A un mes de su debut en la NBA, analizamos el juego de Facundo Campazzo en la liga más poderosa de básquet del mundo.

Desde aquel partido ante Sacramento Kings con triple y derrota, el andar de Facundo Campazzo en unos irregulares Denver Nuggets se fue estabilizando para, por fin, tener un primer pantallazo de lo que fue, es y será, al menos en el corto plazo, su papel en el equipo.

En 16 partidos jugados, el base quedó afuera en una ocasión. El resto de los encuentros, al menos en un comienzo, tuvo altibajos dentro del andar de un equipo que parecía no encontrar el rumbo. Las buenas performances del cordobés en los dos juegos ante Minnesota (uno de las franquicias más «flojas» hasta ahora), con muchos minutos, puntos y parte de la formación de cierre, nos ilusionaron con más presencia dentro del campo, pero el entrenador Michael Malone nos bajó rápidamente de un hondazo cuando, al día siguiente, lo sentó en el banco todo el juego con el pretexto de que Dallas era un equipo muy alto. Desde entonces, nos estamos acostumbrando a verlo un buen rato en el segundo cuarto y, si el partido lo requiere, alguito más en el último periodo. No mucho más.

La baja estatura de Facu parece ser, a priori, el principal escollo en su primera aventura en la NBA. Algo que nunca fue problema para él, hoy se desnuda en defensa en la poca posibilidad de cambiar de marca contra los jugadores más altos, o cuando algún rival de su posición intenta aprovechar la diferencia y se va directamente al poste bajo para jugarle uno contra uno.

También se vislumbra en el ataque a la hora de penetrar. Una de sus máximas virtudes es hacerlo y lograr réditos sin importar quién tiene enfrente, pero salvo algunas excepciones (con golazos incluidos), todavía se lo ve tímido cuando se acerca a los gigantes de la liga y prefiere pasar el balón rápidamente o lanzar a media distancia con poca efectividad.

Esa confianza uno se la va ganando, en sí mismo y con sus compañeros y entrenador. Y Facu lo logra, pero aún falta tal vez ser más irreverente, más insolente en un juego que pide eso, que pide show, descontrol y espectáculo constante. La NBA no parece ser el lugar indicado para ser políticamente correcto y Campazzo aún lo es, aunque, lógico, hay que pagar derecho de piso.

Y ese mismo derecho se vislumbra a la hora de subir el balón. Reiteradas ocasiones por partido se lo ve pidiendo la pelota para llevarla al otro campo y las respuestas son negativas. Y Facu se ofusca, cada partido que pasa un poco más, se nota, se percibe en las imágenes, y cada encuentro que sucede la pide más y la entrega menos si se la solicita otro para subirla. Un equipo en el que todos quieren (y la mayoría puede) subir el balón, con un pívot como Nikola Jokic que termina siendo el mejor pasador posible y con poca centralización en las manos de un solo jugador (a diferencia, como para ejemplificar, de los Mavs de Luka Donkic o los viejos Rockets de James Harden), la máxima virtud de Campazzo parece no tener lugar para salir a la luz.

Es que lo mejor que tiene nuestro «siete bravo» es el control del partido: cuando él lleva la pelota, cuando él está a gusto con su juego y se siente dueño de la situación, es muy difícil superarlo. Las pocas veces que tuvo el balón en su poder para armar juego, las decisiones fueron generalmente positivas, con buenas asistencias, alguna penetración y llevando las riendas de un equipo sólido. Pero, por ahora, no parece ser lo que el entrenador y el equipo necesitan.

Entonces, ¿qué necesitan de Facundo?

En este mes de NBA parece que lo que más desea el coach Malone es buena defensa y estar dispuesto a convertir tiros de tres puntos. Y el argentino en eso respondió, son justamente los dos rubros en los que más se destacó. Un correcto 40% de efectividad en triples (algo que no es su especialidad) lo pone siempre al acecho cuando lo vemos expectante paradito ahí en la esquina, el lugar que pisa con más frecuencia. El base entiende que eso le piden y entrena todos los días para mejorar su tiro. Lo que sí es su especialidad es la defensa, y lo demuestra. Salvo algunos casos puntuales como el primer partido contra Phoenix Suns en el que sufrió a Chris Paul (aunque en el último cotejo entre ambos lo logró controlar), Facu exige, molesta, persigue, empuja y también roba balones.

Desde nuestros corazones argentinos y basquetboleros queremos lo mejor para Facu. Por eso las redes explotan y cargan contra el coach por no ponerlo o contra sus compañeros por no pasarle la pelota. Esta visión no es tan errada: nuestra joya promedia 10 minutos de 48 posibles y realmente muchas veces parece que no recibe la pelota tanto como podría. Pero hay dos cuestiones muy ciertas: no juega tanto porque para el entrenador es el número 10 en la lista del equipo, por lo que casi siempre tendrá nueve jugadores que jueguen más tiempo que él, para eso lo tiene y no se puede hacer nada contra quien decide. Por otro lado, suele participar más que nada en el equipo suplente que da descanso a los titulares y ahí todos, como él, quieren ganarse más minutos y puntos. Pensar individualmente no es digno de un deporte en equipo, podríamos decir, pero vamos, las carreras deportivas de cada uno son personales y, al fin y al cabo, es lo que cuenta. No es tan ilógico ver entonces que tal vez quienes más intenten juego con él sean Murray y Jokic, ambos titulares y estrellas, que no tienen que pelear ningún lugar y solo quieren ganar. El problema es que los tres juntos comparten pocos minutos en cancha.

Podemos ver fantasmas donde no los hay, podemos encontrarle un nuevo compañero enemigo (como Tony Parker para Manu Ginóbili, ahora parece ser Monte Morris, que la está rompiendo y es por quien jugaría más minutos Campazzo), podemos patalear injusticias. Pero nada sería cierto. Lo real y concreto es que Facu está dando sus primeros pasos en la NBA, es el décimo jugador en importancia para el coach y su máxima característica ofensiva no es la que se le requiere. ¿Error tal vez entonces haber venido a este equipo? Es muy pronto para sacar conclusiones, el camino se hace andando y queda mucho por recorrer.

Mientras tanto, lo seguiremos viendo jugar para darles descanso a los titulares, salvo en los partidos que logre una buena racha de triples o una suma de grandes acciones ofensivas tanto como defensivas. Por parte de él, lo ideal parece ser afianzarse como un gran defensor, seguir tirando correctamente de tres puntos y, de a poco, ganarse cada vez más tiempo con el balón en su poder. Eso lo hará lucirse más y, por ende, tener más minutos. Un poco más de desobediencia también podría ser necesaria, desfachatez en un tipo que es desfachatado por naturaleza. Todo está abierto para que haga su carrera en la máxima categoría del básquetbol mundial. Veremos hasta dónde llega.