Como un común resfriado que afecta a todos los habitantes del planeta, el abandono de animales domésticos tampoco conoce fronteras. No hay rincón en el mundo donde no se vea a un perro luchando por sobrevivir en la intemperie. Olvidados en cualquier lugar, vagan confundidos y sin protección miles de perros por las calles de Buenos Aires.
Las razones «morales» del abandono son varias. El puesto número uno lo ocupan aquellos padres que regalan a sus hijos en Navidad juguetes perecederos a cambio de una sonrisa. Después, como suele ocurrir, la novedad se convierte en rutina y el perrito molesta. Otro caso es el de las parejas jóvenes que adoptan a un animalito para hacer más llevadera la convivencia y que, cuando tienen a su primer hijo, el fiel amigo empieza a sobrar. También hay personas que sufren de problemas de cálculo de espacio en el hogar y olvidan que los cachorritos, que un día apenas sobresalían de la palma de la mano crecen y manifiestan sus propias necesidades y, cuando llegan a la adultez, no les entra en las habitaciones. Otra causa muy común es la incapacidad real de no poder hacer frente al gasto que conlleva el mantenimiento de un animal en casa. Cabe destacar, en este sentido, que las necesidades básicas de un can únicamente son cubiertas con controles sanitarios, alimentación y amor. Ellos no necesitan ser cubiertos con infinidad de servicios como vestimenta, última moda en peluquería o en terapia “canina”.

Un animal por cada tres habitantes

Según el Instituto de Zoonosis Luis Pasteur, organismo dependiente de la Secretaría de Salud del gobierno de la ciudad porteña, solo en la capital hay un millón de perros y gatos, es decir, uno por cada tres habitantes. Sin embargo, hay barrios como Lugano o Villa Soldati donde la proporción crece a siete animales por habitante, aunque no todos cuentan con el derecho básico de un techo donde acobijarse y son unos 100 mil animalitos los que vagabundean sin rumbo por las veredas. Asimismo, el gobierno porteño, en este sentido, afirma que el 10% de esa población pertenece a la categoría de animales comunitarios, definida como aquellos que no tienen dueño pero que los vecinos alimentan de vez en cuando. Se trata de un término “comunitarios” para mí, totalmente desconocido e indefinible, ya que los hay que conviven con personas y los que han sido apartados también por personasEl escenario más desagradable lo viven los perros que sobreviven en provincia, donde la densidad de población canina callejera roza los límites de lo sobrenatural.
Según las estadísticas, alrededor del 90% de los animales callejeros fueron abandonados, donde los de mediano y mayor tamaño son los más discriminados por los “seres humanos”. En cuanto a la edad de abandono, el promedio es de dos a tres años y coincide con la etapa de vacaciones veraniegas. Suelen ser abandonados en la misma carretera que toman sus dueños para dirigirse a descansar.

Falta de apoyo institucional

Javier Puelles, miembro de la Sociedad Protectora Sarmiento, le contó a .cero que “los refugios no reciben ningún tipo de ayuda estatal, ni de ningún grupo de veterinarios que nos ofrezcan servicios gratuitos, únicamente contamos con los donativos y el esfuerzo de los voluntarios”. El mismo afirmó que “tenemos 180 canes, y la mayoría necesitan cuidados especiales por tener sus capacidades destruidas, no podemos atender a más animales, porque estamos saturados, y la gente nos colapsa”. Puelles destaca que las personas no están concienciadas de la necesidad de practicar la castración, para al menos paliar futuros abandonos. En este sentido, el Departamento de Sanidad y Protección Animal esteriliza un promedio diario de 30 animales con y sin dueño, un punto muy importante a su favor, pero todavía falta educación y conscienciación en aquellos que los repudian.
Otro ejemplo de lucha por alcanzar una sociedad respetuosa y conciente de sus culpabilidades ante el abandono de animales domésticos, es el que llevan a cabo los 250 voluntarios del El Campito Refugio, organismo no lucrativo que, al igual que la institución Sarmiento, acoge entre sus instalaciones a los más necesitados. El Campito tiene una población que ronda los 750 perros y en él ingresan alrededor de 100 animales al mes aunque, gracias al equipo de adopción con el que cuenta, una cifra similar se van a sus verdaderos hogares. Cabe destacar que ambas instituciones realizan jornadas abiertas en sus instalaciones e incentivan el apadrinamiento.
Artículo elaborado especialmente para puntocero por Lourdes Fajardo Aguado.