Pasó un año de la explosión en el puerto de Beirut, la capital de el Líbano. Un cimbronazo que derramó sangre y que pegó fuerte en el corazón del país de los cedros. No hay ningún culpable hasta el momento por esa desgracia que dejó un saldo de más de 200 muertes y más de 300 mil desplazados de sus hogares en pleno centro de la capital. Pero la explosión no solo dejó esta marca para toda la vida sino que también hizo salir a la luz la verdadera crisis que atraviesa la nación.

A poco de haberse cumplido un año desde dicha explosión, tenemos que hablar de una nueva tragedia para este país tan golpeado en este último tiempo. Ocurrió otra al norte del territorio libanés, en la región de Akkar. A la crisis económica y política que vive el Líbano tenemos que sumarle la crisis energética y de combustibles, algo que creímos ver solamente en la Venezuela de Nicolás Maduro pero que en el ultimo año observamos en todo el Líbano.

Esta desesperación por el combustible desató una nueva tragedia, esta vez con un camión cisterna que sus dueños ocultaban y que especulaban con el precio por la falta en todo el país. Cabe mencionar que el ejército está confiscando el combustible a aquellos que lo esconden o hacen negocios con la desesperación de la gente.

Esta misma desesperación provocó una tragedia en Akkar, cuando conductores esperaban que el dueño del camión les brindara un poco de combustible a sus autos. Al parecer, en un confuso episodio, hombres armados comenzaron una balacera cercana y esto habría provocado la explosión del camión cisterna, lo que provocó 28 muertos y decenas de heridos.

Pero esta tragedia no es la única, los heridos graves no pudieron ser trasladados a hospitales debido a la crisis energética y que pone de rodillas al sistema de salud, por lo que fueron llevados a países cercanos para ser tratados.

Se vive una grave crisis con el combustible y las imágenes de filas interminables se observan en los medios libaneses para buscar unos pocos litros. La imagen desoladora del centro de Beirut corresponde a que nadie puede utilizar su transporte y las calles se encuentran vacías. El ejército custodia las estaciones de servicio mientras se espera que el gobierno pueda tomar alguna medida en relación a la situación luego de haber suspendido el subsidio a la importación de combustibles. El Presidente solicitó al Parlamento libanés una medida urgente para paliar esta crisis.

El viernes 13 de agosto no es solo un número de mala suerte para supersticiosos, para el Líbano fue un día fatídico, el corte total de energía en el territorio encendió las alarmas de la crisis que atraviesa y que sigue azotando a su pueblo. Las escasas políticas públicas, la corrupción de su clase política durante años y un sistema religioso quebrado llevaron a la ruina al país que poca luz de esperanza ve al final del túnel.

Crisis total

No hay medicinas, hay escasez de alimentos, falta casi total de pan, no hay combustible, no hay energía eléctrica, hay un corralito, hay éxodo de jóvenes y una pobreza extrema que se acrecienta con el paso de los días. Este es el panorama actual del Líbano, que vive días de incertidumbre y de desesperanza constante.

Los principales hospitales del país solicitaron la Emergencia de Salud debido a que la energía eléctrica escasea para los próximos días e, incluso, en las próximas horas. Podrían perder la vida más de 15 niños, más de 40 adultos conectados a respiradores y aproximadamente 180 personas que se realizan hemodiálisis si no se hace nada en las próximas 24 a 48 horas.

La crisis sanitaria se suma a la económica, que se desmorona a grandes pasos una moneda, la libra libanesa, que en décadas fue un ejemplo de estabilidad pero que sin políticas a largo plazo y con la suma de la corrupción llevaron a que hoy su moneda, en menos de un año, se devaluara más de 90%. No hay medidas económicas concretas y ningún organismo internacional está dispuesto a prestarles dinero sin ver medidas para revertir la situación.

Negocios vacíos, bloqueos, violencia en las calles e incendios por las olas de calor, hospitales a punto de reventar y una crisis social inesperada en este Líbano de la era moderna. Un sistema político que, al parecer, fracasó y la dirigencia religiosa no puede ocultarse, ligada a los conflictos regionales y al grupo armado de Hezbollah, que también tiene su grado de responsabilidad en esta decadencia.

Finalmente, será cuestión de observar qué es capaz de realizar esta clase política, si logran llevar adelante políticas públicas para que la población pueda creer y que tengan la capacidad de dar vuelta esta historia. El Líbano se encuentra en agonía y necesita comenzar a respirar, sus dirigentes tienen en sus manos la posibilidad de construir o destruir. ¿Serán capaces? El pueblo no puede esperar demasiado y la crisis social se acrecienta día a día.

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