«La historia la escriben los vencedores pero la vivimos todos». Con esta frase, Fernando Frías de la Parra describe una parte de su voluntad de hacer cine, la de aprovechar la posibilidad que ofrece para mostrar formas diferentes de ver las cosas. Es por eso, que de entre el puñado de películas que narran historias sobre la violencia en Latinoamérica como un espectáculo for export, se destaca por contraposición «Ya no estoy aquí», el segundo largometraje del director mexicano que, además, ya había dirigido «Los Espookys», la primera serie en castellano producida por HBO.

Ulises (Juan Daniel García Treviño) es un joven de Monterrey que pertenece a una pandilla llena de colores y música. Se hacen llamar “Los Terkos” y se aferran a la cumbia, más precisamente a las «Kolombias Regias». Además, se inventaron a sí mismos con una expresión estética por demás llamativa, ornamentada. Los chicos se visten con ropa de talles amplios, patillas, crestas, mucho gel y puntas decoloradas. Las chicas lo hacen con puperas apretadas, shorts cortitos, vinchas y adornos en el pelo. Un día, por cuestiones de vida o muerte (literalmente), Ulises debe migrar hacia Estados Unidos y alejarse de Monterrey. Allí comienza su propia odisea.

Este viaje al que hacemos referencia, para nuestro protagonista no solo significa uno físico que lo conduce errante sino que es la representación exteriorizada de lo que le sucede por dentro. La imposibilidad de conectarse con su nuevo entorno y el dolor del desarraigo. «Es buenísimo cuando las películas se demuestran necesarias después de existir, como necesidades que uno no sabía que lo eran», expresa Pablo Conde, programador del Festival Internacional de Cine de Mar del Plata, donde pudo verse el film previo a su estreno, y añade: «Me parece que la película es una muy buena puesta a pensar de un montón de factores que tienen que ver con la identidad propia y la mirada del otro hacia uno. La identidad más profunda, desde dónde uno se ubica en el mundo, y a partir de ahí cómo se relaciona. Cómo uno se define».

«Ya no estoy aquí» transcurre durante el gobierno de Felipe Calderón en México (2006-2012), caracterizado por su plan de «guerra contra el narcotráfico» que disparó los índices de violencia, dejando a su paso más de 100.000 homicidios y 20.000 desaparecidos, según el Registro Nacional de Datos de Personas Extraviadas o Desaparecidas (RNPED). «Al principio de esta guerra, a los chicos los levantaban en la calle para obligarlos a trabajar con ellos, y al final de esta guerra contra las drogas los chicos mismos querían trabajar con los narcos», detalla Fernando Frías de la Parra. Una de las propias intenciones del director es hacer más asequible un evento de magnitud histórica en un gradiente más íntimo, que en esta película se refleja en la pérdida abrupta de color, de música y de presencia del pueblo joven en las calles. Ulises es una posible historia de este contexto. «Con esta contracultura me encontré mientras investigaba qué pasaba con México y los retratos en el cine que explotaban esta realidad, mientras investigaba esta contracultura la vi desaparecer», expresa el director. «La cumbia regia sigue ahí, pero este movimiento tan colorido, florido, de las pandillas en las calles, en la parte más oscura de la guerra contra las drogas se extinguió porque las calles eran territorio de nadie, nadie se miraba a los ojos entre sí, todos miraban para abajo».

La experiencia, entre kolombias regias, crestas y contracultura, se deduce entre las ganas de entrar a la pantalla a bailar y la empatía por la pérdida forzosa de la identidad.