Este viernes charlamos en el Noticero con Ángeles De la Peña, quien integra la organización Sin Azul no hay Verde, además de coordinar el proyecto para avanzar con la prohibición de la Ley de Cría de Salmones, y evitar la salmonicultura intensiva que afecta diversas industrias en Tierra del Fuego.

En diálogo con la activista, revela que «se trata de la primera ley en Argentina que prohíbe la cría intensiva de salmones en las aguas de Tierra del Fuego, es una ley provincial, y lo que trata de evitar es la destrucción del ecosistema marino en la provincia. Esta es una industria que está instalada en otros lugares del mundo. El ejemplo más cercano que tenemos es el de Chile pero también se encuentra en Estados Unidos, Canadá, Nueva Zelanda y Escocia y todos los países están tratando de limitar la industria o correrla de alguna forma su país y, nosotros que todavía no la tenemos, fuimos los primeros en anticiparnos y proteger el territorio de antemano. Es una industria que, si bien se puso de moda y tiene llegada por el consumo de salmón, es 100% nociva y destructiva, no aporta puestos de trabajo y no genera divisas que la provincia pudiera apropiar o beneficiarse de esto. Tierra del Fuego tomó la decisión de proteger el ecosistema no solo desde el punto de vista de conservación sino del económico, porque vive del turismo, Ushuaia vive del turismo. Entonces, si tuviésemos un Canal de Beagle contaminado o, incluso Península Mitre (la punta más extrema de la Isla Grande), todo visto lleno de jaulas con producción de salmones, imaginate lo que hubiera hecho a la actividad del turismo que hoy emplea a más de 17.000 personas en la provincia».

Asimismo, De la Peña manifiesta que «otros países del mundo, lamentablemente, están en otra situación. La industria está instalada, lo que genera la salmonicultura, como es el caso de Chile, al destruir la pesca artesanal -porque se empiezan a perder especies nativas gracias a esto-, mucha gente que pescaba se empieza a volcar a la salmonicultura como única fuente de trabajo porque no le queda otra. Entonces, la situación termina siendo mucho más compleja. Uno tiene que empezar a analizar cómo desarmar una industria que emplea otras personas, cómo volcarlas a empleos de calidad, cómo hacer esa transición hacia otros modelos de desarrollo. Por suerte, nosotros estábamos en otra situación y por eso también lo pudimos hacer». De todas maneras, «no deja de ser esperanzador o un punto de partida para otros lugares en el mundo que quieran hacer lo mismo».

Finalmente, la coordinadora aclara que «esta ley prohíbe la salmonicultura en aguas marítimas y latitudes de la provincia. Pero esta es solo un tipo de acuicultura, nada más se prohibió algo que se sabe que es contaminante, pero se fomenta el resto de los tipos de acuicultura, sobre todo con especies nativas, para promover el desarrollo, la pesca deportiva y gastronomía, que no es lo mismo», a la vez que detalla que «el salmón es una especie introducida, no es del Hemisferio Sur sino del Norte, hubiésemos tenido que importarlo y es un predador tope» y «en un ecosistema no preparado para recibirlos genera un desequilibrio gigante, genera también la eliminación de peces nativos».

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