Cubrimos la novena edición del Festival Internacional de Cine Independiente de Cosquín (FICIC) y la experiencia comprende mucho más que solo lo que sucede en las pantallas. La esencia de un festival que se denomina a sí mismo como “amoroso” se construye también en la periferia de lo puramente cinematográfico.

Tomo como punto de partida una frase enunciada por el director artístico del festival, “Don Roger Koza”, como fue presentado en la conferencia de prensa: “Las películas pueden ser articuladas en relación a este concepto de vínculo con el espacio y la identidad”, y me resulta inevitable trasladar la idea al festival mismo y desarrollar un poco cómo su vínculo con el espacio moldea su identidad.

Se da en la ciudad de Cosquín en la provincia de Córdoba, a pocas cuadras del río y al pie de las Sierras Chicas. Comenzó el día 2 de mayo aunque estuviera programado para el 1°, ya que tuvo que retrasar su proyección de apertura por el contexto del paro general. Una de sus características es que, por su corta extensión y sus pocos espacios, la programación es bastante acotada y no cuenta con varias pasadas de las películas (salvo alguna excepción que mencionaré más adelante), y para citar nuevamente al director artístico, “detrás de eso hay mucha conciencia de lo que se pone”.

Apenas llegamos, el festival nos recibió con un locro que se hace en el jardín de la casa de una persona del equipo de producción. El jardín estallaba de gente cálida y otros con las caras manchadas color naranja locro que indicaban que todos estaban a gusto. Este gesto que parece no tener relevancia en cuanto a la noticia, personalmente creo que marcó desde el comienzo una cercanía que se reproduce a todos los focos de desarrollo del evento.

Cada función contaba con la presencia del director artístico, que no es solo un crítico o un programador, sino que es un pensador y apreciador del cine, y en sus introducciones entregaba una pequeña guía para llevar más allá la mirada, y escucharlo era siempre un placer. Además, en algunas ocasiones la proyección estaba acompañada también de los realizadores y/o protagonistas de las producciones y los públicos tenían un intercambio mucho más cercano en la que compartían espacios de igual a igual y, mientras en una ocasión cumplían el rol de realizador-espectador, quizás al rato en otra función eran ambos espectadores.

Hay una realidad que es la necesidad urgente de una décima edición con más apoyo, en la conferencia se dijo que el FICIC es un festival débil, que se impulsa a pulmón por el tiempo y el trabajo que donan las personas que conforman su equipo, pero es fundamental un sostén que esté a la altura de un crecimiento que demanda la propia gente que hacía filas afuera de cada sala y que, por más esfuerzo que hicieran los héroes (que en más de una ocasión lograron que entráramos todos), a veces quedaban afuera. Por otra parte, llevó hasta la adición de más proyecciones de una película que convocó muchísimas ganas de ser vista y en un nuevo esfuerzo de los héroes, se logró una alternativa que tampoco alcanzó.

Trasnoches de superacción con películas sorpresa, entrevistas entre meriendas y gradas colmadas en el Centro Municipal de Congresos y Convenciones para ver en pantalla gigante las películas de apertura y cierre, en el medio, cortometrajes del mundo y otros de las escuelas de cine, largos y proyecciones especiales en 16 mm. y mucho amor al cine.

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