«Hamnet»: arte para subrayar

Tras la placa del título de la película Chloé Zhao, decide hacer una aclaración sobre las denominaciones intercambiables de Hamnet y Hamlet en los registros de Statford en Inglaterra de fines de Siglo XVI y principios del XVII.

Esta búsqueda de evitar una confusión en el espectador antes de presentar el relato se contradice en cómo se evita mencionar a William Shakespeare casi hasta el final de la película. La alfombra que se desenrolla es la de una atracción casi instantánea entre dos jóvenes: Agnes (Jessie Buckley) y Will (Paul Mescal), no pasa mucho tiempo hasta que se casan y tienen tres hijos, dos de ellos gemelos (Hamnet y Judith). Después del primer embarazo, ella advierte que su hombre está atormentado por las limitaciones de vivir en un pequeño pueblo que le impide estirar las piernas de su arte como dramaturgo. La posibilidad de un viaje a Londres para asentarse durante un periodo durante el año, resulta una salida posible para sostener el matrimonio y la familia.

Como la vida no es una línea recta, el trazo que marca la unión entre Agnes y Will se tuerce, porque la familia pasa a un verdadero segundo plano para él. El nacimiento de Hamnet y Judith genera un vínculo irrompible entre ambos, que no excluye a su madre, porque su hija «nació muerta». Tal angustia de segundos que duró la presunción de un nacimiento sin vida transforma a Agnes, ya que ella es un peldaño más dentro de la historia de las mujeres en su familia, todas unidas por la brujería ancestral y un deber de estirar ese mandato hacía el futuro. Es decir, la unión entre ellas es todavía más fuerte.

Mientras Will crece con su vida londinense, en el hogar se suscita la tragedia, una de un daño fatal. Desde aquí, Zhao (y es de estimarse que Maggie O’Farrell, coguionista de su propia novela) apela a conmover con la seguridad lacrimógena universal de una pérdida irreparable, sin escatimar en una representación entrañal a gritos pelados dentro de planos muy cortos y a una mínima inestabilidad en la cámara. Si Jessie Buckley recurre nuevamente a su intensidad potente, Paul Mescal no alcanza esa nota baja y, cuando parece hacerlo, bordea el ridículo, como en la escena de una borrachera nocturna dentro de su crisis existencial.

Para el final llega lo más destacable, la idea del teatro (y el arte en general) como ungüento para el alma frente a lo irremediable del lado oscuro de la vida. Sin embargo, los subrayados de la puesta de cámara y la música abyecta para hincar en la fibra del llanto, reducen la cualidad conceptual de la historia. «Hamnet» (no «Hamlet») va derechita por ese camino en el que se nublan las películas para casi desaparecer luego de superar la temporada de premios, allí la esperan «Bestias del sur salvaje», «Green Book» y muchas más.

«Hamnet» estuvo dirigida por Chloé Zhao y contó con las actuaciones de Jessie Buckley, Paul Mescal, Joe Alwyn, Emily Watson, Jacobi Jupe, Olivia Lynes y Noah Jupe.