La estúpida teoría sobre la muerte de Paul McCartney en un accidente de auto se disolvió inmediatamente cuando el sábado 19 de abril el ex Beatle pisó el escenario del estadio Centenario en Montevideo, Uruguay.
McCartney brilló de principio a fin ante 45 mil personas que lo esperaron impacientes en filas de las calles linderas al estadio. A las 18 abrieron las puertas y los fanáticos empezaron a correr para entregar sus boletos y poder ocupar los mejores asientos. Después de unas largas colas, y pasadas las ocho y media de la noche, Macca se mostró junto a su deslumbrante banda formada por Brian Ray y Rusty Anderson (guitarra), Abe Laboriel (batería) y Paul Wickens (teclado) para rememorar los mejores temas de The Beatles, Wings y sus temas como solista.
Parece que para uno de los pilares de la mejor banda de la historia los años no pasaron (cumple 72), no solo por su vestimenta y físico (un traje negro con camisa blanca y tiradores) sino también porque brindó un show de dos horas y media sin interrupciones. La magia comenzó con “Eight days a week” (escrita por Lennon y McCartney), le siguieron canciones como “Another Day”, “Maybe I´m amazed”, “My Valentine” (video protagonizado por los hollywoodenses Natalie Portman y Johnny Deep, que le dedicó a su esposa Nancy), “Lady madonna”, “Helter Skelter” (por primera vez en vivo), “The long and winding road”, ”Blackbird”, “Lovely Rita”, “I´ve just seen a face”, “Dance tonight” (tema de su disco anterior «Memory almost full») y “New” de su actual álbum. El fab four les dedicó dos temas a sus dos compañeros y hermanos fallecidos George Harrison y John Lennon: “Here today” (escrita para Lennon) y una versión acústica impresionante de “Something” para Harrison. Después de tantas emociones, “All my loving”, “Ob-la-di Ob-la-da”, “One alter 909” y “Queenie Eye” hicieron mover los esqueletos de todo el público.
El escenario no se destacó por su amplitud, pero sí lo hicieron las dos pantallas a los costados que hacían visible a la banda para todo el estadio. El decorado, los fuegos artificiales, las luces y rayos led acompañaron una vez más el tema “Live and let die” y lo destacó como el más eufórico de la noche.
“Voy a intentar hablar un poco español”, dijo el chico de Liverpool al comienzo del recital. Bajo sus pies tenía un machetito que lo ayudaba a recordar las oraciones en castellano. “Ustedes quieren fiesta”, exclamó y comenzó a tocar. Además, “canchereó” cuando se sacó el saco y la platea femenina comenzó a suspirar, así fue que jugó con el público con guiños y poses las dos horas y media sobre el escenario. “Estoy muy contento de verlos otra vez”, expresó Paul antes de tocar “All my loving”.
Dos chicas «suertudas» tuvieron la maravillosa oportunidad de subir al escenario y poner en manos de Paul un marcador indeleble para que les firme la espalda. Una de ellas logró impresionar al ídolo inglés con un tatuaje de Yellow Submarine debajo de su nuca.
Al final, él y sus músicos se retiraron del estadio para volver con las banderas de Uruguay e Inglaterra y flamearlas por el lugar. “Nos tenemos que ir”, comentó McCartney, mientras el público le decía que no, a lo que respondió: “¡Es verdad! Tengo que agradecer a los chicos de sonido, a todos los que brindaron este show, a los de las luces y a mi banda”, para despedirse luego con “Golden Slumbers”.