El Club Atlético Independiente denunció ante la Justicia tres casos de grooming que involucran a jugadores de las divisiones inferiores, en un hecho que volvió a encender las alarmas dentro del deporte y reabrió el debate sobre la seguridad digital de los adolescentes que forman parte de los clubes.
Según informó la institución de Avellaneda mediante un comunicado oficial, todo comenzó cuando el padre de uno de los juveniles alertó a entrenadores y autoridades por una situación sospechosa que atravesaba su hijo a través de plataformas digitales. A partir de esa primera denuncia, el club activó protocolos internos junto a profesionales especializados y detectó otros dos casos similares dentro de las inferiores. La causa quedó radicada en la Fiscalía N°2 de Avellaneda.
«Ante la detección de posibles hechos de grooming que afectarían a jugadores de nuestras divisiones juveniles, el Club realizó inmediatamente la denuncia correspondiente y puso a disposición de las familias afectadas todas las herramientas institucionales necesarias», expresaron desde Independiente en parte del comunicado difundido este domingo.
Aunque el caso generó un fuerte impacto por tratarse de uno de los clubes más importantes del país, no es la primera vez que el fútbol argentino queda atravesado por situaciones vinculadas a violencia digital y captación de menores mediante redes sociales.
Con el crecimiento de Instagram, TikTok y plataformas de mensajería, cada vez más chicos vinculados al deporte quedan expuestos públicamente desde edades tempranas. Suben entrenamientos, fotos, viajes o información personal muchas veces sin dimensionar los riesgos que existen detrás de esa exposición.
Especialistas en ciberdelitos explican que el grooming suele comenzar con estrategias de confianza. En muchos casos, los agresores utilizan perfiles falsos haciéndose pasar por representantes, scoutings, periodistas deportivos o personas vinculadas al ambiente futbolístico para acercarse a las víctimas. A partir de ahí, construyen vínculos emocionales, obtienen información personal y pueden derivar en situaciones de manipulación, amenazas o abuso.
Dentro del ambiente futbolístico, el riesgo aumenta por el sueño constante de llegar a Primera División. Muchos adolescentes responden mensajes de desconocidos creyendo que pueden tratarse de oportunidades deportivas. Esa necesidad de visibilidad y crecimiento en redes se convirtió en una nueva puerta de acceso para este tipo de delitos digitales.
El caso también volvió a poner el foco sobre cómo actúan los clubes cuando aparece una denuncia. Generalmente, el primer paso surge a partir de una alerta familiar o de entrenadores que detectan cambios de conducta en los chicos. Luego intervienen equipos psicológicos, áreas legales y especialistas informáticos que trabajan para preservar conversaciones, capturas y pruebas digitales antes de realizar la presentación judicial correspondiente.
Mientras avanza la investigación para identificar a los responsables, el episodio volvió a abrir interrogantes sobre la preparación de los clubes y las familias frente a este tipo de situaciones. En una época donde las redes sociales forman parte de la vida cotidiana de los adolescentes, muchos de los conflictos y peligros ya no ocurren dentro del campo de juego sino en entornos digitales que pueden resultar igual de vulnerables.