antes de las elecciones hasta una conspiración intergaláctica comandada por militantes del PRO que viven en Andrómeda. Todo es viable en el mejor país del mundo.

Justamente, aprovechando el río revuelto, Sergio Massa arrancó con los ajustes para acomodar la economía y se metió con los sectores más jodidos. Los que se llevan toda la guita del país y nos cagan la vida como, por ejemplo, pagarle a los prestadores de servicios a discapacitados. Está bien, comenzaron por los sectores que menos votan.

Por su parte, el viceministro de Economía, Gabriel Rubinstein, descartó «una devaluación inminente» y atribuyó el «rumor» a una operación. Es decir, va a haber devaluación esta semana.

Por último, quien es un tipo con ideas innovadoras es el diputado García Moritán, también conocido como «el marido de Pampita» que, para evitar que los piqueteros sigan cortando la Avenida 9 de Julio, propuso que tiren abajo el Ministerio de Acción Social. La próxima medida seria trasladar la Casa Rosada y todos los ministerios al medio de la Patagonia para que los piqueteros se vayan a quejar bien lejos de sus restaurantes.

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