Australia fue, una vez más, la sede del primer Grand Prix (GP) del año, una carrera rodeada de expectativas e incertidumbres propias de un cambio de regulación.
La qualy, al igual que las prácticas 1 y 2, tuvo varios abandonos y dejó en claro quiénes serán los «amos y señores» de esta nueva etapa de la máxima categoría de Fórmula Uno. Del mismo modo, reveló quiénes la van a pasar peor. George Russell y Kimi Antonelli fueron, por muchísima diferencia, los más rápidos, consiguiendo el primer y segundo lugar de largada a bordo de Mercedes, que parece ser el auto más veloz de la parrilla.
En cuanto a los demás equipos, hay un mundo entre los primeros cuatro: Mercedes, Red Bull, Ferrari y McLaren, con respecto al resto. Y, aunque pareciera que los de Maranello son los que más se acercan a los alemanes, el orden entre los equipos de arriba aún no está del todo claro.
Audi sorprendió con su ritmo y fiabilidad. Alpine, en cambio, decepcionó. El jefe de equipo, Flavio Briatore, había prometido a los fanáticos el quinto auto más rápido, ni más ni menos. Sin embargo, el desempeño del A526 es apenas mejor que el del A525. Cadillac festejó haber terminado la carrera sin problemas, Williams sobrevive con exceso de peso y Aston Martin lucha por no matar a sus pilotos. El auto diseñado por Adrian Newey es, hasta ahora, un completo fracaso. El motor Honda es lento y carece de durabilidad y, aún más grave, un error garrafal en el diseño del chasis provoca vibraciones tan fuertes que amenazan con el sistema nervioso de Lance Stroll y Fernando Alonso.
La carrera fue un espectáculo, eso seguro. Pero los fanáticos más interiorizados en el deporte criticaron la razón por la que se produjeron la mayoría de los adelantamientos. Incluso, la Fórmula Uno tuvo que ocultar muchísimos comentarios en redes sociales que cuestionaban el nuevo reglamento.
La largada fue la hecatombe que se esperaba. Russell reaccionó tarde e, incluso, peor lo hizo Antonelli. Isack Hadjar, que sorprendió colocándose tercero, largó muy bien, pero quedó mal posicionado cuando, endemoniado, el flamante Ferrari de Charles Leclerc, con su sistema para combatir el turbo lag en las largadas, se adueñó de la tercera posición, luego de la segunda y finalmente de la primera.
A partir de allí, la carrera se convirtió en una batalla mortal de ida y vuelta entre el monegasco y el inglés, que intercambiaron la punta más de ocho veces. Aquí aparece el patrón criticado por los aficionados. La batalla entre estos dos pilotos fue completamente artificial. No se superaban por ser uno mejor o más rápido que el otro sino por un factor inherente a estos nuevos autos: la gestión de batería.
Para completar un adelantamiento se debe gastar gran parte de la batería, quedando completamente expuesto e inhabilitado para defender la posición. Una vez perdida, esa posición puede recuperarse de la misma forma, creando un bucle de adelantamientos definidos por el mapa de despliegue de energía eléctrica que, si bien es vistoso, no demuestra necesariamente la habilidad de los pilotos.
Luego de varios autos de seguridad virtuales, con sus correspondientes paradas en boxes, la lucha por la punta se estabilizó. Russell consiguió el aire limpio que necesitaba para gestionar la batería y así desplegar su ritmo completo, arrollando al resto de la grilla.
El espectáculo entonces se trasladó a Max Verstappen, que debió remontar desde el último puesto tras estrellarse en la Q1. El neerlandés cortó el midfield como si de manteca se tratara, hasta alcanzar a Lando Norris, a quien no pudo superar por la quinta posición.
Duro comienzo para Colapinto
El argentino clasificó 14° con un auto que deja muchísimo que desear. Su carrera se vio comprometida por un burdo error del equipo que, al haber tocado el auto cuando ya no se podía, le valió a Franco Colapinto una de las sanciones más duras de la Fórmula 1: el stop and go, que lo dejó fuera de competencia.
Aún así, es imposible no destacar la gran maniobra evasiva del 43 en la largada, que fue enaltecida por varios pilotos.
Pierre Gasly dejó la vida para sumar un punto en la primera carrera del año.
La nueva era
Es imposible determinar si la nueva F1 será siempre así. ¿Es el espectáculo más valioso que la demostración de la habilidad de quienes conducen? ¿Se trata realmente de espectáculo si los adelantamientos se producen de manera tan predecible? Son algunas de las dudas y debates que surgen de la primera carrera del año.
Por otro lado, pareciera asomarse otra época de dominio de Mercedes y muchos se preguntan si Antonelli y Russell estará a la altura de lo que supieron ser Lewis Hamilton y Nico Rosberg.
Las respuestas las tiene el tiempo. La semana que viene la máxima categoría visita China y muchos buscarán seguir aprendiendo y mejorando.