Las biopics se están convirtiendo en norma. Cantantes de todas las épocas, actores, actrices, guionistas, empresarios. Cualquier historia es potencialmente cinematográfica. Pero, ¿hay algo que le interesa más al cine que contarse a sí mismo? Ahí aparece Richard Linklater («Antes del amanecer», «Boyhood», entre muchos otros títulos) con «Nouvelle Vague» (2025) para contar cómo fue la filmación de «Sin aliento» (1960), quizás el largometraje más reconocido de Jean-Luc Godard.
El film abre con uno de los momentos fundacionales de la llamada «nueva ola»: la presentación de «Los 400 golpes» (1959) en Cannes. Así, los nombres no se detendrán: uno a uno, veremos aparecer a los y las popes de este movimiento. Sin embargo, el foco no estará en el grupo de cineastas sino en el que el director parece elegir como su máximo representante: Godard.
El director de «Escuela de rock» elige contar los veintipocos días que dura el rodaje de una película que marcó un hito en la historia del cine. Más allá de lograr un increíble parecido físico, las atrapantes actuaciones de Guillaume Marbeck (Godard), Zoey Deutch (Jean Seberg) y Aubry Dullin (Jean-Paul Belmondo) imaginan lo que ocurrió tras la cámara de las escenas más recordadas.
Marbeck logra interpretar a un Godard tan odiable como querible. El aclamado crítico, el último de Cahiers du Cinéma en dar su paso a la pantalla grande, lleva adelante una forma bastante experimental de filmar. El actor logra darle el aura correspondiente: la del genio incomprendido, cuya película constantemente está a punto de fracasar, ya sea porque su actriz quiere abandonar todo, ya sea porque su productor no entiende los modos.
La fotografía, la recreación de planos, el montaje y también el uso de archivo hacen que logre verse como una película de la época que busca retratar. Esa mística de un mundo irrecuperable hoy en día hace que el homenaje se acreciente: parece querer mostrar un momento donde un cine nacía. Un cine del que claramente Linklater tomó mucho. Y, por eso, más allá de rendir pleitesía al director snob favorito de muchos, cabe preguntarse: ¿qué viene a decirnos hoy «Nouvelle Vague»?
Ese realismo que Godard busca captar es el que Linklater intenta traernos sobre lo que implica hacer cine, por más de autor que sea. En primer lugar, no existe tal cosa como el genio. El tono de comedia que termina generando Godard, sobre todo por sus arranques de divismo, lo baja del pedestal y hace contrapunto con el tema de «Sin aliento». Así, se desacraliza al autor y también a la obra. Quizás (aunque esto es probablemente más un deseo que una realidad) eso ayude a que muchas personas que nunca se acercarían a un largometraje en blanco y negro tengan, al menos, la inquietud de hacerlo.
El título de la película, por su parte, nos trae otra idea: no solo es cine sobre el cine, es sobre el hecho colectivo. Godard no sería quien fue sin su director de fotografía (Raoul Coutard), su productor (Georges de Beauregard) o su asistente (Pierre Rissient). Y tampoco sin sus referentes: el homenaje en el homenaje es la aparición de Robert Bresson durante la filmación de «El carterista» (1959).
La idea de lo colectivo, de la amistad y de las épocas felices son algunos de los grandes temas que Linklater trabaja a lo largo de los años. Y aquí elige retratar de ese modo el comienzo de una revolución del cine.
Hoy, en un momento de superproducciones, de la lenta y paulatina desaparición del cine de presupuesto medio, este largometraje viene a recordarnos que siempre hay una nueva ola por surgir, que no siempre hace falta dinero. Se necesita libertad pero, sobre todo, trabajo en equipo. Cosas que en este mundo híper individualista quizás ya no abunden.
Artículo elaborado para puntocero por Laura Díaz.
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