Todavía no ha sonado el despertador de los miembros de la administración –los que velan por nuestro bienestar- cuando asoma el sol por el skyline de la gran ciudad. Es primera hora de la mañana y en las estaciones de tren de la provincia de Buenos Aires se vive la historia de todos los días. Cientos de pasajeros cruzan el andén, desesperados, para subir a codazos a los vagones que los habrán de llevar a sus lugares de trabajo en la Capital Federal. No es cuestión de andar vacilando cuando se trata de mantener el sustento familiar. El pan de los hijos. No en vano, los hay quienes no dudan entrar por las ventanas, colándose de cualquier manera.
El caso es colarse, da igual el modo. Entrar en el tren como sea, por poco espacio libre que haya. O ninguno. Y sin lugar, desde luego, para la cortesía de ceder asientos a los ancianos o a las damas. La educación queda para mejores ocasiones. Y así las cosas, repleto hasta los topes de hacinados provincianos, el tren silba y camina a duras penas rumbo a la jungla de asfalto.
Los vagones, viejos y deteriorados, traquetean repletos sobre las vías oxidadas. La higiene brilla por su ausencia. Las puertas de los vagones permanecen abiertas o mal cerradas durante los trayectos. La mala organización, las demoras y, en definitivas cuentas, el deplorable servicio, es moneda corriente. Situaciones que por sí solas constituyen graves riesgos y que, juntas, representan una clamorosa falta de sentido común, especialmente en el tramo matinal que va de las seis a las diez, cuando el servicio está más congestionado.
Ni qué decir sobre los sufridos pasajeros que supuestamente mantienen el Estado con sus impuestos, no han elegido viajar así, como animales. Es evidente que merecen mejores condiciones como usuarios de un servicio de transporte público. Y es también notorio que, más allá de la extrema incomodidad, estamos hablando, sobre todo, de un problema de flagrante inseguridad. Es la administración pública quien tiene la obligación de invertir en estos medios de transporte, una obligación moral todavía más ineludible en el caso del actual Gobierno de la Nación, que continuamente presume en materia de derechos ciudadanos, de poner lo necesario para que los argentinos más humildes vivan lo mejor posible, de tener más sensibilidad social que nadie. Sin embargo, los hechos son los hechos, y son estos los que dan y quitan razones.
Cada mañana, lejos del helicóptero presidencial, la clase obrera se amontona en el tren. No hay inversión para comprar más vagones, lo que haría posible una ocupación más razonable de cada departamento, ni la hay para mejorar las medidas de seguridad con el fin de evitar que muchos usuarios accedan al transporte sin haber pagado el correspondiente billete. Poco importan las numerosas quejas y reclamaciones de los pacientes usuarios. Vista gorda, mirar para otro lado y aquí no ha pasado nada. Y nunca pasa nada. Nunca. Hasta que, inevitablemente, pasa. Hasta que llega la desgracia y, entonces, gafas oscuras y rostro descompuesto, vienen las condolencias y las promesas póstumas. Promesas que, como casi todas, no son cumplidas.

Inversiones insuficientes

Según los datos preliminares que manejan los técnicos del sector, el pasado año fueron transportados 394 millones de pasajeros. En cuanto a la ocupación de las líneas urbanas, la línea Roca es la que más subsidios absorbió en 2012. En total, recibió 1.894 millones de pesos y, según las estimaciones, transportó unos 154 millones de pasajeros. Las de Sarmiento y Mitre transportaron el año anterior un total de 115 millones de pasajeros. Las dos líneas recibieron un subsidio anual de 1.024 millones de pesos. La línea San Martín tuvo un ingreso, en el mismo periodo, por subsidios de $ 629 millones y transportó un total de 48 millones de pasajeros. La línea Belgrano Norte transportó un total de 38 millones de pasajeros y requirió un subsidio anual de $ 401 millones. La línea Urquiza transportó 22 millones de pasajeros y recibió un subsidio de 108 millones de pesos. Por último, la línea Belgrano Sur es la que transportó la menor cantidad de pasajeros: trasportó a 17 millones de pasajeros y cobró $ 545 millones en subsidios.

Artículo elaborado especialmente para puntocero por Lourdes Fajardo Aguado.