El cuatro veces campeón del mundo de la Fórmula 1, Max Verstappen, fue víctima de una falla mecánica que le arrebató la victoria en las 24 Horas de Nürburgring a tan solo tres horas del final.
Luego de cuatro meses de preparación, de varias participaciones menores en el circuito y en la categoría, y de regocijarse con la posibilidad de reconectarse con lo esencial del automovilismo, la mala racha de Max Verstappen se extendió también a su participación en las 24 Horas de Nürburgring.
A bordo del Mercedes AMG GT3 de su equipo, Verstappen Racing, el piloto neerlandés «hizo magia» cada vez que estuvo al volante: realizó maniobras valientes y espectaculares, llegó a la primera posición y luego amplió la diferencia con el P2 a más de 30 segundos. Tras dejar sin respuesta a los pilotos especializados y experimentados de la parrilla, Max cedió el vehículo a su compañero, Jules Gounon, quien mantuvo la ventaja durante su stint.
El último tramo de la carrera, a falta de tres horas, quedó en manos de Dani Juncadella, que apenas salió de boxes reportó ruidos y vibraciones extrañas en el auto. Por desgracia, debió reducir la velocidad y entrar al garaje para intentar salvar el vehículo. El piloto español pudo volver a pista, pero el daño era gravísimo: Verstappen Racing finalizó en el 38° puesto.
La mala racha de Max Verstappen sigue extendiéndose. El cuatro veces campeón, decepcionado con la nueva etapa de la Fórmula 1, sin lograr pisar fuerte en el campeonato, víctima de la mala suerte e incluso de sus propios errores, no encuentra consuelo ni siquiera en la NSL, que hasta hace poco le devolvía la alegría.
La semana que viene, Supermax volverá a subirse a su Fórmula 1 en Canadá para seguir dando batalla.