Daiana Falfán, jugadora de la selección Sub-20 de futbol femenino y de UAI Urquiza, habló en exclusiva con Punto Aparte y nos comentó cómo está llevando la cuarentena, además de contarnos su experiencia tras haber participado en el Torneo Sudamericano.

¿Qué se siente representar al país?

“Fue muy lindo, fuimos bastante preparadas, no se nos dio. Con la mayoría de las chicas nos conocemos hace bastante y somos un grupo muy unido. Lo que nos llevó adelante era la unión que teníamos. Vestir la camiseta de la selección es un orgullo. Es algo inexplicable, hay que pasarlo por el cuerpo.”

Actualmente se encuentra en la localidad de Hurlingham, ubicado en la Zona Oeste de la provincia de Buenos Aires, y convive con sus padres y dos hermanas menores.

Daiana aprovecha esta cuarentena para pasar tiempo con su familia, ver series y seguir sus estudios para Contadora Pública a distancia. Sin embargo, sigue entrenándose vía Zoom y, gracias a la gestión con DP&S Pensando en el Deportista, dialogamos en forma exclusiva sobre su vida y la carrera deportiva.

“Prendemos las cámaras y con anterioridad el preparador físico nos pasa la rutina, igualmente nos va guiando con los ejercicios y mide los segundos mientras nos va diciendo cuándo parar y cuando arrancar», revela la jugadora.

¿Qué extrañas de los entrenamientos y de los partidos?

“Se extraña a las compañeras, al cuerpo técnico, más que nada correr en el campo y tocar la pelota, porque hace rato no lo hago, ya que hay algunas como yo que no tenemos espacio en la casa y eso es complicado.”

La futbolista de 19 años ya se hace notar en la cancha, pero nunca pierde la humildad cuando se la describe como “la joya de la selección” o se la distingue por su forma diferente de juego, a lo que responde: “Me pone contenta que se refieran así conmigo, la verdad lo que hago es solo jugar. Mi juego no es tan igual que el resto porque soy una jugadora lenta, a mí me gusta mucho Juan Roman Riquelme”.

El ídolo de Boca es su inspiración. Por otro lado, declaró no tener una referente en lo que respecta al futbol femenino, pero si tuviera que elegir opta por Florencia Bonsegundo, con quien compartió algunos entrenamientos en UAI Urquiza, pero luego “Bonse” emigró al Valencia y dejó a Daiana con las ganas de haber jugado oficialmente con ella dentro de un campo de juego.

Falfán juega al futbol desde que estaba en el vientre de su madre, literalmente. Esto se debe a que esta y sus tías tenían su propio equipo en el barrio. “Mi mamá jugó hasta los 6 meses de embarazo”, admitió. Además, la mediocampista de la UAI proviene de una familia muy arraigada al futbol, que la apoyó desde el primer momento en que empezó a patear la pelota a los 7 años, pero ella no sabía de la existencia del futbol femenino cuando arrancó. “Cuando empecé a conocer el futbol femenino en cancha de 11, no tenía idea de cómo pararme en una cancha porque solo había jugado en futsal y en el barrio. Mi primer club la verdad me ayudo un montón a crecer”.

Ser parte del mundo del futbol femenino conlleva mucho sacrificio. Daiana anhelaba la profesionalización por todo el esfuerzo que se viene haciendo hace años y le da mucha dedicación desde que era amateur. “No lo tomaría como profesional sino como semiprofesional, porque hay jugadoras que trabajan y estudian. En mi caso me levanto a las 5 am para estar a las 8 de la mañana en Capital y en ese transcurso me tomo un colectivo, un tren y dos subtes para llegar. A las 15:30 horas entrenamos y terminamos a las 18, a casa llego a las 21. Estoy todo el día afuera”.

Por último, la jugadora de UAI Urquiza comparte un mensaje para las que sueñen con ser futbolistas: “Que entrenen y que se esfuercen, que todo sacrificio tiene su recompensa y que por más que caigas una vez que te levantes sigas intentando”.

Artículo elaborado especialmente para puntocero por Lorena Barrozo.