La carrera más dura del año es un faro de luz que pasa desapercibido en lo que respecta a la inclusión de las mujeres en el automovilismo.
La lucha por la inclusión femenina en el automovilismo no se da solo contra prejuicios deportivos sino, también, contra aquellos propios de la cultura automotriz. La idea de la mecánica como algo sucio, impropio de una figura femenina, las limitaciones económicas y los miles de estereotipos que condicionan el accionar de las mujeres en las calles son solo algunos de los factores que limitaron históricamente su participación. Las cosas parecen haber avanzado poco desde 1901, cuando Dorothy Levitt triunfó en las Mil Millas de Hereford, siendo la primera mujer no solo en ganar una carrera sino en hacerlo desde un equipo oficial.
La máxima categoría del automovilismo, la Fórmula Uno, tuvo escasas participaciones femeninas, además de breves. Los intentos por establecer categorías exclusivas fracasaron rotundamente. La W Series, que tuvo a Jamie Chadwick como tricampeona consecutiva, demostró que no sirve «hacer de vidriera» si quienes tienen el poder no están dispuestos a otorgar oportunidades. Justamente, Chadwick nunca recibió una chance en la Fórmula 3.
Sin embargo, toda esta displicencia que rodea la participación femenina en el automovilismo de pista parece no existir en la competencia más importante del rally raid. Hoy suena imposible pensar a una mujer como campeona en las categorías más relevantes de distintas disciplinas (F1, WEC, TC, IndyCar, Fórmula E, entre otras), pero en el Dakar eso ya ocurrió, y más de una vez.
Jutta Kleinschmidt
Nacida en Alemania en 1962, ingeniera, física, piloto, instructora y campeona del último Dakar disputado en su recorrido original. Jutta comenzó su carrera deportiva en el Rally de los Faraones, una competencia similar al Dakar que se realizaba en Egipto, corriendo en la categoría de motos. Al año siguiente utilizó el mismo tipo de vehículo, pero esta vez en la carrera más dura del mundo. También compitió en las 24 Horas de Nürburgring y de Spa.
En 1993 participó por primera vez en la categoría de automóviles como copiloto de Jean-Louis Schlesser, y en 1997 consiguió dos victorias de etapa con este tipo de vehículo. Finalmente, luego de varias participaciones destacadas, Jutta logró algo que aún hoy resulta inimaginable: obtuvo la victoria absoluta del Dakar en 2001. Kleinschmidt se quedó con el último trayecto París-Dakar e hizo historia en el deporte motor. Sin embargo, sus hazañas pasan desapercibidas. Al año siguiente finalizó en el segundo puesto, demostrando que lo suyo no había sido producto de la suerte.
La victoria de Jutta sentó un precedente: Cristina Gutiérrez se impuso en 2024 en la categoría Challenger y hoy la competencia cuenta con más de cinco pilotos mujeres en carrera, un número que puede parecer bajo, pero que resulta significativo si se tiene en cuenta la tónica general del automovilismo.
El Dakar demuestra que la calidad desborda, lo que faltan son las oportunidades. El mérito no está solo en ganar sino en llegar e imponerse a un universo que te subestima.